DEPORTES › OPINION

Un buen partido

 Por Osvaldo Bayer

Fue un partidito. Bien, vistoso. Una especie de cabalgata alrededor de los arcos. Todos para aquí, todos para allá. Los alemanes se fueron tranquilos pero no contentos. Los “costaticos”, con cierta bronca porque estuvieron cerca. Claro, si los once hubieran corrido todos como Wanchope, un negro que se las trae y le metió dos buenos pelotazos a Lehmann, el nuevo arquero alemán, que hubiera querido salir virgen porque lo estaba mirando el terrible e infernal Oliver Kahn, el tigre, el rabioso, el espectacular arquero siempre mufado, y ahora más que está de suplente. Un suboficial con galones. Pero para qué hablar más. Así, Alemania no puede ser campeón, salvo que tenga toda la suerte del mundo. Buenos jugadores, como Klose y Podolski, mucho muchacho con ganas. Pero nada más. A lo mejor van a ir cargando un poco más de fuego y de juego. No nos apuremos. Costa Rica, bien. En el área propia un poco tropical, ritmo, pero hubieran tenido que meter más pierna.

Bien hasta ahí, pero vamos a la ceremonia inaugural. El más aplaudido de todos fue Beckenbauer, el jugador de la limpieza y elegancia, hoy metido en la burocracia del fútbol. El más silbado, se lo merecía: Blatter, el presidente de la sospechosa FIFA, que como decíamos ayer es un digno hijo de Havelange, que cuidan más la redondez del dólar y del euro que la de la pelota.

La fiesta en sí estuvo humilde pero popular. No se la puede comparar con aquella fiesta del arte que hicieron los italianos en Turín para los últimos Juegos Olímpicos de invierno. Arte más arte, le hubieran gustado a Miguel Angel. Esto de Munich de ayer fue con los bávaros y los tiroleses de la montaña y los berlineses enjugados en todas las aguas del espectáculo y del no. Y basta. Está bien, pero esperemos para la fiesta final también algo inspirado en los poetas y músicos del romanticismo, por ejemplo. Ni tambores ni revolcones. Una vez está bien. Ojalá miren más al cielo y los bosques y al laúd y a la poesía. La contraposición al grito de “Tor”, que quiere decir no otra cosa que “gol”.

Lo que sí estuvo bien para la nostalgia fue ver el desfile sonriente de los jugadores en vida de los seleccionados campeones mundiales desde aquel primer torneo que ganaron los uruguayos. Y los huéspedes de honor que fueron el siempre humilde y simpático Pelé, acompañado por la Marlene alemana actual, Claudia Schiffer, una Marlene casta y humilde pero linda, linda. Tan linda como Marlene.

De Maradona, dijo el locutor alemán: “Maradona está invitado pero nunca se sabe si vendrá, lo anunciaremos recién cuando lo veamos”. Después de Beckenbauer, el más aplaudido fue el cumplidor Pelé.

Bien, hoy la Argentina. Tal vez veamos a una Argentina como vimos hoy a la Alemania principiante de hoy. O no. Anoche soñé que en Hamburgo, hoy, contra Costa de Marfil, salía la Máquina de River con Bossio, Juárez y Cuello, Yacono, Minella y Wergifker; Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau. Sí, así, lo escribí de memoria, sin consultar enciclopedias. Por algo será el recuerdo. Aunque nunca gocé tanto cuando los canallas rosarinos, con el “Torito” Aguirre, les ganaron en el propio Núñez. Pero volvamos a las realidades. A lo mejor, hoy, junto al Elba alemán se despierte algún ternero que llegue a ser toro de las pampas.

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