CONTRATAPA

Cenizas

 Por Rodrigo Fresán

Desde Barcelona

UNO Y, de pronto, ya vamos de regreso. Pero antes de subir a las máquinas voladoras –ahora, de nuevo, como en tiempos antiguos– se impone la consulta a los cielos y a los dioses de fuego que moran en las profundidades de la tierra. Ciencia-ficción antigua. Jules Verne y todo eso y aún más atrás. La nube de cenizas, la terrena voluntad de un volcán divino y de nombre impronunciable que no deja de escupir su enojo a las alturas. Ajustarse los cinturones.

DOS En las pantallitas del avión pasan Avatar y vuelvo a verla de a pedazos y, de nuevo, el desconcierto de que toda esa tecnología futurista esté al servicio de una trama tan antigua. Veo a los marines y a los azules correr por ese mundo eco-alucinógeno con un ojo y, con el otro, espío un ejemplar de El País. Ahí, una entrevista a Felipe González, presidente de un “grupo de sabios” que se reúne desde diciembre del 2007 para aportar ideas y estrategias y un informe que trace los lineamientos para la “refundación de Europa”. Así, Europa como un continente en el que nadie cree demasiado y que se enfrenta a la decadencia y la fatiga de materiales. González suena a nativo de Pandora cuando habla de “refundación” y el informe predice tiempos oscuros: “Nuestras conclusiones no son tranquilizadoras ni para la Unión ni para los ciudadanos. Crisis económica global, Estados yendo a salvar a sus bancos, envejecimiento de las poblaciones que amenazan la competitividad de nuestras economías y la sustentabilidad de nuestro modelo social, presiones a la baja en costes y salarios, cambio hacia el Este en la distribución global de la producción y el ahorro... Por primera vez en la reciente historia de Europa existe el temor generalizado de que los niños de hoy tendrán una situación menos acomodada que la generación de sus padres... Hoy vivimos en una época de inseguridad... Y por encima de todo esto, las amenazas del terrorismo, crimen organizado y proliferación de armas de destrucción masiva planean sobre nosotros”.

Bienvenidos al Primer Mundo y –como está la cosa– uno ya se conforma con que el aeropuerto esté abierto, con que la nube de cenizas dé una tregua, con poder aterrizar en casa.

TRES Y todo sigue más o menos como estaba por acá: la Liga no se ha definido y no se definirá (no se sabrá si la gana el Barça o el Real Madrid) hasta la última fecha; Zapatero y Rajoy siguen jugando a ver quién le responde mejor al otro mientras uno afirma que todo va mejor sin aportar grandes pruebas y otro asegura que todo va peor sin aportar ni la más pequeña solución, y una encuesta revela que las tres cosas que más le preocupan a los españoles son el crecimiento del paro, el curso de la economía y el mal comportamiento de los inú-tiles políticos. De golpe, la política –las malas artes de los políticos– está en todas partes y se cuela por entre las rendijas de puertas y ventanas. Cenizas que cubren muebles y paciencias. Antes –hasta no hace mucho– no era así. Los políticos y sus cositas parecían tan lejos, en lo suyo, fuera de nuestro alcance y, nosotros, fuera del de ellos. Ahora no: ahora los políticos y sus torpezas y dichos y desdichos y desdichas son cosa de todos los días. Los políticos viven debajo de las camas y dentro de los armarios por más que el informe de González y sus sabios colegas no digan nada al respecto. O sí dice algo, pero da risa: “Los ciudadanos deben tener un conocimiento mayor de las políticas europeas y sobre todo poder identificarse con los políticos europeos”. Es decir: ¿tenemos que conocerlos todavía más de lo que los conocemos? ¿Hace falta? Los políticos nos hacen entrar en erupción y estremecernos a la hora del desayuno y así hasta la caída del sol. El resto es, apenas, como ruido de fondo: la operación al rey, la carrera de Fórmula 1 en Barcelona, la caída libre y el ascenso vertiginoso de la Bolsa (que se anuncia como buena nueva para la ciudadanía toda en los noticieros de la noche olvidando que se trata de un mercado especulativo y donde sólo juegan los very few acreditados en el tablero del Monopoly), Garzón en el banquillo, un título internacional de básquet... Nada de eso alcanza a esconder el hecho de que España ya no es lo que era o, peor, lo que creía ser. El terremoto del Olimpo griego ha provocado réplicas a lo largo y ancho de toda la comarca y la gloriosa Iberia –sostenida ahora por avales de otras naciones que le exigen recortes y compromisos varios– ha sido una de las más sacudidas y conmovidas por la cuestión. La Vanguardia del pasado martes no dudaba en titular “España intervenida” y un artículo de Enric Juliana precisaba: “Rodríguez Zapatero, el hombre que hace unos meses proclamaba su voluntad de revitalizar Europa, ha estado en un tris de verse obligado a anunciar personalmente –como presidente de turno de la Unión– que su país se halla, de facto, intervenido. Una pesadilla. Atrás queda la solemne declaración del pasado miércoles en la Moncloa tras el fallido encuentro con Mariano Rajoy: ‘No habrá más medidas contra el déficit, estamos saliendo ya de la crisis’. Hace de ello cinco días. Una eternidad”.

CUATRO Mientras tanto, la eternidad se achica: los nacimientos empiezan a bajar en Catalunya (datos que se trasladan al resto de España y del continente) luego de trece años seguidos de aumento. El inicio del declive ha sido ubicado justo nueve meses después del inicio de la actual crisis económica y se predice un declive hasta más allá del 2020. Menos erupciones y reducción en la llegada de inmigrantes en edad fértil y locales con poco tiempo y ganas y espacio y que, otra vez, luego del breve baby boom de hace unos años, prefieren esperar a que pase el temblor. Mientras y hasta entonces, mirar al cielo. Mirarlo fijo, como se mira y se huele un cenicero lleno hasta los bordes.

Donde hubo fuego...

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Imagen: AFP
 
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