ECONOMíA › ANDRADE DE JESúS, DIRECTOR DE MARCOPOLO

Omnibus integrados

Marcopolo es una fábrica de ómnibus de capital brasileño. En 2008 produjo 23 mil unidades, aunque el año pasado cayó a 19 mil por la crisis internacional. Tiene plantas en Brasil, Argentina, Colombia, México, Sudáfrica y Portugal. Sólo en Brasil emplea a 11.700 personas y en el resto del mundo llega a 8 mil personas. Su director de negocios, Paulo Andrade de Jesús, aportó la visión del empresario industrial brasileño acerca del proceso de integración con Argentina.

–¿Avanza la integración productiva?

–Hay una evolución en la relación entre los países del bloque, y en este sentido hay pasos que seguir. Hay mucho por hacer, pero estas iniciativas apuntan a liberar barreras y nos acercan a tener un bloque comercial común.

–¿Cómo se vincula Marcopolo con la Argentina?

–Nosotros hicimos la primera inversión en la Argentina en 1999, cuando instalamos una planta en Río Cuarto, Córdoba. Después vino la crisis y como consecuencia tuvimos que parar las operaciones allí. Recién en 2007 adquirimos la mitad de la empresa argentina Metalpar, ubicada en Loma Hermosa, donde ya estamos integrando procesos industriales respecto de nuestra planta brasileña.

–¿Qué tipo de producción localiza la compañía en Argentina?

–Allí producimos alrededor de 2000 buses al año. Como la inversión para fabricar todos los modelos en la Argentina demandaría una inversión demasiado grande, tenemos dos focos. Los micros de doble piso los producimos en Brasil y los buses urbanos los hacemos en Argentina, porque estos vehículos tienen un menor grado de tecnificación. Por ahora ni siquiera llegamos a suplir la propia demanda argentina de city buses. Pero por los costos, la Argentina está muy bien para exportar en un futuro estos vehículos a Chile, Uruguay o incluso Brasil. Pero no tenemos esa capacidad de producción aún.

–¿Por qué la compañía decide producir en Argentina?

–Porque nos conviene. Se reduce mucho el costo logístico. Y en algún momento incluso podríamos incorporar la producción de buses de dos pisos. Nuestra planta allí debería ir ingresando en un sendero de mayor sofisticación tecnológica.

–En la Argentina suele haber quejas sobre una supuesta falta de seguridad jurídica y cambios en las reglas de juego. ¿Cómo lo ve el empresario brasileño que invierte?

–El grado de seguridad en Argentina es igual que el que existe en cualquier otro país. No son significativas las diferencias.

–¿Considera que el tipo de cambio se mantiene competitivo?

–En la Argentina, respecto de Brasil, los vectores cambiarios se distanciaron. Desde allí, comprar un producto brasileño es caro. El peso se devaluó y el real se apreció, entonces se abrió una brecha. La situación es distinta en Uruguay por ejemplo, donde la moneda evolucionó de forma más parecida al real.

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