ECONOMIA › FELISA MICELI DESAFIA A LOS ORTODOXOS Y CUENTA LAS IDEAS DEL GOBIERNO

“Es inflación o la paz de los cementerios”

La presidenta del Banco Nación se anticipa a la polémica por el costo de vida que se desatará el miércoles, cuando se difundan los datos de septiembre. En este reportaje con Página/12, revela los planes para después de las elecciones, con varias medidas heterodoxas.

 Por David Cufré

Felisa Miceli llegó a la función pública de la mano de Roberto Lavagna y creció a su lado hasta alcanzar la presidencia del Banco Nación. Su perfil progresista, sus opiniones filosas le valieron el reconocimiento de Néstor Kirchner, quien hoy la tiene entre sus preferidas. Por conocer a ambos, pronostica que el ministro de Economía seguirá firme en su puesto después de las elecciones. También anticipa que el Gobierno avanzará con una serie de medidas heterodoxas, como utilizar los fondos de las AFJP para promover la inversión y otras, como el combate al trabajo en negro, para “acelerar la reducción de la pobreza y mejorar la distribución del ingreso”. Sobre la inflación, dice en este reportaje con Página/12 que es preferible convivir con ella que apelar a las recetas ortodoxas, que son “la paz de los cementerios”.
–La derecha dice que después de las elecciones se viene el zurdaje.
–No me gusta esa palabra. Zurdaje suena despectivo. Este gobierno demostró cómo trabaja, con qué metodología y para qué país. Si la derecha dice eso tiene mala intención.
–La versión surge por la posibilidad de que el Gobierno afiance su poder en las urnas y tenga espacio para medidas más audaces.
–El Gobierno nació con el 22 por ciento de apoyo popular y eso implica que en estas elecciones debemos transformar la imagen positiva en mayor cantidad de votos. Eso reforzará la posibilidad de hacer las tareas transformadoras que el país necesita.
–¿Como cuáles?
–La principal meta para esta etapa es mejorar la distribución del ingreso. Todas las medidas que reduzcan la pobreza y permitan una mayor inclusión son las que debemos seguir tomando, porque debo resaltar que se adoptaron muchas iniciativas en ese sentido.
–A pesar del fuerte crecimiento, la pobreza bajó muy poco en la última medición.
–Vamos a profundizar muchas medidas para acelerar la reducción de la pobreza. Una de ellas es el combate al trabajo informal. Tengo entendido que será una prioridad para el año que viene. Es un instrumento de los más importantes para aumentar los ingresos de la población. Actualmente el empleo en negro es demasiado alto.
–El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires implementará un subsidio universal para terminar con la indigencia, ¿la Nación podría imitarlo?
–Es una muy buena medida. El Gobierno dio muestras de su voluntad para resolver el problema de la pobreza y la indigencia. Muchos gobiernos provinciales también podrían generar instrumentos que universalicen la política social.
–La CGT pide extender el seguro de desempleo a los trabajadores informales despedidos.
–Hay muchas medidas en análisis. Son propuestas de distintas áreas de Gobierno. El Presidente tomará las decisiones en el momento que lo considere compatible con la marcha del programa económico. Los ritmos los impone él y seguramente tendrá en cuenta los resultados electorales.
Ortodoxia o progresismo
–¿Lavagna es ortodoxo?
–Lavagna es un gran ministro de Economía. Junto al Presidente están llevando adelante la política económica que Argentina necesita y lo seguirán haciendo en el futuro.
–¿Usted no cree en las versiones de su renuncia después de las elecciones?
–No, habrá una continuidad en el trabajo conjunto con el Presidente porque coinciden en los grandes temas que hacen al desarrollo del país. Ya es folklórica la especulación periodística sobre la salida de Lavagna.
–¿Cómo se resuelve el problema de la inflación?
–Reconoce una multiplicidad de causas. Para enmarcarlo hay que pensar que tenemos una economía que crece al 8 por ciento anual y se generan cuellos de botella en la estructura productiva. Necesariamente debemos pasar por una inflación un poquito más alta que la deseada, pero es eso o la paz de los cementerios. Es la receta del Fondo, que no bien subieron un poco los precios volvieron con la recomendación de ajustar el gasto y subir las tasas, que llevan a la recesión. Sus teorías son de un simplismo que espanta. Sólo llevan a la recesión, al desempleo y al cierre de empresas.
–¿No hay un camino intermedio entre la alta inflación y la paz de los cementerios?
–Necesitamos tiempo para que la oferta se diversifique y se agrande y para que maduren las inversiones. Con esta política económica, tengo la absoluta seguridad de que la demanda seguirá creciendo y habrá cada vez mejores salarios.
–Algunos apuntaron a los aumentos salariales como responsables de la inflación.
–Es un argumento para mantener los sueldos bajos. Si no hay ajustes de salarios, cómo distribuimos mejor el ingreso. En la estructura de costos de las empresas, los sueldos tienen una incidencia muy inferior a la de los ’90. Lo mismo ocurre con el costo financiero. Me inclino a pensar que la inflación es consecuencia de un incremento de la demanda que no pudo ser acompañado por la oferta.
–Lavagna fue uno de los que responsabilizó a los aumentos salariales por la inflación.
–No, el ministro dijo otra cosa y yo la comparto. Las subas deben responder a una mayor producción, porque si no, se genera una carrera indexatoria que siempre ganan los que fijan precios.
FMI, ¿con o sin quita?
–¿Le parece apropiada la política de desendeudamiento?
–Estoy absolutamente de acuerdo con toda la estrategia en materia de deuda externa. La quita a los acreedores privados es un logro inédito para cualquier país del mundo. El plan de desendeudamiento es correcto porque nos permite recuperar grados de libertad en el manejo de la política económica.
–Joseph Stiglitz propuso una quita al FMI, ¿le parece razonable?
–Si no se adoptó no es porque no se haya pensado. Pero el Gobierno tomó otro camino. Mantener la relación con el Fondo nos permite aumentar las exportaciones y estar insertos en el mundo financiero y comercial internacional. Por otra parte, somos el gobierno del desendeudamiento, no el que provocó la deuda. Nos tenemos que hacer cargo de los créditos inútiles que tomaron otros.
–¿Es imposible llegar a un acuerdo con el FMI?
–Me gustaría creer que en todo este tiempo el Fondo aprendió algunas lecciones. Podemos llegar a un arreglo, pero sólo si no impone un corset a la política económica. Si hay un acuerdo es para potenciar el programa que llevamos adelante, no para ponerle palos en la rueda.
–¿Habría que utilizar el superávit fiscal para aumentar jubilaciones y planes sociales antes que para cancelar deuda?
–El uso del superávit es muy racional y muy serio: pagamos deuda y al mismo tiempo subimos el gasto para salarios. Hay que buscar ese justo equilibrio, porque volver al déficit sería catastrófico. En los ’90, el Estado se llevaba el 45 por ciento del crédito disponible. En economía todo tiene que ver con todo. Aquellos que piensan que todos los males se pueden resolver en dos años hacen ejercicio de falta de responsabilidad. Lo mejor que podemos hacer es sentar las bases para un crecimiento sostenido por varios años, porque eso termina con la indigencia. No hay atajos.
–¿Qué opina de utilizar las reservas del Banco Central para promover la inversión?
–Todavía hay liquidez en el sistema financiero para cubrir la demanda de crédito para la inversión. Eventualmente, si en algún momento hiciera falta utilizar las reservas, se vería cómo se implementa. Como economista adopté el criterio de estudiar los pro y los contra de cada idea. No hay que ponerse barreras. Tenemos que estar abiertos a todas las ideas posibles que sirvan al objetivo de bajar la pobreza y lograr mayor equidad social.
–¿Las AFJP pueden financiar la inversión?
–Es una idea en la que estamos bastante activos. Podrían invertir en fideicomisos que respalden la inversión a largo plazo. Estamos trabajando, porque hace falta generar instrumentos que canalicen recursos hacia la producción.

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Felisa Miceli tiene el apoyo de Néstor Kirchner y Roberto Lavagna, y ella dice que ambos seguirán juntos.
 
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