ECONOMíA › PANORAMA ECONOMICO

Además del salario

 Por Alfredo Zaiat

En una situación de carencia de trabajo, la urgencia es encontrar uno. Cuando se consigue el conchabo, el objetivo inicial es preservarlo para luego intentar mejorar los ingresos y así incrementar el poder adquisitivo del salario. En ese sendero de recomposición de las relaciones laborales aparece el dilema de cuándo es el momento adecuado para desprenderse del lastre de normas de flexibilización que implican sobreexplotación de los trabajadores. En esa instancia se encuentran los sindicatos en la actual etapa de negociación de acuerdos con empresas, con intervención activa del Ministerio de Trabajo. La mayoría de los convenios firmados ha definido casi exclusivamente ajustes salariales. El inmenso ejército de reserva de des y subocupados y de empleados en negro, que constituyen poco más del 60 por ciento de la fuerza laboral, actúa como un potente disciplinador del lento proceso de recuperación de derechos perdidos durante la década pasada. Esa limitación, en realidad, actúa como una trampa porque las relaciones socio-laborales no son estáticas, sino que tienen una dinámica propia que permite simultáneamente avanzar en la formalización del trabajo, en la recuperación salarial y en la eliminación de cláusulas de flexibilización. Se trata de evaluar las relaciones de poder que se manifiestan en la sociedad, que hoy no son iguales a las que regían unos años atrás. La estrategia de avanzar por etapas tiene el riesgo de quedar rezagado ante el progreso de determinado proceso social, además de terminar convalidando reglas que se aspiran a modificar. Esto es lo que se manifestó con la sorpresiva interrupción del servicio en las cinco líneas de subterráneos, que generó caos en el tránsito y el insoportable padecimiento de casi un millón de personas para trasladarse en su jornada laboral. El conflicto de los subtes, confundido y viciados por la interna política en el gremio entre bases de izquierda y la conducción de la UTA, tiene origen en modalidades de flexibilización y reducción de costos implementados por las empresas en los ’90, como la tercerización de servicios. La mayoría de los acuerdos de los gremios con las empresas son por salarios, y poco y nada alteraron las condiciones laborales. En subtes se está transitando una vía de reversión de esas distorsiones pero sirve como modelo para comprender las características que han asumido las negociaciones colectivas modelo 2005.

El proceso de externalización de actividades secundarias (vigilancia, limpieza, asistencia al cliente) ha fragmentado no sólo el proceso productivo sino también al propio grupo de trabajadores y su representación. En un documento de investigación del Observatorio del Derecho Social, de la CTA, Negociación colectiva no salarial. 2002-2005, se destaca que el tratamiento de la cláusula de contratistas-tercerizaciones presentó diversas expresiones. En general, las partes tendieron a desvincular de la aplicación del convenio a los trabajadores que realizan tareas anexas, secundarias o no específicas de la actividad principal. Unos pocos los incorporaron al plantel estable de la empresa. Este último caso se verificó en el acuerdo del año pasado entre el sindicato de Obras Sanitarias y la desaparecida Aguas Argentinas, que incorporó a la dotación efectiva de la compañía al personal que prestaba servicios a través de la firma SAS, dedicada a la atención al cliente en el área de telemarketing.

En 2005 se homologaron 568 negociaciones colectivas comprendiendo a unos 2,2 millones de trabajadores. En un informe del Ministerio de Trabajo, elaborado por David Trajtemberg, se destaca que actualmente se desarrolla el período más largo de negociación colectiva ininterrumpida desde su instauración en 1953. También se precisa que los grandes convenios colectivos de actividad que tuvieron homologación el año pasado (comercio, metalúrgicos, construcción y alimentación, entre otros) se implementaron mediante acuerdos, sin renovación de contenidos y se circunscribieron con exclusividad a cuestiones salariales. Plantea que ahora se abre la oportunidad “para adaptar varios convenios colectivos a las nuevas formas de organización del trabajo, considerando la necesidad de incorporar criterios de eficiencia y calidad en el trabajo”. Informa también que, en ese sentido, sindicatos y empresas volvieron a reunirse en paritarias y “se encuentran analizando la posibilidad de renovar sustancialmente sus convenios colectivos ultraactivos de 1975”.

No hay dudas de que es saludable el retorno de las negociaciones colectivas. Pero entre los trabajadores que tuvieron ese instrumento en sus manos, lo urgente fue el salario, definiendo así límites a la negociación sobre las relaciones laborales globales. Conceptos como polivalencia, modalidades de contratación atípicas, jornadas rotativas, células, equipos de trabajo, remuneración variable son expresiones del proceso de precarización del trabajo. No mucho se ha avanzado en desarmar esa estructura de flexibilización, andamiaje sostenido por el temor al desempleo y acompañado, en forma pasivo o entusiasta dependiendo el caso, por gran parte de los capos sindicales.

Algunos casos son ilustrativos, a saber: el sindicato de químicos de Bahía Blanca firmó con PBB Polisur que “en atención a las especiales características de la actividad” se podrán fijar turnos de siete días de trabajo con uno de descanso; el sindicato del papel en Zárate acordó con Witcel que las vacaciones se concederán “en cualquier época del año de acuerdo con las necesidades del proceso productivo”; la Asociación Obrera Minera avaló en el convenio con Minera Argentina Gold la condición de que “las tareas, funciones y categorías incluidas en el convenio son polivalentes, de modo que el trabajador deberá realizar las tareas y funciones que la empresa le asigne”; y el Smata definió con Master Trim de Argentina que “los empleados podrán desempeñarse indistintamente en tareas de producción, inspección, mantenimiento, montaje y armado, operación de máquinas, manejo de materiales y acondicionamiento de herramientas y máquinas, entre otras”. En esas condiciones, como en otras más, el trabajador pasa a ser una variable adaptativa a las fluctuaciones de la demanda de los productos de las empresa. Esto tiene un impacto directo no sólo sobre el tiempo en que el trabajador pone a disposición del empleador, sino también “sobre la imprevisibilidad del goce del tiempo de ocio, afectando, en consecuencia, su calidad de vida”, apunta el documento del Observatorio.

Resulta revelador la identificación de ese tipo de contenidos en las negociaciones colectivas porque muestra que todavía prevalece el concepto de flexibilización, expuesto por el especialista Oscar Ermida Uriarte, como “la eliminación, disminución, aflojamiento o readaptación de la protección laboral clásica con la finalidad –real o presunta– de aumentar la inversión, el empleo o la competitividad de la empresa”. Ese tipo de cláusulas ha sido el principal tema de negociación en el período 1991-1999 que, según el Observatorio, se registraron en el 75 por ciento de los acuerdos suscriptos en ese lapso. Y mucho no ha cambiado en los actuales acuerdos.

En el informe del Ministerio de Trabajo se destacan los importantes avances en los últimos años, fomentando la negociación colectiva, pero reconoce que “queda aún un largo camino por recorrer en materia de distribución del ingreso, en la ampliación de los contenidos de la negociación colectiva y en la inclusión de los trabajadores no registrados”. Al respecto, los economistas Ana Rameri y Tomás Raffo en un reciente documento de la CTA, luego de destacar el retorno de ese ámbito de discusión, remarcan que se requiere potenciar la capacidad de negociación de los trabajadores para ampliar los horizontes de la estrategia sectorial en la que se inscribe el auge de la negociación colectiva. Más aún teniendo en cuenta que el funcionamiento fragmentado del mercado laboral acota los alcances de ese proceso puesto que los asalariados formales, sobre los que inciden los convenios, representan sólo el 35 por ciento de la fuerza laboral total.Además del salario está llegando la hora de avanzar en las negociaciones colectivas sobre condiciones de flexibilización laboral para no quedar nuevamente en las vías.

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