PLASTICA › LA MUESTRA DEL MUSEO DE ARTE Y MEMORIA DE LA PLATA

Las memorias deshabituadas

El museo platense acaba de inaugurar una exposición en la que los derechos humanos son abordados por once artistas a través de todos los lenguajes y formatos contemporáneos.

Por Florencia Battiti*

¿Hasta qué punto las elaboraciones estéticas desafían algunos de los presupuestos acerca del terrorismo de Estado y los desaparecidos? ¿Quiénes están socialmente habilitados para seleccionar e interpretar aquellos hechos del pasado que pasarán a formar parte de nuestra memoria? Sobre la huella de éstos y otros interrogantes, el Museo de Arte y Memoria de la ciudad de La Plata se propuso impulsar una muestra que reflexionara sobre la memoria del terrorismo de Estado en la Argentina y sobre la identidad de los desaparecidos, sin incurrir en versiones épicas, gloriosas o rígidas del pasado, sino buscando arrojar luz sobre territorios poco explorados de nuestro pasado reciente. No obstante, el pasado puede ser pensado no tanto como un “sitio” al que se acude por vía de la memoria sino, tal como propone Paul Ricoeur, como una cualidad de las cosas “pasadas” como se presentan en cada presente.
Si entendemos y abordamos la memoria como un conjunto de prácticas a través de las cuales vamos construyendo nuestra propia identidad, quizá resulte válida la metáfora que la compara con un “lápiz que subraya acontecimientos, momentos y personas que nos han hecho ser quienes somos y que han hecho de nuestro mundo lo que ahora es”.
El título de esta nota responde al deseo de suponer que quien visite la exposición pondrá en crisis su memoria “habitual”, esa memoria rutinaria que contrasta y se distingue de las memorias narrativas que, por estar inmersas en afectos y emociones, son intersubjetivas y mantienen vigencia en el presente.
El arte y, más precisamente, la experiencia estética son sin duda prácticas sociales que cobran sentido en la actividad relacional entre la obra y su espectador. Los once artistas convocados conforman, sin duda, un conjunto heterogéneo. Sus propuestas se despliegan sobre diversos formatos contemporáneos, tales como el video, la instalación y el objeto, pero también a través del dibujo y la pintura.
De Diana Aisenberg se presenta parte de su Historias del arte, diccionario de certezas e intuiciones, verdadero work in progress que, según su autora, “se construye a sí mismo a partir del encuentro con los otros. Su esencia reside en el montaje y edición de la información que proveen sus colaboradores”. Para mantener viva la memoria, en este caso la de un amigo desaparecido, es necesario tejer redes con “el otro”.
Por su parte, para Claudia Contreras el disparador ha sido la palabra “resiliencia”, utilizada por la física para referirse a la capacidad que posee un material de recobrar su forma original después de haber sido sometido a altas presiones. Por analogía, las ciencias humanas la utilizan para aludir a la facultad de hombres y mujeres que han atravesado situaciones adversas, saliendo no solamente a salvo, sino aún transformados por la experiencia. Contreras hace un señalamiento sobre esta palabra, la corporiza y teje una trama que incorpora delgadas tiras de papel, fotocopias del listado de desaparecidos publicados por la Conadep. “Cada tira es una persona diferente, un individuo único”, señala la artista.
El grupo Escombros, compuesto por José Altuna, Claudia Castro, Horacio D’Alessandro, David Edward, Adriana Fayad, Luis Pazos y Héctor Puppo, presenta la instalación Mate argentino, que remite a los recursos de yuxtaposición de realidades disímiles utilizados por el surrealismo, aunque sin abandonar el comentario de corte político. La obra se completa con un texto del historiador Emir Reitano.
En la propuesta de Andrea Fasani confluye su labor de ceramista, de artista autodidacta, su condición de ex detenida y su actividad como performer. Las piezas que diseña, moldea y denomina “bloqueadores” son objetos de uso personal, instrumentos que se ofrecen como una herramienta para resistir el dolor, la crudeza de la realidad, la intolerancia.
El fotógrafo Eduardo Gil trabaja sobre la idea de un mosaico fotográfico. Precisamente, las fotografías de los rostros de los desaparecidos fueron las que a principios de los años ’80 se constituyeron en la estrategia estético-política con que los organismos de derechos humanos reclamaron la aparición de sus familiares. Aún hoy, esas fotografías son las que acompañan desde pancartas, banderas o recordatorios en el diario Página/12 el reclamo de verdad y justicia que sigue pendiente.
Magdalena Jitrik y Luján Funes presentan una instalación gráfica que forma parte de un trabajo de investigación hemerográfico sobre el centro clandestino de detención conocido como “Olimpo”.
Pablo Páez muestra una monocopia en la que representa dos “realidades” sobre un mismo plano: en el primero, un hombre acurrucado sobre la vereda. A su lado, dos envases de cartón tetrabrik. En un segundo plano se ve la enorme y profunda vidriera de una casa de decoración. El espacioso lugar, además de los consabidos muebles de diseño moderno, exhibe retratos de Pinochet, Videla, Galtieri. Pero también de Martínez de Hoz, Menem, Cavallo y hasta de Bush. La secuencia abarca diversos responsables de la misma escena: la indigencia y la exclusión social.
La obra de Ricardo Pons se compone de imágenes que conforman la instalación titulada Potestad. Pero varias de estas imágenes fueron inicialmente proyectadas sobre el ala de un avión, porque Pons nos recuerda a los aviones como protagonistas de los vuelos de la muerte como emblemas del terrorismo de Estado.
Ricardo Cohen (Rocambole), diseñador de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, presenta la obra Cómo no sentirme así –cita de una canción de los Redondos–, en la que alude a los efectos de la dictadura y las deudas sociales de la posdictadura.
Graciela Taquini participa en esta muestra con la video-instalación Resonancia, que sondea los laberintos de la memoria a través de un guión basado en el testimonio de una ex detenida-desaparecida, donde los acontecimientos pasados no son descriptos ni explicitados.
(Museo de Arte y Memoria de La Plata, calle 9 nº 984 entre 51 y 53, hasta fines de julio. Martes a viernes, de 14 a 19. Sábados, de 16 a 20.)

* Curadora de la muestra. Investigadora del Instituto Julio E. Payró (FFyL-UBA). Miembro de la Asociación de Críticos. Asesora de la Subsecretaría de Derechos Humanos del GCBA para el Parque de la Memoria.

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Detalle de la obra Santo Sudario, de Claudia Contreras.
 

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