ECONOMíA › LAVAGNA FUE AL CONGRESO A DEFENDER EL PRESUPUESTO PARA 2006

Plan para ir por la misma senda

El ministro de Economía destacó la importancia de mantener un fuerte superávit fiscal, dijo que no le interesa manejar recursos a espaldas del Parlamento y que la asignación del gasto privilegia la educación y la inversión. Se fue sin contestar preguntas.

 Por David Cufré

Roberto Lavagna se tomó seis días para escuchar las críticas de la oposición al proyecto de Presupuesto para 2006, que el Poder Ejecutivo elevó al Congreso el último jueves, y ayer hizo una enfática defensa de los aspectos más cuestionados. Lo escucharon unos cincuenta diputados en el Parlamento, muchos de los cuales se quejaron porque el ministro no accedió a responder preguntas. En su discurso, el jefe de Hacienda enumeró las razones por las cuales es “fundamental” mantener un elevado superávit fiscal, justificó las estimaciones moderadas de crecimiento económico y de recaudación y valoró la distribución del gasto formulada por el Gobierno, con fuertes subas en las partidas para educación y ciencia y técnica. Por último, apoyó el pedido de superpoderes para el jefe de Gabinete.
Lo primero que dijo Lavagna fue que en 2006 se repetirán “los patrones conceptuales” que guiaron la economía los últimos años. A través de distintos cuadros, el ministro exhibió el éxito de la gestión en materia de crecimiento económico, solvencia fiscal, evolución de la inflación, aumento de los recursos, caída de la deuda y equidad en la distribución del ingreso. En este último caso, sin embargo, la comparación fue con el año 2002, cuando la crisis marcó los peores registros. En el resto de las variables, los datos se cruzaron con los de las décadas del ’90 –sobre todo–, ’80 y ’70.
Uno de las causas por las cuales el superávit fiscal “es el ancla, la base fuerte del programa económico en marcha”, es que “permite sostener un determinado nivel de tipo de cambio”, remarcó Lavagna. Como publicó Página/12 el último domingo, el ministro destacó que el excedente de este año estará por arriba de lo presupuestado en su momento (3,5 por ciento del PIB, contra 3,2 previsto) y que en 2006 se ubicará en 3,2. También demostró que no es cierto que el gasto crezca más que la recaudación, como aseguran los economistas de la city, sino que ocurre todo lo contrario. El gasto, en proporción del PIB, está en los niveles históricos, mientras que en términos reales, descontada la inflación, es inferior al de la década pasada y al del gobierno de la Alianza.
La ortodoxia fiscal, según Lavagna, también es positiva porque “nos da grados crecientes de libertad para formular la política económica, frente a las presiones externas e internas”. Además, “el superávit es un aporte a la estabilidad de precios y eso impacta en la distribución del ingreso”. Por último, “evita que el Estado tome fondos que el sistema financiero puede volcar al sector privado”.
El ahorro, siempre superior al previsto desde que Lavagna es ministro, se produce en parte por las estimaciones conservadoras de crecimiento económico a la hora de elaborar el presupuesto. La oposición critica esa política, porque el Congreso después queda al margen de la discusión para asignar los recursos sobrantes, que el Ejecutivo utiliza según su criterio. Lavagna enfatizó que “no hubo ni hay ninguna intención” de manejar fondos a espaldas del Congreso. “Una cosa es ser gobierno y otra analista o pronosticador. El Gobierno asume compromisos que después debe cumplir”, se defendió el ministro. “Es preferible distribuir excesos a correr desde atrás por la sobreestimación de partidas y financiarlas con emisión espuria, como en los ’80, o con sobreendeudamiento, como en los ’90”, completó.
En cuanto a la inflación, el ministro demostró que el aumento de precios minoristas después de la devaluación fue el más bajo en comparación con las experiencias de otros países, como Brasil, México o Rusia, y también respecto de otras experiencias argentinas. De todos modos, reconoció que aún quedan “ajustes de precios relativos pendientes” y que por esa razón se calculó una inflación del 8,6 por ciento para 2006.
En materia impositiva, el ministro confirmó que el Ejecutivo pedirá la prórroga de todos los impuestos que vencen este año, sin ningún cambio en relación a las leyes vigentes. Entre ellos se encuentran el impuesto a las Ganancias, al cheque, a los cigarrillos y el monotributo. Frente a los reclamos de una reforma tributaria integral progresiva, Lavagna indicó que las experiencias anteriores de reformas “abrieron agujeros de evasión que después costaron dos o tres años tapar”.
Lavagna se detuvo en la distribución del gasto, que muestra un alza del 26,8 por ciento respecto de este año en las partidas para educación. El segundo aumento en importancia corresponde al área de ciencia y técnica, que gana un 20,6 por ciento. El presupuesto de salud sube 16 por ciento y el de obras con impacto social también tienen importantes incrementos: vivienda 30 por ciento, agua potable 34,1, energía 41,6 (en parte por la crisis energética) y transporte 20,2. En cambio, la partida para el pago de la deuda baja un 3,6 por ciento (10.365 millones de pesos, 11,1 por ciento de los gastos totales) y las de la administración central suben apenas 3,2 por ciento.
Sobre los superpoderes, el ministro evitó mencionar que este año son mucho más amplios que en otras oportunidades y, en lugar de ello, dijo que en 2006 serán más limitados.

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Roberto Lavagna cumplió con la presentación formal del proyecto de Presupuesto para 2006.
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