ECONOMíA › TENSA NEGOCIACIóN DE CARA A LA CUMBRE DE PRESIDENTES DEL GRUPO DE LOS 20 QUE COMIENZA MAñANA

Con la vieja receta del ajuste bajo el brazo

Los países centrales, liderados por Europa, buscan reposicionar al Fondo Monetario y sus recortes fiscales en el centro de la economía mundial. Los emergentes, con China, Brasil, India y Argentina a la cabeza, prometen resistir.

 Por David Cufré

“Hay dos agendas tensionadas. Por un lado, están los países más poderosos, que plantean la receta del ajuste fiscal y el otorgamiento de más poder al FMI para volver a meterlo por la ventana en el manejo de la política económica y, por otro, lado hay un grupo de naciones entre las cuales están la Argentina, Brasil, India, China y Sudáfrica que decimos que ese camino lleva al fracaso y queremos seguir con las medidas de estímulo, sin la intervención del Fondo”, explicó ante Página/12 una alta fuente de la delegación argentina que acompaña a Cristina Fernández de Kirchner en esta ciudad, adonde mañana comienza la cumbre de presidentes del Grupo de los 20. Esa confrontación entre países centrales, liderados por los europeos, y naciones emergentes configura un escenario de pobres expectativas sobre los resultados de este encuentro. El canciller Héctor Timerman anticipó ayer cómo marchan las deliberaciones previas: “Se están haciendo cuatro ejercicios con diferentes alternativas frente a la crisis para que los líderes los consideren. Lo que creo que sucederá al final de esta reunión es que quedará expresado que no hay una sola salida, sino que frente a distintas situaciones puede haber distintas soluciones”, indicó, con lenguaje diplomático. Pero de inmediato recalcó que para el gobierno argentino los planes de ajuste no son una opción. “Podemos demostrar con los hechos que no sirven”, insistió.

Toronto parece contagiada de ese clima de rencillas en el G-20. La ciudad está paralizada, con los negocios cerrados a varias cuadras a la redonda de los hoteles en donde están instalados los distintos presidentes y con un gran número de policías en las calles. Las medidas de seguridad dominan el espacio público. Lo que libera tensiones, contra lo que podría suponerse, es el Mundial de Sudáfrica, que los canadienses siguen como si su selección lo estuviera jugando. Un ministro argentino confesó su sorpresa al registrar tanto interés en el tema. En el hotel que aloja a Cristina todos los televisores del lobby transmiten los partidos y se puso allí un tablero gigante con el fixture y los resultados. “Acá somos un poco locales, hinchan mucho por Maradona y por Messi”, relató el funcionario.

El gobierno de Canadá, sin embargo, es menos amigable. Se encuentra entre los más ortodoxos y entre los que más empujan para que la Argentina vuelva a aceptar las revisiones del FMI sobre su economía. Ese es un tema sobre el cual el Gobierno tiene la guardia en alto antes de las audiencias del G-20. Desde que la administración Kirchner canceló de manera anticipada toda la deuda con el Fondo a principios de 2006, la Argentina viene rechazando las inspecciones anuales de su economía por parte del organismo de crédito. Lo hace para evitar presiones sobre un cambio de rumbo en la política económica y para ahorrarse el show que montan los técnicos del FMI con reuniones con dirigentes de la oposición y economistas de perfil neoliberal. Pero varios de los miembros del G-8, a su vez integrantes del G-20, insisten en que todos los países de este nucleamiento deberían pasar por los exámenes del Fondo.

Uno de los objetivos de esas naciones centrales para esta cumbre es lograr un reposicionamiento del FMI en la economía internacional. Y allí se encuentra uno de los puntos de discrepancia con los emergentes. Otra cuestión en la que aparecen diferencias es en la propuesta de países como Alemania de crear un impuesto a las transacciones bancarias para constituir un fondo que sirva para rescatar al sistema financiero en caso de una crisis como la que empezó en 2007 en Estados Unidos con las hipotecas subprime y que todavía continúa. El argumento es que de ese modo los contribuyentes no tendrán que resignar recursos frente a un estallido. Para que la medida prospere, sostienen sus impulsores, debe ser aplicada por todos los países, empezando por los del G-20, para evitar un desplazamiento de capitales de naciones que sí lo cobran hacia otras que no. El ministro de Economía argentino, Amado Boudou, le dijo a este diario que el Gobierno analiza con “mucha preocupación” este proyecto.

“Lo miramos con mucha desconfianza porque creemos que detrás de un concepto que parece muy progresista puede haber un problema y una trampa. El problema es que tal como está planteado hasta ahora, el impuesto sería una tasa sobre el riesgo de cartera de los bancos. Es decir, los más riesgosos pagarían más. Y quién mediría el riesgo: el FMI. Ahí vemos que está la trampa, que esto puede ser una forma de meternos al FMI por la ventana, y que además resulte en un aumento del costo financiero para países como el nuestro”, indicó el funcionario a Página/12. Timerman lo planteó en términos similares: “La Argentina considera que este tema debe ser estudiado en profundidad. La situación de los bancos no es en todos los países igual. Algunos, como nosotros, ya atravesaron una crisis financiera y lograron que sus sistemas bancarios salieran fortalecidos. No nos hace falta ningún fondo para resguardar a los bancos, por lo tanto consideramos que no debemos aplicar ningún impuesto. Tal vez otros países que aún no han hecho su reforma financiera sí lo requieran y posiblemente lo apliquen”, anticipó.

La Presidenta pasó ayer todo el día en su hotel trabajando sobre estas cuestiones con Boudou y Timerman. Mientras tanto, desde las seis de la mañana y hasta las seis de la tarde, un grupo de unos 50 trabajadores de ese hotel se instaló en la puerta con cacerolas y tachos de basura y armó una manifestación tan ruidosa que podía escucharse a dos cuadras de distancia, en una zona de Toronto vacía. La escenificación se completó con un muñeco inflable de una rata de dos metros, dedicado a la empresa que administra el hotel. La protesta de los trabajadores era por una serie de despidos de los últimos días y por el reclamo de aumentos salariales. La policía sólo los miraba y controlaba que las cosas no pasaran a mayores.

La agenda de hoy de Cristina tiene como punto saliente al mediodía un almuerzo con quince empresas canadienses con inversiones o proyectos en el país, encabezados por la minera Barrick Gold. Los gobernadores de San Juan, José Luis Gioja, y de Salta, Manuel Urtubey, estarán presentes y esa reunión explica en buena medida su presencia en la delegación.

Uno de los ejes de su presentación por las islas Malvinas fue el peligro medioambiental que representan las exploraciones petroleras. ¿El proyecto de Barrick Gold en Argentina no tiene también un costado medioambiental discutible? –le preguntaron al canciller.

–Yo he analizado el tema medioambiental en el G-20 y le puedo decir que la Argentina es un ejemplo en la materia. Tenemos más cuidado que muchas de las economías con las cuales nos comparan –contestó.

A las seis de la tarde, en tanto, Cristina irá a una cena que marcará el inicio de la cumbre del Grupo, con expectativas de resultados poco estimulantes.

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Los líderes de las potencias centrales que integran el G-8 se llevaron todas las miradas en Toronto.
Imagen: AFP
 
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