PLáSTICA › F. MURO, GRILO, PUCCIARELLI Y SAKAI EN EL FNA

Cuatro pintores diaspóricos

El Fondo de las Artes presenta la obra de cuatro grandes pintores que brillaron en la primera mitad de la década del sesenta. “Agotado” el circuito local, vino la diáspora.

 Por Fabián Lebenglik

En el Fondo Nacional de las Artes se presenta la exhibición Fernández Muro, Grilo, Pucciarelli, Sakai-Los que no volvieron: abstracción, color y desarraigo. La muestra, con curaduría e investigación de Patricia Rizzo, exhibe obra realizada por estos cuatro artistas entre 1957 y 1966, en la Argentina, pero también durante los primeros años de su permanencia fuera del país –la cual, como anticipa el título de la muestra, resultó definitiva–, cuando todavía tenían contactos fluidos con estas pampas.
Sara Grilo nació en Buenos Aires en 1919. José Antonio Fernández Muro nació en Madrid en 1920 y vino a la Argentina a los 18 años. Grilo y Fernández Muro se casaron en 1945. Viven en España. Kasuya Sakai nació en Buenos Aires en 1927; se educó en Japón entre 1934 y 1951, y murió en EE.UU. (en 2001), donde pasó su último cuarto de siglo, luego de vivir doce años en México. Mario Pucciarelli nació en Buenos Aires en 1928 y se fue a vivir a Roma en 1961.
Si bien uno de los ejes que estructura la exposición es de raíz territorial, biográfica y social –la condición diaspórica que, por otra parte, es constitutiva de la cultura argentina–, el otro es completamente pictórico y autorreferencial, porque remite a la matriz no figurativa de las obras y al uso protagónico del color. En este sentido, del color como función estructurante, la curadora coloca a modo de epígrafes complementarios las definiciones y apreciaciones que escribió Kandinsky acerca de los colores en Sobre lo espiritual en el arte.
Las relaciones y coincidencias entre los cuatro artistas no terminan allí, sino que resultan múltiples y variadas. Todos ellos fueron recorriendo completo el entonces (desde fines de los cincuenta hasta mediados de los sesenta) floreciente circuito del arte local, hasta “agotarlo”. Todos obtuvieron los principales premios, viajes y becas que ofrecía ese circuito.
Grilo, Fernández Muro y Sakai formaron parte, junto con Iommi, Hlito, Miguel Ocampo, Maldonado y Lidy Prati, entre otros, del Grupo de Artistas Modernos, formado en 1952 a instancias del crítico Aldo Pellegrini.
Parte de aquel circuito consagratorio de la Argentina de fines de los años cincuenta y comienzos de los sesenta pasaba por la galería Bonino, que funcionó en Buenos Aires entre 1951 y 1979 y que llegó a tener sedes en Río de Janeiro y en Nueva York. Sucesiva o simultáneamente, los cuatro expusieron allí sus obras. Del mismo modo que todos juntos, o bien de a tres o de a dos, participaron en otras varias exposiciones locales y algunas internacionales durante ese período que se cierra (en todo sentido y de manera veloz y contundente) a partir del Onganiato.
Otro componente central y constitutivo de las respectivas carreras de estos cuatro artistas fue el conjunto de los viajes que ayudó a complementar sus formaciones y a ponerlos en conocimiento de (y en sintonía con) las tendencias que surgían en Europa y Estados Unidos.
Parte del caldo de cultivo común fue el contacto con el informalismo, que Alberto Greco había conocido en París a mediados de la década del cincuenta.
El informalismo fue bautizado por el crítico francés Michel Tapié, que lanzó el término para darle nombre, especialmente, a la obra de Wols (1913-1951), considerado un antecedente de aquella corriente que poco más tarde también siguieron Dubuffet, Michaux y Fautrier. El expresionismo abstracto puede, de algún modo, pensarse como la versión norteamericana del informalismo europeo. Ambas tendencias comparten, en sentido amplio, el mismo tipo de ideas y concepciones plásticas.
Los informalistas peleaban desde la tela contra la figuración y sobre todo contra las vanguardias geométricas derivadas del cubismo. Sobre todo contra los epígonos picassianos, pero también contra los “rigores” deMondrian o del grupo De Stijl, que se pensaban como profundos racionalistas.
La carga pictórica informalista no se basaba, obviamente, en la razón ni en la observación.
Después de la exposición informalista que Greco hizo en Buenos Aires a los 25 años (galería Antígona, 1956), el virus informal prendió en Buenos Aires. Pucciarelli, junto con Greco y otros, formaron parte de la exhibición Movimiento informal, que se presentó en la galería Van Riel en 1959. Algunos de los informalistas fueron Juan del Prete, Nicolás García Uriburu, Alberto Greco, Rómulo Macció, Luis Wells, César Paternosto, Pedro Pont Vergez, Emilio Renart, Rubén Santantonín, Antonio Seguí y Clorindo Testa.
Parte de aquella pasión por la materialidad del cuadro, de aquel espesor de los empastes, del uso del collage, los grafismos y la espontaneidad de la expresión gestual, es lo que se advierte en las obras de Grilo, Sakai y Pucciarelli exhibidas en el Fondo de las Artes. Los cuadros de Fernández Muro se relacionan más naturalmente con el abstraccionismo norteamericano. Y Sakai está fuertemente atravesado por la paleta, la escritura y la gestualidad de la cultura japonesa.
La obra más reciente que se pudo ver en Buenos Aires de dos de los miembros del cuarteto que hoy se exhibe en el Fondo fue la realizada por Fernández Muro y Grilo en mayo de 1990, en la Fundación San Telmo. Allí, una larga serie de pinturas daba cuenta de la pintada durante la década del ochenta. En los cuadros de Fernández Muro se apreciaba la distribución de la materia en abstracciones donde aparecía la geometrizacón de los planos. En Sara Grilo se vieron, como si la pintora quisiera evocar el inconsciente, múltiples inscripciones, grafismos, carteles, escrituras superpuestas, que alternativamente resultaban legibles, se borraban y luego reaparecían, como capas de tiempos y sentidos simultáneos y sucesivos. Estas inscripciones estaban pintadas sobre fondos difusos y cada cuadro revelaba zonas neurálgicas, donde se concentraban las líneas o figuras, letras y números. Pero aquello que podría verse como un paisaje del inconsciente se transformaba en una recorrida por el paisaje urbano, con muros reescritos mil veces, y rastros de historias sociales y personales.
En el recorte temporal y estilístico que se muestra en el Fondo de las Artes resulta, por una parte, ilustrativo el intento de los cuatro artistas por fijar el vértigo y la reflexión pictórica a través de la materialidad de los colores y los gestos. Por la otra, se comprueban los períodos violentamente contrapuestos que ofrece la Argentina a lo largo de la historia, generando diásporas, exilios, defecciones, ausencias y exclusiones. (Fondo de las Artes, Alsina 671, hasta el 16 de septiembre.)

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“Pintura nº 4”, de Kasuya Sakai, 90 x 120 cm. Oleo sobre tela, pintado en el año 1959.
 
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