El domingo pasado miré 23 veces seguidas el penal convertido por Gonzalo Montiel para cerciorarme de que lo había convertido de verdad, de que éramos los campeones del mundo y de que ninguna
Sabrán disculpar, queridos, queridas y querideos codeudores, que, por esta semana, haya interrumpido la serie de columnas tituladas “Por qué ganan los malos”, por esta semana.
Como vengo prenunciando en estas columnas, no me sienta bien el traje de Casandra, aquella heroína troyana que, por haberle negado favores sexuales (que había prometido) al dios Apolo, fue condenad
Carisímos (cada vez más caros) lectóribus, espero que estéis lo más bien, quizás un poco ansiosos (si leen la nota antes de las 16 hora argentina, 22 hora catarí) y, en todo caso, cuestionadores/do
Querides lectores: he de confesarles que las noticias de antepenúltimo momento me han obligado (con mi propia complicidad, eso sí) a cambiar el título de esta nota, y también el contenido.
Carísimos lectores/as/os/ibus: nuevamente debo agradecer los comentarios que recibí, por distintos medios, acerca de mis dos notas anteriores: "¿Por qué ganan los malos?",
Queridérrimis lectóribus: no puedo comenzar esta columna sin agradecer la gran cantidad de comentarios que recibí, en este mismo espacio y en mis redes sociales, por la columna del sábado pasado
Queridísimi codeudori: espero que hoy, 29 de octubre, estéis disfrutando de un delicioso platazo de ñoquis con vuestra salsa predilecta (para mí: fileto y pesto, sin queso de rallar).
…Y allí con tu impiedad me vi morir de pie medí tu vanidad y entonces comprendí mi soledad sin para qué...
Juntáronse los ratonespara librarse del gatoy después de un largo ratode disputas y opinionesdijeron que acertarían