CONTRATAPA

BATcelona

 Por Rodrigo Fresán

Desde Barcelona

UNO Alegría, alegría, suenen campanas al vuelo y échese el pueblo a las calles: le han dado su Oscar a Pe. Por fin. Parece mentira, que país de naturaleza tan “Yankee Go Home” como España sucumba obnubilado y caiga de rodillas ante el tótem áureo cada vez que uno de sus hijos dilectos tiene posibilidades de recibir uno y volver corriendo a casa para mostrárselo a amiguetes y periodistas. El año pasado fue el turno de Bardem y en ocasiones anteriores tuvimos posibilidades frustradas (cortometrajistas, músicos, Pe por Volver) y triunfos sonados de Almodóvar (dos veces, película extranjera y guión) y Amenábar y Trueba y Garci. Así –en este larguísimo invierno, desde que Pe comenzó a ganar premios internacionales pre-Oscar y más tarde al resultar nominada por su rol de Carmen folklórica posmilenarista en Vicky Cristina Barcelona– lo hemos sabido todo sobre ella y sus idas y vueltas y sus vestidos y peinados, y nos hemos preguntado hasta casi último momento si, de ganar, el encargado de entregarle la estatuilla sería Javier Bardem, supuesto amigovio o lo que sea, y qué lindo quedaría... pero no... pero no importa.

Ahora, mientras escribo esto, los programas de la mañana y los noticieros tempraneros emiten una y otra vez el momento del éxtasis y del agradecimiento a la Academia, y se lo analiza con el mismo grado de obsesión que alguna vez se dedicó a la peliculita esa de un tal Zapruder donde se muestra cómo vuelan los sesos de JFK por el aire de una mañana de Dallas. Así se elogian su vestido, su peinado, su inglés, su momento en español, y se recuerdan otras alfombras rojas –hay que reconocer que Pe, como se dice por aquí, “se lo ha currado”– desde el triunfo de Belle Epoque, pasando por el alarido primal de “¡Pedroooo!” hasta llegar a las noches como Chica Cruise y candidata frustrada a Mejor Actriz. Y ahora, por fin, Pe ha ganado y, con ella, gana España toda. Todos somos un poco Pe y lo coming soon es sentarse a esperar el anuncio de matrimonio con Bardem y la instauración de una dinastía actoral que nos llevará hasta los confines del universo y más allá, coño.

DOS La otra gran noticia de los últimos días es que el PM británico Gordon Brown le ha enviado una cariñosa misiva al JG ibérico Rodríguez Zapatero para invitarlo a ocupar silla en otra de esas reuniones de impotentes poderosos donde todos se sientan a mirarse a los ojos para después mirar al suelo mientras ensayan teorías y proponen soluciones cada vez más líricas y románticas a La Crisis. Los medios no han dejado de reproducir el te-invito-a-mi-fiestita y su encabezado (¡manuscrito!) donde se lee Dear José Luis, así como el párrafo donde se especifica que Mrs. Brown estará encantada de recibir a su equivalente Sonsoles, si decidiera prenderse a la caravana. De este modo, otra ocasión para el regocijo de la ciudadanía toda y vamos subiendo la cuesta (la cumbre), que arriba en mi calle empezó la fiesta (el summit).

El resto es, por desgracia, sonido y furia. Ruido de fondo que no es el que hacen dos submarinos atómicos y ultrasofisticados de Francia y UK al chocar porque no pueden detectarse de tan invisibles que son a los radares, pero se parece bastante. Profundo batifondo electoralista que antecede a las elecciones del domingo que viene en Galicia y en el País Vasco, y cuyos resultados serán leídos como un triunfo cósmico del PSOE o el derrumbe de buena parte del PP incluido Mariano Rajoy. Cacofonía con la que se intenta disimular el ominoso y ensordecedor silencio de cifras negativas, índices de gente en el paro y los crujidos de una Europa que empieza a mostrar señales de rampante nacionalismo, racismo extremo y “soluciones” como la de las patrullas nocturnas de vecinos con la bendición del César Berlusconi.

En este contexto –cuando las papas queman por la falta de papas y la proliferación de quemados– es cuando el turbio guión de los escandaletes de turno pone de manifiesto el lado oscuro de cada país. Por aquí, el último de ellos –en el contexto de las investigaciones a corruptos dentro del Partido Popular– ha tenido como protagonistas a un juez y a un ministro de Justicia en una cacería. Todo muy Berlanga. El juez no es otro que el superhéroe Baltasar Garzón (quien da perfectamente el tipo, pero lo estropea cuando abre la boca y brota esa vocecita) y el ministro de Justicia es Mariano Fernández Bermejo (quien dimite mientras yo tipeo el próximo punto). Uno y otro se encontraron en una partida de caza en Jaén (en un coto pintorescamente bautizado como Cabeza Prieta) durante el mismo fin de semana en el que varios detenidos por chanchullos varios permanecían en el calabozo. Desprolijo. Pero lo peor es que el ministro no tenía los permisos de caza en regla y, además, durante la batida se abatieron cinco jabalíes, presa prohibida en el lugar. Días después, el ministro pedía perdón, el juez era hospitalizado por una subida de presión, pico de ansiedad y posible infarto. El domingo que viene –cuando se abran las urnas– se sabrá quién posará rifle en mano y quién sonreirá con ojos de vidrio colgado en una pared.

TRES Mientras tanto, en Barcelona, se leen titulares como “Los barceloneses, preocupados por conflictos ‘asociados a la inmigración’”, se enjuicia el chico que le pateó la cabeza a una ecuatoriana en el metro porque “iba colocado”, y algún malhechor se roba un móvil con Windows Mobile 6.5 con software ultrasecreto del visitadísimo Mobile World Congress. Diré lo mismo de siempre: jamás entenderé la fascinación por el móvil como signo de prestigio y riqueza porque siempre entendí que el verdadero éxito pasaba por el que no puedan encontrarte y, sobre todo, por no tener que atender el teléfono. Pero no importa, todos serán casos para Batman, quien –según se ha anunciado– llegará a esta gótica ciudad en una nueva aventura de 48 páginas a publicarse internacionalmente el próximo 29 de mayo con el título de Batman / Barcelona: El Caballero del Dragón. La cosa arranca –parece– con una serie de asesinatos en la Ciudad Condal, aparecen edificios de Gaudí, y sólo espero que el ayuntamiento no haya tenido que poner dinero para conseguir semejante honor. Suficiente con haber pagado parte de Vicky Cristina Barcelona; lo que derivó en un Oscar para Pe y ahora –seguro– en el ofrecimiento como villana invitada en alguna película con paladín de la justicia. Es tradición de Hollywood. Parece que Mickey Rourke ya tenía en sus manotas la segunda parte de Iron Man pero, supongo, ahora habrá que reescribir el guión para que el insoportable Sean Penn se ponga en la piel de alguien llamado Dr. Densus o algo por el estilo. Para Pe, me gustaría una mujer fatal: Dark Gipsy o algo así.

Y descansa en paz, Heath Ledger: el protagónico de reparto, el malo más bueno de todos los tiempos, el malhechor que la hizo mejor que ninguno.

Batcelona no te olvida.

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