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Con la Ferrari en crisis, Schumacher no va rápido

Un problema técnico con las cubiertas y otro de concepción impiden a los coches italianos luchar el Mundial de Fórmula 1, que ganan sin atenuantes desde el 2000. En Italia hablan de rendición y en Inglaterra se burlan.

 Por Pablo Vignone

Tras años de dominación absoluta –seis campeonatos consecutivos de constructores, cinco título mundiales de pilotos–, la estrella de Michael Schumacher y Ferrari parece estar apagándose. Al menos en 2005, ya dejó de alumbrar una nueva consagración. Ni los cambios que sufrió la Fórmula 1 hace algunas carreras, cambiando el sistema de clasificación en una movida que favoreció al equipo italiano y su piloto, han dado resultado. La única victoria de Schumacher en esta temporada ocurrió en el escandaloso Grand Prix de los Estados Unidos, contra una pobrísima oposición. “En las últimas carreras hemos retrocedido en lugar de progresar –admite Schumacher de cara a la próxima carrera, en su país, Alemania–. Y tenemos que admitir que el coche no es lo suficientemente rápido.”
Después de varias carreras, Ferrari descubrió que su coche poseía un defecto básico: con poca nafta en los tanques le costaba mucho generar el calor suficiente para que los neumáticos que usa tuvieran el agarre necesario. Schumacher y su coequiper Rubens Barrichello precisaban varias vueltas antes de contar con un coche medianamente competitivo, pero para entonces era imposible alcanzar a los rivales, Renault y McLaren.
Ese defecto resultó esencialmente cruel en el sistema original de clasificación de esta temporada: una sesión con los tanques vacíos (en la que los Ferrari no marcaban buenos tiempos) y una con tanques listos para la carrera, en la que los coches italianos mejoraban pero no lo suficiente para descontar el tiempo perdido en la primera sesión. Obligados a empezar la carrera en mitad de la grilla, podían hacer algunas vueltas rápidas pero no recuperar posiciones.
Para el Grand Prix de Canadá y por cuestiones de la TV, la clasificación válida pasó a ser sólo la de los tanques listos para la carrera, con lo que la mejora fue inmediata: Schumacher largó adelante y terminó segundo. En Estados Unidos ganó, y en Francia terminó tercero. Pero en Inglaterra, el domingo, quedó quinto, a minuto y medio del ganador Juan Pablo Montoya. La Ferrari sigue sufriendo falta de velocidad.
Ross Brown, director técnico de Ferrari, dijo que todavía no entienden la razón de su falta de competitividad frente a Renault y McLaren. “Ellos se adaptaron mejor a las nuevas normas, como las restricciones aerodinámicas o la prohibición de usar más de un juego de neumáticos por carrera. Los cambios nos han perjudicado, y otros equipos han trabajado mejor”, manifestó. Ello pese a que Ferrari no restringió los ensayos entre carrera y carrera como si hicieron los demás equipos, preocupados por reducir los costos de la Fórmula 1. Por eso, el director de la escudería, el francés Jean Todt, admitió desolado: “No somos capaces de igualar el ritmo de los líderes”.
No es la única explicación para un panorama tan desolado. Esta Ferrari F2005 es la primera que no concibe el británico Rory Byrne, el diseñador de los coches italianos desde 1997, incluidos los que ganaron títulos mundiales desde 2000. El chasis actual es producto del ingeniero Aldo Costa, ex Minardi.
En Italia, por supuesto, esta situación se vive como un desastre. La Stampa habla de “la crisis Ferrari” y La Repubblica titula “Capitulación: bandera blanca en Maranello”. Hasta el circunspecto Times londinense se burla de la escuadra escarlata: “La buena noticia para Ferrari es que sus dos coches son confiables –escribe–. La mala noticia es que son confiablemente lentos”. La verdadera sorpresa es que, pese a todo, Schumacher se mantenga tercero en la tabla del Mundial, con 43 puntos, 34 menos que el líder Fernando Alonso.

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Ni Ross Brawn (abajo) puede solucionar el drama de las Ferrari.
 
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