ECONOMíA

Acordarán el congelamiento pero nadie regalará nada

Las petroleras acordarían no aplicar nuevas subas de combustibles hasta enero, pero por conveniencia propia. Ayer Esso subió el gasoil.

 Por Raúl Dellatorre

Mientras el Gobierno intentaba avanzar en un acuerdo para estabilizar el precio de los combustibles, las petroleras adoptaron ayer diferentes posturas intentando sacar ventajas previas al congelamiento. “Los combustibles deberían aumentar entre 15 y 17 por ciento antes de fin de año para neutralizar el aumento de la materia prima”, sostuvo ayer Juan José Aranguren, vicepresidente de Shell, empresa que refina pero no produce crudo. En línea con estos argumentos, la otra comercializadora grande que refina petróleo que no produce, Esso, dispuso anoche un ajuste del 3,8 por ciento en los precios del gasoil, para reposicionarse antes del congelamiento.
El acuerdo para la estabilización del precio de los combustibles se negocia a tres puntas. En una de ellas, el Gobierno, que reclama no seguir con los ajustes continuos de los precios en surtidor, al menos mientras no haya una modificación brusca en el precio internacional del barril (hoy en torno de los 28 dólares) ni en la paridad cambiaria (ayer por debajo de los 3,65 pesos). En otra, los productores de crudo que también refinan (integrados), que tratan de no ceder utilidades por razones políticas en un mercado que monopolizan en términos económicos. En la última punta, los refinadores que no producen, dependientes del precio del crudo importado o del que le fijan las petroleras que extraen en el país.
Una de las claves que permitiría destrabar las contradicciones y avanzar hacia un acuerdo es un “descuento” que las productoras harían sobre el crudo que entregan a las refinadoras no integradas (Shell y Esso, básicamente). Las productoras petroleras venden el crudo al mercado interno un ocho por ciento más bajo que el valor al que exportan. Pero este último valor tiene una retención del 20 por ciento. El gobierno pretendería que las productoras “estiren” el descuento al mercado interno en dos puntos, al diez por ciento, y mantengan fijo ese valor por cierto período. Aun con esa “concesión”, las petroleras estarían obteniendo en el mercado interno un 10 por ciento más que el precio neto que reciben cuando exportan el crudo.
La Secretaría de Energía espera definir un compromiso entre las partes -no habrá acuerdo firmado– en los próximos días que dé garantías de estabilidad a los precios por lo menos hasta fin de año. Con un dólar clavado debajo de los 3,65 pesos, e incluso en algún escalón menor, la expectativa oficial es que el congelamiento se extienda a los primeros meses de 2003. El único riesgo, estiman fuentes oficiales, sería que el precio internacional del crudo se dispare.
Según los cálculos del Gobierno, a los precios actuales en surtidor y con un descuento adicional de dos puntos en el precio local del petróleo, la ecuación económica debería cerrarle a las refinerías que utilizan petróleo producido por terceros. A su vez, un descuento de dos puntos en el precio del crudo les dejaría todavía un precio muy rentable a las productoras.
Los números que hacen las comercializadoras difieren, obviamente. Aranguren, de Shell, expuso ayer que el aumento del crudo, por el efecto combinado de la devaluación y la suba del precio internacional, todavía no fue compensada por el alza en surtidores. Por ello pide un ajuste del 15 al 17 por ciento adicional en los combustibles antes de acordar. Dicho incremento sólo podría evitarse, según Aranguren, compensando a las refinerías con un menor tipo de cambio, una baja en la carga impositiva o una reducción del precio interno del crudo, salvo que se dé un “improbable” escenario de baja en el precio internacional.
Argumentos para contraponerle no le faltan. “Si hubiera voluntad de pelear, se le podría recordar que mientras caía el precio internacional y el dólar estaba fijo, los precios en surtidor no bajaban”, respondió ayer una fuente oficial a las declaraciones de Aranguren.
Más allá de algunos roces, la evaluación en los pasillos de Hacienda es que el acuerdo está cerca. “La elasticidad de la demanda también presionapara que se le ponga un techo a los precios”, señaló un analista del equipo económico, en alusión a la caída de las ventas con cada aumento del precio de los combustibles. Por eso, confían en cerrar un compromiso sin que el gobierno deba ceder nada a cambio. Las petroleras, por lo visto, tampoco.

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