Revisaba mis papeles de hace un tiempo cuando me reencontré con una perplejidad: era 2008, ya habían estallado los cacerolazos en apoyo de la protesta rural por la 125, y me llamaba la atención que
No sé en qué momento de este largo encierro vencí el insomnio y volví a dormir. Es inútil demorarse en explicaciones.
Desde Barcelona
“Bueno, la banda ha dejado de tocar pero seguimos bailando. El mundo sigue girando, el mundo sigue girando…” Tom Waits, The world keeps turning
“No seas apocalíptica”, me repito cada vez que me levanto. Hoy me dispongo a releer un libro que estamos dando en el colegio en el que soy bibliotecaria.
La concepción previa de una sociedad individualista en la que el otro es contagioso o peligroso se materializa.
Los personajes de Asterix sólo temían a que el cielo les cayera sobre las cabezas. Una forma, creo, de terror a lo impalpable: dioses, fenómenos meteorológicos, fatalidades.
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Tal vez, ya presentía que iba a meter las manos sucias en la azucarera. “Todos los presentimientos nacen de la memoria. Por eso no es nada fácil presentir.
Se dice que fue un grupo informal de virólogos quienes utilizan por primera vez el término en español coronavirus.
En el tremendo Año Uno de la Revolución Rusa pasaban cosas como ésta: una mañana de febrero de 1918, un hombre se presentó en la puerta del Soviet de Petrogrado y dijo “Soy Malinovski, el traido
Laura trabajaba en la biblioteca municipal de un pueblo pequeño de sólo 3 mil habitantes donde leer era cosa de muchos.
La distancia es tan habitual que olvidamos su enorme significación en la cultura y en la vida en general, humana y animal. Por decir lo menos.
Esteban está terminando de repasar su primera clase de literatura norteamericana.
Lo conocí en el oscuro locutorio de la cárcel de Caseros, una tarde muy fría del año 81.
Rosario, al día doce del mes de mayo, del año de la pandemia del virus coronado Querida Florence:
La tentación de evocar Garúa mientras circulo sin permiso hacia el confín de los mares donde las tortugas sostienen al mundo besándose con dos elefantes parece irremediable.
Desde París