SOCIEDAD › UN POLICíA DENUNCIADO POR DISPARAR CONTRA UN VENDEDOR AMBULANTE SENEGALéS

“¿Qué mirás, negro de mierda?”

Ocurrió en Constitución, en la vereda de Lima Oeste, a metros de la avenida Garay. Un policía de civil se molestó con un inmigrante que vende baratijas en la zona y terminó disparándole. El hombre quedó herido. El policía fue detenido, pero luego liberado.

 Por Emilio Ruchansky

“Fue acá al lado, vi todo. El negro pasó sin decir nada y había tres tipos parados en la puerta del bar. Uno le dijo: ¿Qué mirás, negro de mierda? ¡Qué me mirás! Y se le fue al humo. El negro dejó el maletín en el piso, esquivó una trompada y le puso una mano. Se la rebancó el negro. Y el otro, como vio que no le podía hacer frente, y eso que era grandote, sacó un revólver y le apuntó a matar ¡a un metro! El negro se avivó enseguida y le agarró el brazo, pero el tipo disparó igual. Tuvo suerte el negro, porque el disparo sólo le agujereó el pantalón.”

El que relata es un comerciante que trabaja en un negocio cercano al bar Quita Penas, donde el sábado pasado “el negro”, un inmigrante senegalés que vende baratijas, fue abordado por un policía de civil en la vereda de Lima Oeste, a metros de la avenida Garay frente a la Plaza Constitución. Según le contó el comerciante a Página/12, la pelea terminó en el asfalto cuando el senegalés inmovilizó el brazo armado del policía y un empleado del bar se acercó para sacarle el cargador de la Bersa 9 milímetros, arma reglamentaria de la Policía Federal Argentina. Pese al reclamo del Colectivo para la Diversidad (Copadi), la ONG que asesora al inmigrante, ayer el agente de policía fue excarcelado sin ningún tipo de restricción. Se lo acusa de “abuso de arma”, un delito que prevé penas de entre 1 y 3 años de prisión.

El hecho ocurrió al mediodía cerca de la parada del colectivo 53, que estaba repleta de gente. Un rato antes del incidente, el policía se habría quedado dormido en el bar y se malhumoró cuando otro vendedor senegalés exhibió su maletín para ver si quería comprar algo. El policía tironeó el maletín y le gritó: “Negro, regalame un reloj”. Uno de los encargados lo invitó a retirarse (a él y a sus compañeros). Luego se cruzó con el otro vendedor y lo increpó. Después del disparo, el agresor y sus dos acompañantes caminaron una cuadra hasta ser detenidos por personal de la comisaría 16ª. Allí se supo que el detenido pertenecía al cuerpo de Alarma de la PFA. No bien circuló este último dato por el barrio, de los treinta testigos sólo quedaron dos o tres.

Los dos vendedores ambulantes también concurrieron a la comisaría. Un tercer vendedor senegalés se comunicó con el Colectivo para la Copadi y el Instituto Nacional contra la Discriminación (Inadi), que apoyaron la denuncia en la comisaría 16ª. A pesar del tono racista de este ataque (algo que considera como agravante a la hora de establecer una pena) y de la presencia del Inadi en la seccional, los hechos quedaron radicados como “disparo de arma de fuego con lesiones”. Las víctimas, según denunciaron abogados de la Copadi, fueron tratadas en todo momento “como sospechosos, como si fueran los imputados”.

Aunque declararon en la comisaría para poder radicar la denuncia, los inmigrantes senegaleses no ampliaron sus dichos porque sus asesores legales, al igual que ellos, desean tener un traductor wolof (su lengua materna). Podrían hacerlo el lunes, si es que el miedo no cunde entre ellos o los testigos. “Al ser liberado sin ningún tipo de restricción, ahora el acusado puede entorpecer la causa: ir al bar y presionar a los testigos. Además, desde el juzgado no dictaron medidas de protección para las víctimas. De hecho, fue muy difícil convencer a los dos vendedores para que hicieran la denuncia porque estaban muertos de miedo. A uno, al que fue insultado dentro del bar, hace seis meses un policía bonaerense le disparó en la feria de La Salada y casi le sacan un dedo”, refirió Luciana Sánchez, de la Copadi.

La causa quedó a cargo de la jueza Alicia Iermini, del Juzgado de Instrucción 48 de la Justicia Penal nacional. Allí también quedaron el arma reglamentaria y el casquete de la bala. La Defensoría del Pueblo de esta ciudad fue informada y se presentará como tercero interesado en la causa. “Estamos frente a un colectivo de personas extremadamente vulnerables. Son pobres, son negras y no hablan español”, recordó a este diario abogada de la Copadi, “uno de ellos se ocultó y nos comunicamos con él por medio de su hermano. El otro tuvo que cambiarse de hotel y estamos pidiendo que reciban algún tipo de subsidio”.

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El hecho ocurrió al mediodía cerca de la parada del colectivo 53.
Imagen: Jorge Larrosa
 
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