CONTRATAPA

Gracias Pincha

 Por Eduardo “Tato” Pavlovsky *

Un pueblo alegre. Caras desorbitadamente alegres. Fuera del sujeto. Felicidad. Esa felicidad a raudales que sólo puede darle la tribuna de fútbol y su hinchada. La hinchada juega, pisa la pelota, grita los pases de la Bruja, tira centros, ataja, sufre, corre, les da ánimo a los jugadores. Se cansa de gritar. De dar el último aliento. Verón advierte el último aliento, se lo dice en el oído a la Gata y a Boselli. El resto. Falta poco. El resto. La hinchada brama. Grita. ¿Dónde se juega? Grita tanto. Ensordece tanto. Pero pisa la pelota. Juega al fútbol. Talento y coraje. Mística de ese cuadro que tiene historia. No hay fútbol sin jugadores, sin hinchada. Cuando no está sigue bramando. Falta un siglo. Un mago lanza el mejor pase de la historia del fútbol. Al hueco. Donde debe ir a buscarla alguien que conoce esos pases de los genios. Corre. Corre la hinchada. Corre sin pararla. Tira el centro. La pelota avanza en cámara lenta. La Gata mete el pie. La hinchada empuja. Gol de Estudiantes. Pegué un grito infernal, el mismo que pegué cuando Verón le hizo el gol al Manchester y yo escuchaba el partido en la calle con la radio en el ’68. En segundos se me vino la imagen de mi viejo, los recuerdos. Lauri, Scopelli, Zozaya, Ferreyra y Guaytia, Infante, el Payo Pelegrina. Todos somos de Estudiantes menos los del Lobo. Está bien, así debe ser. Es el folklore del fútbol. Falta poco. ¿Cuánto falta? La hinchada no tiene voz. Verón corre al rincón. La hinchada empuja la pelota. Acompaña el pie de la Bruja hasta el golpe a la pelota. No se ve bien. Hay un silencio que parece interminable. Boselli salta. La hinchada salta y empuja. Gol de la mística. Vuelvo a gritar. Susy también. Es gallina pero salta también. Tal vez todos saltamos un poco y todos cabeceamos con Boselli. Gol argentino. ¡Gol argentino! ¡Todos somos Argentina! Pero una Argentina alegre, feliz. Una gran alegría para todos en medio de tanta desazón. Falta poco. La hinchada grita. Está cansada. La Bruja ruge y da las últimas órdenes. Concentración y nadie al suelo. Aunque tengan la pierna rota. Si se tiran al suelo los lleva la camilla y quedamos diez. Concentración, carajo. Hay algo de Fidel en sus instrucciones. Algo infinitamente macho. Infinitamente distinto. Infinitamente líder. La hinchada grita. Estertores, bronquitis, alveolitos, gripe A. Pero grita más fuerte. Bilardo mira su reloj y pide la hora. Faltan dos minutos. La hinchada no es un sujeto. Es una máquina sin sujetos. Hinchada junta. ¿Cuánto falta? Le pregunto a Susy. Bilardo desde el palco se levanta y pide la hora. La hinchada pincha se mueve rítmicamente sin fuerzas. Faltan quince segundos. Un último esfuerzo. Pitazo final. ¡Estudiantes carajo! Ganó el talento y el gran coraje. Todo es onírico. La hinchada llora. Verón y todo el equipo llora. Pero no hay tristeza. Es llanto de victoria de gladiadores. El llanto alegre es el más terapéutico de todos. Porque hay potencia. Acción. Alegría. Toda la Argentina ruge. La potencia del pueblo intacta. Parecía el ’86 con Maradona a la vuelta. Verón como un chico, gritando de felicidad como un chico. Pero con coraje de mística ganadora.

Yo soy del Rojo, los de los siete títulos (no olvidarlo). Pero hoy y mañana soy pincha. Soy argentino alegre. Sin exclusiones. Puro contagio. Ondas que conmueven. Mucha gente, muchísima gente en La Plata. Para el recuerdo. Pienso que hay muchos que no son de Estudiantes, sí. Son demasiados. Pero digo que hoy somos todos de Estudiantes.

Al otro día me dice Pino: ¿Viste? Ganamos. ¿Quién ganó?, le dije yo. ¡Estudiantes! Soy del pincha de toda mi vida. ¡Se ganó todo! Me dice Coco, el hermano. Este año se ganó todo El Pino.

Coraje y talento: la mística ganadora. La mística “Pincha”.

* Psicoanalista. Autor, actor y director teatral.

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