CIENCIA › CECILIA CARMARáN, BIóLOGA, INVESTIGADORA Y DOCENTE DE LA FACULTAD DE CIENCIAS EXACTAS Y NATURALES

Ecosistemas, áreas protegidas... y hongos

Las múltiples funciones de los hongos dejan estupefacto al jinete, que aquí se entera de cómo pueden ser usados para controlar ecosistemas y otras muchas intimidades (de los ecosistemas y de los hongos).

 Por Leonardo Moledo

–¿Sabe una cosa? Me olvidé de prender el grabador. Así que el comienzo de esta entrevista va a ser atípico. Yo voy a decir qué es lo que usted me estaba contando mientras el grabador reposaba en off, usted va a asentir y a los lectores no les va a quedar otra que creerme que lo que yo les estoy diciendo que usted me estaba diciendo es efectivamente lo que usted me estaba diciendo. ¿Qué le parece?

–No es lo más prolijo, pero si no queda otra.

–Vamos entonces. Estábamos hablando de los endofitos en las plantas. Y usted me contaba que, si uno mira la planta, encuentra organismos viviendo adentro (los endofitos) pero sin que haya manifestación patógena (como podría ocurrir en el caso de otros hongos)...

–Claro, exactamente. Entonces yo le estaba por decir que la pregunta que nos surge es la de qué tipo de asociación está funcionando. ¿Cuál es el rol de esos organismos? En una asociación patogénica, uno tiene claro que el hongo está viviendo a expensas de la planta y por eso hay un daño. En este tipo de asociaciones, ¿qué es lo que está pasando? En biodiversidad de árboles hay, básicamente, dos líneas que uno puede estudiar: la de las hojas y la de la madera. Lo interesante es que estas asociaciones pueden presentar características muy diferentes porque los tejidos son muy diferentes. Nosotros, en base a esto, estamos trabajando un poco en biodiversidad (es decir quiénes son los endofitos), analizando cómo se comportan y tratando de aplicar el estudio de endofitos a la conservación de la biodiversidad, que es particularmente una de mis líneas de trabajo. La idea es ver si los endofitos, a través de un ambiente, pueden ser indicadores de fragmentación. Es un poco complicado.

–Nada es muy complicado en ciencia como para que no se pueda entender. ¿Qué es fragmentación?

–En este momento hay varias causas por las cuales la diversidad biológica está en peligro. Una de las más importantes es la fragmentación: cuando el hábitat natural pierde continuidad, se habla de fragmentación. A gran escala, por ejemplo, una ciudad es una fragmentación del hábitat. Hay fragmentaciones menores que pueden ser las que se producen a consecuencia de la deforestación, en donde si bien queda algo de la flora nativa, también el hábitat está fragmentado. Esto es muy importante porque en este momento se está viendo que las áreas protegidas no sirven si no tienen conectividad a través de corredores biológicos. Antes se pensaba que la biodiversidad estaba a salvo por estar en áreas protegidas.

–Claro, porque si no se hunde todo por endogamia.

–Claramente esa área protegida no alcanza para conservar la biodiversidad. En primer lugar, porque la biodiversidad depende mucho del intercambio de material genético. Y de este modo yo tengo una variedad muy restringida. Eso lo que me va haciendo es impidiendo plasticidad. Si yo no tengo posibilidad de cambiar, yo no tengo posibilidad de reaccionar oportunamente frente a cambios en el ambiente. Por un lado, entonces, se generan efectos por la pérdida de hábitat en sí: un ejemplo es el de los pájaros, que necesitan migrar de un lugar a otro y no quedarse todo el tiempo dentro del área protegida. Eso, entonces, no alcanza para conservar la biodiversidad. Una de las cosas que se viene estudiando es la de los conectores de áreas protegidas. Nosotros lo que vamos a hacer en nuestro proyecto es trabajar en dos de esos conectores. Por un lado, las selvas en galería de los ríos Paraná y Uruguay, para detectar si estas selvas funcionan como corredor biológico para los endofitos y si a través de los endofitos nosotros logramos detectar la fragmentación de estos corredores o no. Esto se hace a partir de caracterizar la biodiversidad y a partir de caracterizar genéticamente los linajes asociados al corredor y no asociados al corredor. Nuestro objetivo es ver si podemos distinguir linajes y asociar estos linajes a la fragmentación...

–¿Por qué es importante preservar la biodiversidad?

–Es muy importante, porque brinda una cantidad de servicios ecosistémicos que son irremplazables. Económicamente, por ejemplo, sería carísimo, casi inviable, intentar reemplazar los mecanismos de la biodiversidad artificialmente. No sería lógico. Además, incluso en algunos estamos incapacitados técnicamente.

–A ver... ¿cuáles son esos servicios ecosistémicos?

–Purificación de agua, mantenimiento del nivel de oxígeno, captación de dióxido de carbono, reciclado de nutrientes. ¿Qué le parece?

–Me parece bien...

–Si todos esos fueran servicios brindados por una industria, le saldría carísimo a la humanidad. En este momento, esos servicios los provee la naturaleza sin costo alguno.

–De todos modos, eso se hace sólo en los sistemas protegidos...

–No, para nada. Si nosotros sólo conserváramos las áreas protegidas, los servicios ecosistémicos caerían estrepitosamente. El área protegida no nos asegura el servicio ecosistémico, que se da en una escala muchísimo más grande.

–Bueno, pero entonces, ¿qué asegura el área protegida?

–Cada área protegida es erigida en base a alguna característica en particular. Hay algunas, por ejemplo, que no tienen nada que ver con la conservación de la biodiversidad, como por ejemplo algún área geológica importante. Otras sí son para proteger ecosistemas particulares, por ejemplo la selva paranaense. Pero si nosotros miramos la extensión del ecosistema y la comparamos con el área protegida, nos vamos a dar cuenta de que el área protegida es mucho más pequeña (en general). Por lo tanto, son como reflejos del sistema global, lugares que funcionan como espejos de lo que fue en algún momento el ecosistema original. Es, en cierta medida, como un museo en donde se guarda, en lugar del patrimonio histórico, el patrimonio natural. Y el servicio lo brinda el sistema global.

–¿De qué tamaño son las áreas protegidas?

–Pueden ser muy pequeñas (acá hay una de 60 hectáreas, a la altura de Lomas de Zamora) o más grandes. Lo importante es que el área protegida tiene diferentes objetivos y diferentes categorías. Ultimamente se ha hablado mucho de las reservas MAB (Men and Biosphere), declaradas por la Unesco. Uno suele tomar eso como área protegida, aunque en realidad son declaraciones de que esa área es importante. Después hay áreas como el Parque Nacional Nahuel Huapi, que es muy grande, pero que tiene diferentes categorías de uso de acuerdo con la región. Con lo cual no es verdad que el parque esté protegido en toda su extensión ni que esté conservado totalmente. Hay núcleos donde el hincapié en la conservación es muy fuerte, donde no se pueden retirar especies, etc., pero también podemos tener ciudades enteras dentro de los parques nacionales.

–¿Cómo estamos en Argentina con respecto a áreas protegidas?

–Bueno, el Convenio de Diversidad Biológica recomienda alrededor de un 10 y un 13 por ciento de áreas protegidas; en Argentina (creo que andamos por alrededor del 9 por ciento).

–Pero...

–La falencia nuestra es de recursos. Una cosa es tener el área protegida formalmente y otra es contar con los recursos necesarios para protegerla realmente (para tener los guardaparques que hacen falta, o los sistemas de información que hacen falta por ejemplo). También hay que ver cómo se manejan las áreas aledañas al área protegida. Como le decía antes, los ecosistemas funcionan como áreas globales. Yo no puedo poner un alambrado y decir “acá protegemos y allá no”. Es un sinsentido pensar que ese alambrado significa algo biológicamente hablando. Hay varias iniciativas, pero estamos lejos de países que trabajan con información de primer nivel. Como le decía, acá nos faltan buenos sistemas de información.

–Volvamos un poco a los árboles. Están los árboles, con los endofitos viviendo ahí adentro...

–Básicamente, a lo que apuntamos es a poder desarrollar herramientas que sean útiles a la conservación. Otro de los riesgos, además de la fragmentación de hábitats, son las especies invasoras. En árboles hay muchas especies invasoras, pero nosotros trabajamos centralmente sobre dos: el ligustro (que crece en nuestras casas, en las veredas de la ciudad y en casi todos lados) y la otra es una planta cuyo nombre común es “morera de papel”: una planta con hojas parecidas a las de la higuera que da unos frutos rojos bastante llamativos. Son plantas que no son originarias de Argentina, pero no es por eso que se las llama invasoras. Se las llama así porque tienen una gran facilidad para reproducirse: una vez que se asientan, se expanden a una gran velocidad y colonizan el territorio muy rápidamente. Por eso son un grave problema para las áreas protegidas, ya que desplazan a la flora local. La pregunta que nos hicimos fue: si hay endofitos en las plantas invasoras, ¿son un problema para el ecosistema? Nosotros lo que nos planteamos fue que los endofitos pueden tener diferentes roles. No sabemos exactamente cuáles son. Uno de nuestros trabajos indica que los endofitos de madera podrían ser los colonizadores primarios de la madera una vez que el árbol se cae. Yo tengo el árbol en pie que tiene ya una flora que está latente y pasa desapercibida. Cuando este árbol cae, los primeros degradadores de la madera van a ser los hongos endofitos. Si eso es cierto, quiere decir que yo tengo un determinante ecológico que va a actuar dentro del reciclado de la materia. Pero resulta que cada ecosistema tiene su propio sistema natural de reciclado. Si yo vengo con una invasora, que trae además sus propios endofitos, estoy alterando el reciclado de nutrientes del ecosistema nativo.

–¿Efectivamente ocurre esto?

–Bueno, eso es lo que estamos investigando nosotros, pero la respuesta, en principio, es que sí. La planta invasora lleva endofitos que cuando cae son capaces de transformarse en hongos saprófitos (que viven a expensas de material no vivo). Este es uno de los aspectos sobre los que queremos hacer hincapié, para ver cuánto pueden alterar las invasoras los sistemas de reciclaje nativo. Lo otro es ver si, de alguna manera, el endofito actúa de manera patógena: es decir, que aún estando la planta viva el hongo que está latente sin hacerle daño, de repente se transforma en un patógeno, dañándola visiblemente. Hay algunos estudios que dicen que esto es posible. Esa es la otra vertiente sobre la que queremos trabajar, para ver cómo se produce el cambio que convierte al endofito de no patógeno en patógeno.

–Es decir, usar a los endofitos como un caballo de Troya en la lucha biológica...

–Algo por el estilo.

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Imagen: Martín Acosta
 
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