DEPORTES › ¿POR QUE RECRUDECIO LA VIOLENCIA EN EL FUTBOL?

El campeonato de las barras

Los enfrentamientos se producen por disputas de poder y negocios antes que por rivalidad entre hinchas. Castrilli habla de 30 años.

 Por Pablo Vignone

Lo urgente tapa lo importante: en lugar de volcar la preocupación sobre la imposibilidad que tienen los equipos de Primera de ganar tres partidos seguidos (cuatro punteros en el Clausura, River, Estudiantes, Central y Lanús, con sólo 7 puntos en tres fechas) y aplicarla para intentar mejorar el juego, la atención está puesta en el evidente rebrote de la violencia en el fútbol, un mal que Javier Castrilli, el subsecretario de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos, consideró que podría erradicarse “de acá a 30 años”.
La actividad de los violentos se había aplacado seriamente tras el tremendo brote que se experimentó en el comienzo del 2002, época en que coincidió con el estallido de la peor crisis económica argentina. Aunque la crisis continuó, esos niveles de agresividad se redujeron notablemente en los años posteriores, insinuando que no existe un correlato estricto entre la violencia en el fútbol y la condición social. Pero aunque este Clausura ha reavivado las llamas del flagelo, las motivaciones parecen tener que ver más con el “negocio” de las barras bravas que con un emergente social.
“No se pueden imaginar resultados terminantes, todo va a ir cambiando con el tiempo –dijo ayer Castrilli en declaraciones radiales–. Hay que pensar de acá a 30 años. Se necesitan no sólo sanciones ejemplares sino también un trabajo desde la educación. De nada servirá seguir trabajando sobre la urgencia y la coyuntura si no lo hacemos sobre la educación.”
En la tercera fecha del Clausura se registraron desmanes en cuatro partidos, el 40 por ciento de los encuentros jugados. El escándalo de mayores proporciones ocurrió en la cancha de Argentinos, donde hubo 65 detenidos, mayoritariamente por choques entre grupos antagónicos de la barra del club de La Paternal, que discutían por espacios de poder y por negocios. “No se enviaron uniformados ni grupos de combate para evitar que estos incidentes derivaran en una masacre. Estas internas entre las hinchadas se están repitiendo en varios clubes y es lamentable”, concluyó el funcionario.
Algo parecido sucedió en el estadio de Banfield, con una gresca entre facciones de la barra de Estudiantes que obligó a parar el partido. Acaso los 30 años que sugiere Castrilli se necesiten para acabar con la generación de dirigentes que apañan a las barras y para generar, desde el Estado, la protección necesaria para aquellos que se oponen a ellas.
“La gente necesita del Estado, que estuvo presente en la cancha de Argentinos –aseguró Castrilli–, y ahora esperamos el mayor rigor de la ley para que esta gente (por los detenidos) pague lo que hizo y no se la lleve de arriba.” Cuando se combatan las causas, no los efectos, se podrá erradicar el problema.
“En el fútbol se vive un clima que hace 15 años era insospechado, con permanente y creciente agresividad”, opinó ayer César Luis Menotti, que entrena equipos de Primera desde hace 32 años. “Los barrabravas piden que se vaya un técnico cuando no pueden pedir nada, ni una entrada. Ni siquiera deben ingresar a un estadio porque hacen peligrar lo racional, como que una familia vaya a una cancha.”

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En la tribuna de Argentinos se vio lo peor del fin de semana.
 
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