ECONOMíA › PESE AL NO PAGO DE VENCIMIENTOS, SIGUE EL RITO DE LA NEGOCIACION

Nueva misión del Fondo al país del default

Roberto Lavagna la disfruta. En la Argentina, nadie osa criticarlo por preservar las reservas. Y la dupla Köhler-Krüger igual le envía otra misión. Sin embargo, no se sabe si ésta servirá para algo. Mientras tanto, algo está claro: lo que hoy se deja de pagar, habrá que pagarlo mañana.

 Por Julio Nudler

Que hoy desembarquen en Ezeiza media docena de técnicos del Fondo Monetario para poner en escena una nueva misión –en principio sólo informativa, pero que tal vez pueda transformarse en negociadora– es una noticia que Roberto Lavagna pudo dar ayer con indisimulada satisfacción. En el preciso momento en que la Argentina confirma su decisión de dejar impagos todos los vencimientos con los organismos multilaterales, FMI incluido, mientras éste no se resuelva a firmar un nuevo acuerdo con el país, Horst Köhler y Anne Krüger despachan hacia Buenos Aires un nuevo contingente, que además incluye a Dods Worsht, subordinado inmediato de Anoop Singh, jefe del Departamento para el Hemisferio Occidental. Esto confirma la disposición a seguir negociando –o al menos a hacer como que se sigue negociando–, a pesar del default argentino, con lo cual se mantiene la esperanza de que el país normalice su status en algún momento. Sólo faltaría saber cuándo.
“La expectativa es tibia”, dijeron voceros del Ministerio de Economía a Página/12 en relación a la nueva troupe que llega desde Washington, incluyendo a John Thornton, encargado del caso argentino. El propio Lavagna, en declaraciones radiales, prefirió expresarse con su habitual, estudiada cautela: “Es una misión con gente de nivel como para tomar decisiones... Pero veremos. Por ahora el temario es una mezcla de cuestiones, de actualizaciones (de información)”. En todo caso, la misión se encontrará por primera vez con la renovada cúpula del Banco Central, conformada por Alfonso Prat Gay y Pedro Lacoste, y en la que presumiblemente no encontrará la “complicidad” que fue habitual en tiempos del dimitido Aldo Pignanelli.
El ministro, entretanto, ha logrado instalarse en una posición estratégicamente cómoda, tanto que ni siquiera le exige tomar decisiones, una vez resuelta, un mes atrás, la conducta a seguir. Esta consiste en no pagar ningún vencimiento de capital con los organismos mientras ello exija apelar a las reservas de divisas, porque la ausencia de acuerdo con el Fondo convierte a esos pagos en una sangría para el stock de dólares con que cuenta el Banco Central para defender el tipo de cambio.
Con esta postura, de la que hace alarde, Lavagna está planteando una opción cuya razonabilidad nadie se atreve a cuestionarle. La alternativa al default con los organismos sería la espiralización del dólar, al ir esfumándose las reservas con que el BCRA puede defender la cotización del peso y el consiguiente traslado a una nueva estampida en los precios internos, con una ulterior explosión en los niveles de pobreza e indigencia. Es decir, volver al escenario de los primeros cinco meses del año.
De esta manera, al no dejarle al país ninguna salida razonable fuera del default, la responsabilidad por éste queda transferida a la intransigente cúpula del FMI. Son ellos quienes deberían destrabar la situación. Tan pronto lo hagan, la Argentina se pondrá al día con los pagos atrasados, según volvió a prometer ayer Lavagna. Este, de todas formas, “comprende” las muchas dudas políticas que le generan al Fondo decisiones como la anulación judicial de “los muy moderados aumentos de tarifas”. De nuevo, la posición del equipo económico es que él está haciendo lo que corresponde, pero no generaliza esa corrección a todos los poderes.
Aunque incuestionable, la prioridad otorgada a defender las reservas no basta sin embargo para despejar todas las dudas. De hecho, todas las cuentas que el país deja hoy de pagar deberá afrontarlas tarde o temprano, salvo que resuelva convertir en definitiva su ruptura con los organismos multilaterales. De no ser así, lo que hoy se ahorra deberá gastarlo más adelante, y tal vez en condiciones menos favorables desde el punto de vista del balance de divisas.
Así como hoy el Banco Central puede efectuar diariamente compras netas de dólares sin elevar su precio gracias al fuerte excedente externo, es probable que el superávit de cuenta corriente vaya estrechándose a medidaque se reactive la economía y las importaciones suban a niveles más razonables. También es esperable cierto descenso en el tipo de cambio real. Es cierto, de todas formas, que la firma de un programa con el Fondo desbloquearía el acceso a refinanciaciones y nuevos fondos, reduciendo la transferencia neta de recursos en favor de los organismos.
Por ahora Lavagna insiste en presentar el default como un buen negocio, al menos desde el punto de vista de la caja, porque son mayores y más inmediatas las sumas que debería girar la Argentina que los montos que le desembolsaría el Banco Mundial por créditos cuya negociación queda ahora cancelada. También le quita asidero a la temida desfinanciación de diversos programas, empezando por el Plan Jefes y Jefas de Hogar. Pero es probable que muchos proyectos hoy sustentados con recursos del BM y del BID empiecen a tambalear si no cuentan con la palanca política necesaria para apropiarse de fondos internos equivalentes a los perdidos.
Respecto del Banco Interamericano de Desarrollo, Carlos Ruckauf señaló a Clarín, en declaraciones ayer publicadas, que la Argentina está buscando tejer un acuerdo por separado, que no dependa de que haya o no firma con el FMI. Según el canciller, el Banco Mundial no aceptó esa fórmula, pero se mostró confiado en que el BID la admita. En tal caso, la Argentina le pagaría los vencimientos, y el banco que preside Enrique Iglesias efectuaría desembolsos automáticos.
Preguntado sobre la cuestión, Lavagna dio una respuesta vaga: “Estamos hablando con todos –dijo–. Estamos abiertos a soluciones imaginativas. Esta es una situación que no tiene muchos antecedentes. Veremos. Está claro de que del lado del Fondo hay mucha lentitud...”. Pero otras fuentes de Economía prefirieron interpretar que Ruckauf sólo está buscando de alguna forma ganar protagonismo político, reflotando su figura ante la situación que vive el justicialismo. En concreto, señalaron que “Lavagna no habla mucho con él”, para dejar en claro que el ministro de Relaciones Exteriores no interviene realmente en las negociaciones.

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Los enviados del Fondo no se dan por vencidos: ni el impago argentino los amilana.
 
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