ECONOMíA

La intransigencia de EE.UU. para reducir subsidios congeló el ALCA

Pese a que evitaron la palabra “fracaso”, el encuentro en Puebla para impulsar el ALCA no avanzó en acuerdos sensibles.

 Por Cledis Candelaresi

La resistencia de los Estados Unidos a abrir sus mercados a los productos agroindustriales, en los que el Mercosur es más competitivo, y la negativa de Brasil a admitir un irrestricto ingreso de inversores extranjeros dejan al proyecto ALCA en un virtual stand-by. El lenguaje diplomático no permitió a ninguno de los negociadores del continente que hasta anoche estaba reunido en Puebla debatiendo las bases de aquel acuerdo hablar rotundamente de “fracaso”. Pero, de hecho, el cónclave en la ciudad mexicana devino en esa frustración, ya que no se pudieron anudar acuerdos sobre los puntos más controvertidos. Así, será difícil que a principios del 2005 pueda ponerse en marcha un tratado global, que iguale las condiciones para comerciar desde Alaska a Tierra del Fuego.
Incluida la propia Argentina, todos quieren el ALCA y especulan con las ventajas que el libre comercio continental puede depararles a algunos sectores de su economía. Pero la renovada firmeza del Mercosur, que no quiere ceder si no obtiene algo concreto a cambio –básicamente más apertura en los mercados agrícolas del Norte– deja en claro que es muy complicado celebrar un acuerdo global, al menos que unos ganen mucho en desmedro de los otros.
Bajo el nítido liderazgo de Brasil, los negociadores del Mercosur fueron a Puebla con el reclamo de que los Estados Unidos desmantele de inmediato los subsidios a la exportación agrícola y las subvenciones a la producción, en particular en aquellos bienes en los que el Sur es proveedor destacado. El interés local está centrado en lácteos, algodón, cereales, carnes y soja que, en algunos casos, Washington ampara por varias vías: con ayudas fiscales a los productores y a las ventas externas.
Para ello, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay formularon un planteo conceptualmente prolijo: Estados Unidos y el resto de países que amparan los bienes agrícolas pueden seguir haciéndolo hacia afuera, pero no hacia adentro. Amén de que esta discusión debe realizarse en el continente y no en la Organización Mundial de Comercio, tal como lo plantea Washington, con el fin de no definir un tema en el que no está dispuesto a hacer ninguna concesión y sí avanzar en las áreas de su interés.
Pero la contrapropuesta de los emisarios de George W. Bush y algunas naciones aliadas en este debate (México y Chile, entre ellas) es que sólo pondrían sobre la mesa de debate los subsidios a “algunas” exportaciones. Tampoco tuvo buena acogida otra demanda del Mercosur para que se eliminen algunos exorbitantes aranceles norteamericanos, que tienen el mismo fin de proteger a los productos del agro. “Hay países que no quieren nivelar el campo de juego”, se quejó ayer desde Puebla el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Martín Redrado, en alusión a la intransigencia de los Estados Unidos.
Frente a esta resistencia, el Mercosur pudo jugar su propia carta, gracias a la política proteccionista que Brasil ha tenido en materia de servicios e inversiones. Contrariando las aspiraciones del Norte, el bloque sureño planteó que la apertura en esos rubros se vaya discutiendo en acuerdos individuales y no en un tratado marco que facilite el ingreso de inversores extranjeros a áreas más sensibles de la economía de la nación más grande de Sudamérica.
Por esta semana, el Mercosur dejó de lado las importantes diferencias internas, y actuó como bloque compacto. Brasil, que está en mejores condiciones para hacer concesiones en el rubro agroindustrial, se puso tan duro como necesitaba Argentina al discutir sobre el tema. Y Buenos Aires defendió los límites en el sector inversiones y servicios como si no hubiese desregulado ya toda su economía desde hace más de diez años.
Las discusiones con dos bandos claramente delimitados, uno liderado por los Estados Unidos y el otro por Brasil, alumbraron anoche un documento con algunas coincidencias técnicas, pero aquellas diferencias sustantivas que quita posibilidades al Acuerdo de Libre Comercio de las Américas, pretenciosa propuesta de EE.UU., paradójicamente, uno de los que menos cede en las negociaciones.

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Martín Redrado, vicecanciller, en Puebla, México.
 
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