CULTURA

“Un nuevo contrato con la sociedad y los lectores”

El librero Elvio Vitali y el sociólogo Horacio González asumieron ayer la conducción de la Biblioteca Nacional. Ante unos 300 artistas e intelectuales, prometieron que la llevarán al primer nivel mundial.

Después de tantas idas y vueltas, el librero Elvio Vitali y el sociólogo Horacio González asumieron ayer la conducción de la Biblioteca Nacional y prometieron ponerla en el primer nivel mundial. En principio, adelantaron que pelearán por mejorar el Presupuesto para 2005, reordenar la biblioteca y recomponer la relación con los trabajadores, que fue un punto central para la renuncia de Horacio Salas, el anterior director. Vitali, el director, dijo que luchará también para promover la biblioteca ante los lectores de América latina e Hispanoamérica como fuente de consulta e investigación. Estuvieron en la ceremonia, entre unos 300 intelectuales y artistas, el titular de la Fundación El Libro Carlos Pazos, el cineasta Pino Solanas, la presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Nora Cortiñas, los filósofos León Rozitchner y Eduardo Gruner, el poeta Fernando Noy y la actriz Cristina Banegas.
Vitali –fundador de la librería Ghandi– destacó que encarará la gestión “en el marco de la especial preocupación por el resguardo de la memoria colectiva que nos pertenece”. “Se trata en este caso de nuestra memoria impresa, que debe ser acrecentada, preservada, conservada, registrada y difundida en distintos formatos, en las mejores condiciones y prestando un servicio público esencial: la Biblioteca Nacional debe cumplir las funciones estratégicas que la encumbren en un lugar de alta especialidad, cabeza de todas las bibliotecas argentinas”, señaló el flamante director.
Una ovación se escuchó tras el discurso de González, quien señaló que la etapa de euforia iba a dejar lugar a “la faena, que se presenta pesada”. “No se trata de otra cosa que de reconstruir entre todos una maquinaria dañada, una embarcación menoscabada. Todos sabemos que la vida política e intelectual se establece entre los bruscos apetitos de la historia y la tranquilidad de las cosechas. Estamos ante una severa crisis de las instituciones públicas y de las culturas de convivencia en este tiempo de penurias humanas. La Biblioteca está en dificultades porque el país lo está. Por eso, sabemos que podrá emanciparse de sus oscuras servidumbres si el país se libra también de ellas”, destacó. González también aclaró que la institución necesita de “un nuevo contrato con la sociedad y los lectores, con debates significativos en la nueva era de la comunicaciones, y para recomponer la confianza y ponerse en la primera línea”.
“Quiero decirles a Elvio y a Horacio que este es un lugar un poco peligroso porque acá uno puede volverse loco”, aseguró el locuaz secretario de Cultura de la Nación, Torcuato Di Tella. “En estas salas hay un ruido ensordecedor: los autores de cada uno de esos libros, esos folletos, esas revistas y esos diarios están gritando. Y cada uno quiere hacer escuchar su voz.” Y sus dichos provocaron risas entre los asistentes al auditorio Jorge Luis Borges, donde Di Tella encabezó la ceremonia. “La Biblioteca es realmente un lugar donde hay una energía particular: saber manejarlo, convertirlo no en un depósito de libros sino en un lugar donde la gente los lea con inteligencia y en buenas condiciones es un reto fantástico que ustedes tienen por delante y espero que les vaya bien”, les dijo a los nuevos funcionarios. El secretario también destacó “la dedicación de la gente de la Biblioteca, aun con las malas condiciones, empezando por el salario”, dando por cerrado el prolongado conflicto originado en marzo, cuando renunció Salas.
La subsecretaria de Cultura de la Nación, Magdalena Faillace, les deseó suerte a sus “amigos” y se manifestó conmovida por las definiciones de González. La funcionaria sostuvo la necesidad de que las instituciones culturales sean “los ejes del menoscabado orgullo de los argentinos” y que la Biblioteca “está ante una etapa de definición capital donde hay que tomar conciencia de los errores del pasado y del presente para devolverle esa identidad que tenía, la funcionalidad que debe tener”.
La nueva dirección de la Biblioteca tendrá dos consejos consultivos honorarios (“no van a faltar consejos”, bromeó Di Tella), uno integrado por investigadores y el otro por bibliotecarios de carrera. El primero lo conforman la historiadora Hebe Clementi, el sociólogo Nicolás Casullo, el politólogo José Nun, el historiador Horacio Tarcus y el escritor y crítico Noé Jitrik. El otro Consejo está formado por bibliotecarias y dirigentes de diversas asociaciones. Ana María Peruchena Zimmermann, Susana Romanos, Claudia Rodríguez, Araceli Gracía Costa y Aurora Scavini de Lanari.

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Elvio Vitali, Torcuato Di Tella y Horacio González, sonrientes.
 
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