ECONOMíA › PANORAMA ECONOMICO

Turismo y paritarias

 Por David Cufré

Como ocurre en otros sectores de la economía, en el rubro turismo el debate está dado entre aquellos que reclaman una devaluación y quienes la resisten. Los principales promotores de generar un deslizamiento del tipo de cambio oficial son los grandes hoteles de la ciudad de Buenos Aires, cuya rentabilidad proviene esencialmente de los viajantes del exterior de ingresos medios-altos y altos. La Capital Federal retuvo en 2014 el 60,8 por ciento del gasto del turismo internacional, contra el 28,8 del resto del país y el 13,4 de la provincia de Buenos Aires. Las mayores cadenas hoteleras y los operadores turísticos porteños vinculados a ese negocio ejercen presión en favor de un dólar más caro. Por el contrario, quienes han visto crecer su actividad de manera exponencial de 2003 en adelante en base al turismo interno, que a la vez componen la mayoría del sector, defienden el poder adquisitivo de la moneda nacional. El 60,5 por ciento del gasto en turismo de los argentinos el año pasado quedó en plazas regionales, mientras que la ciudad de Buenos Aires accedió apenas al 5,0 por ciento de esa torta y la provincia de Buenos Aires concentró el 34,5 restante. Esas distintas fuentes de captación de recursos explican los posicionamientos empresarios, en una polémica más amplia sobre si existe o no atraso cambiario, en la que cada actor económico puja en función de sus intereses.

El mercado turístico en 2014 movilizó 137.890 millones de pesos, de los cuales el 64 por ciento fueron generados por el turismo interno y el 36 por ciento por el internacional, de acuerdo a datos de la cartera del área. Esto incluye las doce ramas de la actividad, entre las que se destacan hotelería, agencias de viajes, transporte de larga distancia, servicios culturales y gastronomía.

Ambos segmentos del rubro, el interno y el receptivo, experimentaron una explosión de 2003 en adelante. En el primer caso, el salto fue de 28,7 millones de viajantes ese año a 46,9 millones en 2014, un 63,5 por ciento más. En el segundo, se pasó de 2,9 millones de visitantes extranjeros a 5,9 millones, 98,1 por ciento más. Como se ve en las proporciones, la incidencia económica y en materia de empleo del mercado local supera largamente al internacional, aunque la clave, lógicamente, es potenciar ambos.

Los factores que explican el avance del turismo doméstico en la década son la recuperación del empleo y el salario. “Las políticas nacionales han permitido que más de 5 millones de argentinos se incorporaran al consumo turístico”, evalúa el ministro del área, Enrique Meyer, en un documento con valiosos aportes estadísticos. En 2006, señala, solo el 35 por ciento de la población accedió al menos a un viaje por ocio en el año, mientras que en 2013 la participación llegó al 47 por ciento. Y en 2015 volverá a crecer. En 2006, agrega el informe, por cada 13,1 paseos turísticos que realizaban personas del 20 por ciento más rico de la población (el quinto quintil), hacía 1 viaje una persona del 20 por ciento más pobre (el primer quintil). En 2014, la relación bajó a 6,2 viajes a 1.

La aparición en el mercado de esas millones de personas de ingresos medios y bajos repercutió principalmente en las economías regionales, generando un círculo virtuoso de mayor actividad en cientos de localidades a lo largo del país. El proceso se aprecia con nitidez en las cercanías de las principales ciudades, donde florecieron ofertas turísticas de proximidad en poblaciones antes excluidas de ese circuito económico. El turismo se ha convertido en ese sentido en un mecanismo de redistribución de dinero desde las grandes ciudades a las economías regionales. Afectar el poder de compra con una devaluación dejaría a esos sectores en la primera línea de damnificados.

La temporada invernal, en pleno desarrollo, es otro indicador de la recuperación del consumo. Se registran altos niveles de ocupación en los diferentes destinos. Las cifras oficiales anticipan un crecimiento a niveles record, 4,5 por ciento por encima de 2014 –cuando había bajado 3,3 por la devaluación de enero y el mundial de Brasil–, y 2 puntos más que en 2013. El invierno pasado viajaron 12.592.962 argentinos, en tanto que las proyecciones para este año anticipan un aumento de más de 600 mil turistas, hasta 13,2 millones. Los datos dejan en evidencia a quienes anticipaban un 2015 de crisis, recesión y ahogo financiero en caso de no arreglar rápido con los fondos buitre, como seguramente ocurrirá el próximo invierno si ese acuerdo no se ha producido.

Las primeras imágenes de la temporada se dieron en simultáneo con la convocatoria al Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil por parte del Gobierno. El nuevo aumento será de 28,5 por ciento en dos cuotas, que lo elevarán a 6060 pesos desde enero de 2016. Será el doceavo incremento consecutivo, situación que no se había dado antes en el país, lo mismo que el doceavo año consecutivo de paritarias. El salario mínimo seguirá siendo el más alto de América latina en dólares. Pasará a 609 dólares a partir de agosto, contra 375 dólares del piso salarial de Chile, 367 de Uruguay y 250 de Brasil.

El índice de precios de la ciudad de Buenos Aires se ubicó en junio en 25,2 por ciento y las perspectivas de inflación son decrecientes para el año, en tanto que el salario mínimo, como se indicó, trepará 28,5. Eso le permitirá recuperar parte del poder adquisitivo que cedió el año anterior –según el mismo índice de inflación–, que marcó 38,5 puntos de ajuste de precios contra 31,0 de actualización salarial. Una situación similar se producirá con las paritarias de los trabajadores formales. La suba promedio de las convenciones homologadas hasta el momento es también de 28,5 para el año, y había sido de 30,3 en 2014. Los datos ilustran sobre las consecuencias en el salario de una devaluación. Es conveniente advertirlo cuando al mismo tiempo se promociona en campaña electoral el levantamiento del “cepo cambiario” en cuestión de horas o días, sin aclarar qué pasará con el precio de la divisa.

En un contexto internacional complicado, con una caída de 1,7 por ciento de la economía de Brasil este año, según las últimas estimaciones privadas, el mercado interno está actuando de sostén. Para el turismo esto es vital. El sector emplea a casi 1,2 millones de trabajadores en sus distintas ramas, según la última medición oficial a 2013. Dañar la demanda turística interna pondría en riesgo puestos de trabajo. En sentido inverso, una medida que resultó esencial para favorecer las inversiones en el sector fue la Ley de Feriados que amplió la cantidad de fines de semana largos. Antes de 2010 había en el año un solo fin de semana de cuatro días y tres noches, Semana Santa. Ahora son cuatro, sumados el del carnaval y dos puentes. Además, hay como mínimo siete fines de semana de tres días y dos noches, que este año son 10 porque coincidieron las fechas de feriados inamovibles con días viernes o lunes. Lo primero que se necesita para poder emprender un viaje son días no laborables, que esa política promovió. Esto generó una demanda que llevó a aumentar un 74,9 por ciento los alojamientos entre 2003 y 2013, de 8034 a 14.053 establecimientos.

“Como consecuencia del modelo económico, el turismo en la Argentina creció muy por encima de la media mundial, contribuyendo al desarrollo de todas las regiones del país, a la creación de empleo y a la generación de divisas”, destaca Meyer en el documento mencionado más arriba. Los atajos devaluatorios pueden llevar las cosas a otro lado.

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