Desde Barcelona
Agradezco la oportunidad que me han dado para poder tener estos momentos de reflexión sobre la ley que se está debatiendo.
Sra. Gobernadora:
Los historiadores estamos acostumbrados a hablar en pasado, escribimos sobre hechos ocurridos varias décadas atrás.
En Rusia llaman zapoi a una curda homicida que sólo alcanzan aquellos capaces de bajarse una botella de aguardiente cada dos horas durante días y días seguidos.
* Había en La Plata un bar antiguo, con gente decente, lésbica y agradable que supo atraer una fauna interesante.
“Pare de sufrir”, decían en los ´90 los pastores de las nuevas iglesias electrónicas o a pedal que surgían como hongos en enormes locales que antes habían sido cines.
Para mí es un privilegio estar acá, en este momento tan importante de debate en democracia, algo que venimos esperando hace tiempo.
Hay recuerdos de infancia persistentes y otros frágiles.
El 2 de agosto de 1944, alrededor de 3000 mujeres, niños y ancianos gitanos fueron gaseados en la cámara de gas e incinerados en el campo de exterminio de Auschwitz.
En algún lado se sabe, pensó después, pero uno elige no enterarse. Hay algo que empuja a caminar en un sentido sabiendo que después habrá que desandar los pasos.
Se lo advirtieron: si aspiraba a un puesto de categoría debía someterse a una dieta estricta, eliminar quince kilos, sin más vueltas.
No entra: atropella y las puertas se le abren, y entra con paso decidido, y entra con todo el cuerpo pesándole en la dirección elegida y no es que haya terminado de entrar con sus gestos fir
En mi escritorio tengo un par de fotos de mi papá. Una lo muestra abriendo la boca a un tiburón que había pescado en el sur.
El 9 de julio, el día de la Independencia, docentes y parrócos de una escuela de la provincia de Santiago del Estero, hicieron marchar en el desfile militar a una “milicia” de 300 niñas y ni
Basta con observar quiénes son los más permanentes en el diálogo polémico de la política para ver quiénes pintan para candidatos presidenciables en Argentina.
Revisando notas viejas por si llega el momento de editar mis obras completas, descubrí que soy capaz de equivocarme feo.
Estos relatos eran algo más que, como lo declaraba Osvaldo Soriano en su presentación, pantallazos “sobre la infancia”: “Si no recuerdo mal el primero fue sobre un viaje por la Patagonia que evoca
I.