DEPORTES › LOS BRASILEÑOS TRAEN SU PROPIA AGUA MINERAL

No era sólo Gatoreit

No quieren que se repita el episodio del Mundial de 1990, con el tristemente célebre bidón de Branco. Traen unas 220 botellas de agua y le temen a la influencia de Bilardo.

 Por Facundo Martínez

Brasil no vendrá a la Argentina con las manos vacías. Según trascendió ayer, la delegación brasileña traerá consigo unas 220 botellas de agua para evitar que se repita el incidente ocurrido el 24 de junio de 1990, cuando ambas selecciones se enfrentaron por los octavos de final del Mundial de Italia, y “Galíndez”, el utilero del equipo nacional, le ofreció al jugador Branco un bidón con agua mezclada con un somnífero que terminó anulando al jugador brasileño.

El incidente, conocido como el “bidón de Branco”, oscilaba entre el mito y la realidad hasta que Diego Maradona primero, José Basualdo después y hasta el propio Galíndez, lo admitieron públicamente. “Alguien picó un Rohypnol en el bidón y se pudrió todo”, confesó Maradona. Basualdo aportó: “La historia es cierta. Branco tomó del bidón que tenía la sustancia somnolienta”. Galíndez, en cambio, armó una conferencia de prensa para negar la versión y sólo atinó a decir que se trataban de “una broma de Diego”.

Quien nunca reconoció el incidente, que incluso fue denunciado por los brasileños –“Lo que me hicieron fue irresponsable. Bebí agua y quedé como tonto”, se quejó Branco–, fue el entonces entrenador del seleccionado, Carlos Salvador Bilardo, actual manager del equipo de Maradona. Precisamente, Bilardo ha quedado en la historia del fútbol argentino no sólo como el técnico que, al igual que el alemán Franz Beckenbauer, disputó dos finales seguidas de un mundial, sino también como un jugador mañoso, que entraba al campo de juego con alfileres para pinchar a los rivales.

“Ya estamos preparados para eso. Nos llevaremos nuestra propia agua. Sabemos de todo lo que puede pasar por allá. Agua, sólo en botella cerrada”, declaró ayer el defensor del seleccionado de Brasil, Dani Alves, al diario Folha de Sao Paulo. La Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) lo desmintió, pero fuentes de la entidad brasileña lo confirmaron por lo bajo.

Lo más curioso de todo esto es que el entrenador brasileño, Dunga, había instado a sus jugadores a no engancharse en “las provocaciones” y a “bajar el tono” de las declaraciones. Las palabras de Alves no ayudarán.

Para colmo, en Rosario se hablaba de realizar un bocinazo, en las cercanías del hotel Holiday Inn, para no dejar dormir a los visitantes. Un nuevo capítulo de la denominada guerra psicológica que, no está de más decirlo, deja al fútbol, sin dudas lo más importante, en un segundo plano.

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