EL PAíS › EL DETRAS DE ESCENA DEL ENCUENTRO ENTRE KIRCHNER Y BERGOGLIO

Una foto planeada en detalle

Pareció una sorpresa, pero la coincidencia del Presidente y el titular de la Conferencia Episcopal en el homenaje a los religiosos palotinos asesinados en la dictadura estuvo estudiada. En las conversaciones previas tuvieron un papel activo el canciller Taiana, el secretario de Culto, Olivieri, y el de la Presidencia, Parrilli.

 Por Washington Uranga

El encuentro entre el presidente Néstor Kirchner y el cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y presidente de la Conferencia Episcopal, hecho ocurrido el pasado martes en el templo capitalino de San Patricio en el marco de un homenaje a los mártires de la fe organizado por la comunidad de San Egidio, y en el que se reconoció de manera particular a los religiosos palotinos asesinados durante las dictadura, puede haber iniciado una nueva etapa en las relaciones entre el Gobierno y la jerarquía de la Iglesia Católica. De hecho, tanto el Presidente como el cardenal estudiaron el momento y el escenario del encuentro y construyeron la ocasión sin dejarse llevar por las presiones y las ansiedades de los entornos y tampoco por las especulaciones de la prensa.

“Se dará cuando surja con naturalidad, sin apresuramientos ni presiones.” La frase, casi calcada, se podía escuchar en los últimos tiempos tanto de parte de los hombres cercanos al Presidente como de boca del propio Bergoglio, quien maneja los asuntos político-institucionales de manera muy personal y sin asesores o consejeros. Ni uno ni otro deseaban que el acontecimiento largamente anunciado y desmentido por la prensa se concretara en un marco de expectativas públicas que lo rodeara de una espectacularidad que ambos rehuían por considerar que no aportaba al sentido constructivo del encuentro. Por eso, los vecinos de la Plaza de Mayo buscaron que el hecho estuviera desprovisto de cualquier anuncio previo para evitar así presiones, conjeturas y especulaciones. Todo se manejó con estricta reserva y sólo trascendió el hecho cuando el Presidente arribó al templo ubicado en el barrio de Belgrano.

En realidad, lo más importante acontecido en San Patricio fue la foto del Presidente y Bergoglio estrechándose en un saludo cordial. “Lo importante es que rezamos juntos”, sostuvo el cardenal. “Nunca estuve alejado de la Iglesia”, dijo el Presidente. Para ambos lo realizado fue suficiente para desmontar versiones sobre enfrentamientos o disidencias. No hubo conversación a solas. Eso seguramente llegará después y tan de sorpresa como este encuentro, sin anticipos a la prensa. En eso Kirchner y Bergoglio acuerdan en el mismo estilo.

Para llegar hasta la posibilidad de fotografiarse juntos hubo un largo trabajo de parte y parte con la finalidad de aceitar las relaciones que se deterioraron, en primer lugar, por el episodio generado en torno de la carta que el obispo castrense Antonio Baseotto le dirigió al ministro de Salud, Ginés González García, lo que provocó el posterior desconocimiento oficial del obispo. En ese marco desde la Casa Rosada se leyeron como críticas directamente dirigidas al Gobierno las observaciones que los obispos hicieron en varios documentos y homilías respecto de la situación de pobreza y otras menciones sobre cuestiones sociales. El año anterior Kirchner decidió trasladarse el 25 de Mayo a Santiago del Estero y participar allí de la ceremonia religiosa de acción de gracias (Tedéum). Según dicen prefirió al entonces obispo Juan Carlos Maccarone que escuchar “sermones” de Bergoglio en la Catedral Metropolitana.

Por su parte, tanto Bergoglio como la mayoría de los obispos niegan rotundamente que las observaciones sobre la realidad social y sobre los pobres deban ser interpretadas como críticas dirigidas exclusivamente a la acción de gobierno. “Hablamos para todo el país”, dicen y “no podemos desconocer los problemas que existen”. Desde la otra acera se sostiene que “no nos molesta que se critique, pero nos preocupa que no se reconozcan los pasos que se han dado, los avances que se hacen”. Siendo el tema social uno de los que más divergencias puede causar, también es paradójico que sea en este campo donde se da la mayor colaboración entre Iglesia y Gobierno, particularmente entre el Ministerio de Desarrollo Social, la Comisión de Pastoral Social, presidida por el obispo Jorge Casaretto, y Cáritas, hoy encabezada por el obispo Fernando Bargalló y antes por el mismo Casaretto.

Desde el lado episcopal Bergoglio también recibió insistentes pedidos para hacer un gesto de acercamiento hacia el Presidente. Varios obispos le hicieron este planteo en forma personal y algunos de ellos en el seno de las dos últimas reuniones de la Comisión Permanente del Episcopado. Ahora el cardenal presidente de la CEA llegará con la “tarea cumplida” a la asamblea episcopal que se iniciará el 8 de mayo en Pilar. Para ello hubo que tejer, de parte y parte, una trama de encuentros en los que tuvieron mucho que ver el propio Bergoglio, el canciller Jorge Taiana, el secretario de Culto, Guillermo Olivieri, y el secretario general de la presidencia, Oscar Parrilli.

El “caso Baseotto” sigue siendo el principal obstáculo en la relación entre la jerarquía católica y el Gobierno. Pero por el momento de ambas partes se ha decidido hacer un paréntesis sobre el tema y dejar que la negociación por el punto avance por los caminos diplomáticos de la Cancillería directamente con el Vaticano. Tanto el Gobierno como la jerarquía saben que en este tema está operando un “enemigo común”, el ex secretario de Culto y ex embajador en el Vaticano, Esteban Caselli, y están decididos a no hacerle el juego.

Reencauzada la relación entre el cardenal y el Presidente, la prueba de fuego será una eventual declaración de los obispos en la asamblea de mayo y, posteriormente, la homilía que Bergoglio pronuncie en el Tedéum del 25 de Mayo en la Catedral, donde se espera que vuelva el Presidente. Los obispos insisten en que no deben renunciar a su vocación “profética” que los lleva a alertar sobre la situación de los pobres. En la Rosada quisieran que se destaquen más los aciertos que los errores y que se reconozcan los logros de esta gestión.

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El acercamiento de Kirchner y Bergoglio marca el inicio de una nueva etapa en las relaciones.
 
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