ECONOMIA › PANORAMA ECONOMICO

Alta gama

 Por David Cufré

En un año de números rojos para la economía, el Gobierno puede encontrar brotes verdes en los patrones de consumo de los sectores de mayores ingresos. De acuerdo al último reporte de Acara, la cámara de concesionarios de autos, las ventas de BMW cero kilómetro crecieron 380 por ciento en lo que va de 2016, de 338 unidades entre enero y septiembre de 2015 a 1620 este año. La pick up Toyota Hilux lidera el ranking de vehículos más vendidos, con 25.612 unidades, por encima del popular Volkswagen Gol, que quedó relegado al segundo puesto con 24.390. Jeep (739 por ciento), Mini Cooper (237 por ciento), Volvo (203 por ciento), Subaru (136 por ciento), Land Rover (72 por ciento), Honda (66 por ciento), Nissan (26 por ciento), Jaguar (25 por ciento), Audi (22 por ciento), Alfa Romeo (12 por ciento) y Mercedes Benz (7 por ciento) son otras marcas premium que registraron importantes aumentos en las ventas desde que gobierna Mauricio Macri. Entre todas, incluidos los autos BMW, totalizaron 26.388 unidades en nueve meses, un 50 por ciento más que las 17.556 del mismo lapso de 2015. No hay otro renglón de la economía que experimente subas de ese calibre, en un contexto de caídas generalizadas de las compras, que en el caso de los alimentos fueron en septiembre del 3,1 por ciento, la segunda peor marca del año. El periodista Alfredo Zaiat planteó la semana pasada en su programa de radio, Cheque en Blanco, que cuando el FMI o Javier González Fraga sostienen que los niveles de consumo que había hasta diciembre de 2015 eran insostenibles, una ilusión, se refieren al de las mayorías populares, a quienes se les transmite que deberán resignarse a una menor capacidad de compra, pero naturalizan que las clases acomodadas incrementen de manera obscena su acceso a bienes materiales. El aumento de la desigualdad social y la concentración de la riqueza no aparecen en el mapa del Fondo Monetario o de González Fraga como prioridades a resolver por la política económica, sino que lo consideran parte del funcionamiento normal de una sociedad como la argentina. El problema, según ellos, no es la distribución regresiva del ingreso, sino el intervencionismo estatal que procura corregirlo. Eso es populismo, según su caracterización, y es lo que hay que combatir. A juzgar por los resultados de gestión en diez meses de Cambiemos, van bastante bien.

El aumento de las ventas de vehículos de alta gama fue promovido por el Gobierno a principios de año cuando rebajó de 50 a 20 por ciento la alícuota de los impuestos internos sobre esas unidades. Es decir que el Estado resignó ingresos tributarios para que una cúpula pueda comprar autos de lujo a mejor precio. También eliminó la diferenciación de tasas entre vehículos nacionales e importados, que esencialmente intentaba poner un freno a la salida de divisas. El fundamento del Ministerio de Hacienda fue que la medida alentaría la producción nacional y las inversiones en el sector. Sin embargo, hasta ahora no se vio nada de eso, sino que las fábricas automotrices recortaron 14 por ciento la producción en lo que va de 2016.

Los viajes al exterior es otro rubro que refleja la robustez del consumo de los sectores ABC1, como identifican los estudios de mercado a quienes disponen de ingresos familiares de 150 mil pesos mensuales en promedio. De acuerdo al Indec, entre enero y julio hicieron turismo fuera del país 1.985.000 personas, 22,1 por ciento más que en el mismo período de 2015 (habían sido 1.625.000). Por supuesto que los viajantes no son solo ABC1, pero claramente son quienes mueven el amperímetro de los paseos por el mundo. La devaluación supuestamente debía revertir el saldo negativo de turistas internacionales, pero ese otro argumento de los economistas de la derecha tampoco se verificó en la práctica hasta el inicio del segundo semestre. El balance negativo fue de 710 mil personas, contra -263 mil del mismo lapso del año pasado. El salto del tipo de cambio que empobreció a las mayorías no significó un incentivo suficiente para atraer turistas –vinieron 87 mil menos que en 2015–, mientras que aquellos sectores económicos que hicieron diferencias por su posicionamiento en moneda dura siguen viajando más que nunca.

Un primer indicador oficial del impacto distributivo de la política económica del Gobierno lo entregó la dirección de estadísticas de la Ciudad de Buenos Aires. El reparto de la riqueza empeoró en el segundo trimestre respecto del trimestre anterior. El coeficiente Gini, que mide el grado de inequidad social en la asignación de los ingresos, siendo uno el valor más desigual y cero el de la equidad absoluta, trepó de 0,378 a 0,39 para la medición de la población ocupada. A su vez, el informe dio cuenta de la desigualdad que existe en el territorio porteño, ya que si bien el ingreso per cápita familiar medio de los hogares era de 11.399 pesos, en el norte de la ciudad llegaba a 15.220 pesos y en el sur promediaba apenas 7452 pesos, mientras que en la zona centro era de 11.193 pesos. La distribución por deciles del ingreso per cápita familiar evidenció un retroceso de 1,6 a 1,4 en la participación total para el decil más pobre, mientras que para el decil más rico subió de 29,6 a 30,2 por ciento. En resumen, se ensanchó la grieta entre los más ricos, cada vez más ricos, y los más pobres, cada vez más pobres.

La consultora CCR Cuore registró la misma tendencia en su último relevamiento nacional sobre la evolución del consumo masivo. El sector ABC1 es el único que sostuvo hasta agosto sus niveles de consumo, en tanto que el resto de la sociedad sufrió pérdidas en la capacidad de compra. Patricia Sosa, directora comercial de la empresa, explicó que el segmento ABC1 es aquel que declara ingresos familiares con un piso de 71 mil pesos mensuales. Representa, según el estudio, el 5,2 por ciento de la población del país. Como se indicó más arriba, en promedio los ABC1 cuentan con 150 mil pesos mensuales de ingreso familiar, con una cúpula equivalente al 1 por ciento de la población, la elite, que dispone de más de 250 mil pesos por mes. “En relación a la evaluación de la gestión de Macri, el nivel alto lo califica con mejores notas que el resto, basado fundamentalmente en algunas medidas económicas que los beneficiaron, como la liberalización del cepo”, indicó Sosa. La reacción de este sector frente al tarifazo de servicios públicos, por ejemplo, fue más condescendiente con el oficialismo que el resto de la sociedad, ya que mientras el 19 por ciento lo juzgó como correcto y bien realizado, ese número cae a 5 por ciento en el total general. La relación se invierte cuando la pregunta es sobre las preocupaciones de la sociedad. El 14 por ciento de los ABC1 ubicó a la incidencia del impuesto a las Ganancias como un tema relevante que debe resolver el Gobierno, contra un 4 por ciento del total general. “Son más optimistas respecto de 2017. El 71 por ciento de los ABC1 confía que la macro y la micro economía mejorará el año que viene, 12 puntos porcentuales por arriba de la media”, describió Sosa. “Sobre su propia economía, el 60 por ciento declaró que está bien o muy bien, mejor que el año pasado, y a futuro tiene altas esperanzas que estará mucho mejor, 17 puntos porcentuales más que el resto de la sociedad”, completó Sosa.

El Gobierno que declama que los argentinos estaban consumiendo de manera exagerada entusiasma a los únicos que bailan en la cubierta del Titanic, con más autos de lujo, más viajes al exterior y más beneficios. Si Cambiemos pretende que no se lo identifique como un gobierno para ricos debería probar con aplicar otras políticas.

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