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El Fondo Monetario insiste con su agenda para el fracaso de Argentina

En su tradicional informe anual “Perspectivas de la Economía Mundial”, que tiene el record de equivocarse casi siempre en sus pronósticos, el Fondo repite la receta ortodoxa para la Argentina. Subir la tasa, eliminar retenciones, reclamos a favor de privatizadas y bonistas.

En su reporte sobre las “Perspectivas de la Economía Mundial 2005” difundido ayer, el Fondo Monetario Internacional repitió sobre Argentina un promedio de los números sobre crecimiento e inflación que circulan entre las consultoras de la city para 2005 y 2006. Las escasas 20 líneas que en el apartado sobre América latina se refieren al país fueron suficientes para que el organismo reenumere sus tradicionales recetas ortodoxas, como el eterno consejo de controlar la inflación por la vía monetaria, junto a las conocidas demandas en favor de grupos de interés, como la eliminación de los “impuestos distorsivos” que gravan a los exportadores, los reclamos en favor de las privatizadas y el arreglo con los bonistas que rechazaron el canje de deuda.
Para el FMI, el Producto Interno Bruto (PIB) de Argentina crecerá este año 7,5 por ciento, 1,5 puntos por encima del calculado en un informe presentado en abril. David Robinson, subdirector del Departamento de Investigaciones del FMI, consideró necesario destacar que “nadie esperaba que el 9 por ciento de crecimiento de 2004 se mantuviera, ya que esa cifra alta fue un rebote, resultado de la crisis”. Sin embargo, el organismo considera que a pesar de su desaceleración tras el rebote, el crecimiento “permanece robusto”. Para 2006, la previsión es del 4,2 por ciento, apenas por encima del “prudente” 4 por ciento que el Ministerio de Economía incluyó en la Ley de Presupuesto que se discute en el Congreso.
En tanto, el superávit de cuenta corriente alcanzaría este año el 1,3 por ciento del PIB, medio punto menos que el año pasado. Para 2006 se proyecta su virtual neutralización, con sólo el 0,1 por ciento.
En materia de inflación la previsión es del 9,5 por ciento para el corriente año y del 10,4 para el año próximo. Según el Fondo, la aceleración del IPC no responde ni a la posición exportadora de la Argentina, basada en commodities en alza en los mercados internacionales, ni a la estructura oligopólica en la formación de precios. Tampoco al cierre de brecha del Producto luego del largo período de fuerte crecimiento. La explicación debe buscarse en el crecimiento de las presiones salariales y en el insuficiente ajuste monetario. La recomendación sigue siendo la de los vetustos manuales de los organismos: la elevación de la tasa de interés. “La inflación se ha acelerado” y “aunque se aumentaron las tasas de interés, se requiere un ajuste mayor”, insiste el reporte.
Pero las recomendaciones no fueron solo de política monetaria. El FMI nunca se olvida de los grupos de interés y vuelve a las conocidas recetas para “sostener un sólido crecimiento de mediano plazo”. A la cabeza de la lista se ubicaron las “políticas fiscales prudentes”. ¿Qué resulta prudente para el FMI? Avanzar en la eliminación de los impuestos a las exportaciones y a las transacciones financieras, los que se refieren bajo la eufemística expresión de “impuestos distorsivos”, concretar las “reformas estructurales” y “una resolución de los atrasos de pagos que persisten con los acreedores privados”, es decir: algún tipo de acuerdo con los bonistas que boicotearon el canje de deuda. En un nivel más desagregado el Fondo no se olvida de las privatizadas, aunque sin profundizar recomienda “más incentivos para que el sector privado participe en la provisión de servicios públicos”. Si hay algo que no puede negársele al FMI es la continuidad atemporal de sus recomendaciones bajo cualquier escenario.
Para América latina en su conjunto la previsión de crecimiento fue del 4,1 por ciento para 2005. Aunque importante, la cifra estará por debajo del revisado 5,7 por ciento del año pasado, cuando se alcanzó un record desde 1980. Para 2006 se espera que el PIB regional suba el 3,8 por ciento. Los previsibles riesgos que se ciernen sobre el horizonte son el debilitamiento de los mercados de materias primas, excluido el petróleo, y el alza de las tasas de interés en los países centrales. Al parecer, lo bueno para controlar la inflación en Argentina es malo si se traslada a los países más industrializados.

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Raghuram Rajan, economista jefe del Fondo Monetario, no se cansa de repetir lo mismo sobre Argentina.
 
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