La palabra clave es impunidad. Ese es el poder. No es hacer lo que se te cante con una persona, es hacerlo sin tener consecuencias.
¿Cuál es tu historia de aborto? ¿Cuál es tu anécdota? ¿Cuál contás? Dejame recomendarte que te animes a sacar el tema. A preguntar amorosamente cuando una charla entre mujeres lo amerita.
Detente hermana, no lo hagas, esta noche no te enojes. ¡Cómo! ¿Qué dices? No hables de feminismo en Nochebuena. ¿Cómo? ¡Qué es esta traición! ¿No enojarnos ahora?
Me he fascinado soberanamente esta semana con el caso de “Sol Pérez y el engaño del evento”.
Hace dos años Vanesa Strauch y yo prendemos la tele en un cuarto de hotel minutos antes de acometernos en la siesta fundamental que precede a cada show cuando nos vamos de gira.
“Al final sos el barrabrava que tanto odiás”, me dice uno en Twitter. Me pregunto ¿cuándo me vio esta persona despotricando contra barras bravas? Yo no hago eso, eso es fácil.
Me encuentro en un cena familiar, todos como guionados comienzan a indignarse porque a Meryl Streep se le ocurrió contar que una vez Dustin Hoffman le tocó el culo.
Es común para una feminista estar discutiendo boludeces con cualquier boludo, mi consejo suele ser “elige tus batallas hermana”, o “elige bien a ese boludo”, pero tengo que ser sincera: mi consejo
En los últimos años, dada la innegable nueva ola feminista, la manipulación neomachista llega niveles de estupidez compleja, quizás nunca antes vistos en la historia de la humanidad.