UNIVERSIDAD › ENTREVISTA CON ATILIO BORON SOBRE EL SISTEMA UNIVERSITARIO

“Refuerzan el pensamiento único”

El director del Programa Latinoamericano en Ciencias Sociales advierte que la universidad latinoamericana se convirtió en “un cenáculo blindado por un pensamiento absolutamente fragmentario y tecnocrático”.

 Por Julián Bruschtein

“La universidad latinoamericana pasó de ser uno de los grandes focos del pensamiento contestatario, donde abundaban las ideas de cambio y de transformación social, a ser un cenáculo blindado por un pensamiento absolutamente fragmentario y tecnocrático.” En diálogo con Página/12, el politólogo Atilio Boron, director del Programa Latinoamericano de Educación en Ciencias Sociales del Centro Cultural de la Cooperación (ver aparte), analizó la actualidad del pensamiento crítico en el ámbito académico. Además señaló que ante la crisis “América latina está llamada a cumplir un papel extraordinariamente importante en los próximos años, que van a ser muy, muy duros”.

–El pensamiento crítico fue uno de los puntales de la universidad pública en Argentina. ¿En qué estado se encuentra hoy?

–Me embarga una profunda decepción al ver los efectos duraderos de lo que fueron los años de la contrarrevolución neoconservadora en los ’80 y ’90. Porque en esa etapa llevaron a la universidad latinoamericana de ser uno de los grandes focos del pensamiento contestatario, donde abundaban las ideas de cambio, de transformación social, de reforma y hasta de revolución, a ser cenáculos relativamente cerrados y aislados, blindados por un pensamiento absolutamente fragmentario y tecnocrático, despojado prácticamente de cualquier vinculación con las necesidades reales de transformación que requiere la sociedad. Causa de esto fueron las pautas impulsadas por el Banco Mundial, de la mano de los mecanismos de control creciente de tipo administrativo en la vida universitaria. Por la vía de las evaluaciones y las acreditaciones, los incentivos que imponen esas medidas tienen un contenido clave en el resultado final: teórica, ideológica y metodológicamente van castigando al pensamiento contestatario y refuerzan el convencional.

–En ese sentido, las publicaciones científicas internacionales también juegan un papel importante...

–Sí, el creciente papel jugado por los referatos, las revistas de referato o los libros que se publican por esta razón claramente premian a aquel que se inscribe dentro del paradigma dominante. Tienen una muy alta valoración: otorga mayor puntaje si se publica en EE.UU. que si se lo hace en el país. A la larga, lleva al investigador a adecuar sus trabajos y su agenda a la metodología dominante, desnaturalizando por completo la relación entre los científicos sociales y la realidad de nuestros países. Pero contiene una contradicción en sí: esta metodología no sirve porque los grandes disidentes en la historia de la ciencia jamás hubieran podido progresar en una universidad como la que se ha venido reconfigurando en los últimos veinte años, donde todo pensamiento disidente es considerado ideología, no ciencia, ensayo. Es decir que Freud nunca hubiera tenido un lugar, Darwin no hubiera tenido lugar, Copérnico tampoco hubiera tenido lugar y Einstein tampoco. Una revista de referato actual hubiera interpretado que la teoría de la relatividad de Einstein era un delirio y punto. Esto es un camino muy sutil del reforzamiento del pensamiento único.

–Usted plantea la victoria ideológica del neoliberalismo a pesar de su fracaso en la promoción del desarrollo. ¿El pensamiento crítico es la herramienta para desbaratar este paradigma?

–Ganó la batalla ideológica porque logró que la gente crea que la empresa privada es mejor que la pública, que un mercado desregulado es mejor que uno regulado, que la apertura económica es mejor que el proteccionismo y que el Estado definitivamente es un mal administrador.Y, sin embargo, cuando hacés un balance de treinta años de hegemonía neoliberal arrancando con Thatcher y Reagan a fines de los ’70 y principios de los ’80, las economías latinoamericanas crecieron menos de la mitad de lo que habían crecido en el período de la posguerra. Es decir que este modelo satanizado, el desarrollismo, hizo que creciera el doble de lo que creció después, cuando se implantó la uniformidad ideológica del neoliberalismo. Este no fue capaz de generar crecimiento económico, no fue capaz de fortalecer a las sociedades, tampoco tuvo la capacidad de robustecer las democracias de la región y lo que sí hizo fue garantizar que los sectores más concentrados del capital tuvieran ganancias cada vez más elevadas.

–¿La crisis internacional abre un espacio para el desarrollo de los procesos iniciados en América latina en los últimos años?

–Creo que sí, pero como ésta puede parecer una opinión chauvinista latinoamericana, traigo la posición del historiador británico Perry Anderson. El plantea que, si hay un punto en el imperio en donde se producen las condiciones para una resistencia más eficaz en contra del capitalismo, es en América latina. Países como Bolivia, Ecuador o Venezuela lograron traducir los movimientos populares en opciones políticas con fortaleza. Estos gobiernos y estos movimientos configuran un escenario latinoamericano que no está presente ni en Africa ni en Asia. De alguna forma, la contestación más fuerte al neoliberalismo se da en terreno latinoamericano: tenemos la experiencia zapatista de enero de 1994, también el nacimiento del Foro Social Mundial, y hay que contar también a Cuba, que ha logrado mantener su revolución socialista a pesar del bloqueo. En Argentina hay una fuerza muy importante a nivel social de movimientos reivindicatorios antineoliberales y anticapitalistas, pero todavía no tiene una traducción política. Igualmente, con todos estos datos, creo que América latina está llamada a cumplir un papel extraordinariamente importante en los próximos años, que van a ser muy, muy duros.

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Boron siente “una profunda decepción al ver los efectos de la contrarrevolución neoconservadora”.
Imagen: Pablo Piovano
 
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