ECONOMíA › LA FUNDACION CAPITAL PROPONE ABRIR EL CORRALITO

González Fraga por la mitad

 Por Julio Nudler

“Es como lo de (Javier) González Fraga, pero por la mitad”, bromeó el economista Carlos Pérez, de Fundación Capital, en diálogo con Página/12. Se refería así a la propuesta de abrir el corralito, lanzada ayer por la consultora que supo conducir Martín Redrado hasta mudarse a Relaciones Exteriores con Carlos Ruckauf. La FC propone liberar plenamente –aunque bastante licuados– los depósitos a la vista y en ahorro (unos 26 mil millones de pesos), pero con un detalle: el Banco Central pondría la mitad del dinero, prestándoselo a los bancos a través de redescuentos, y el resto sería aportado por los propios bancos. A éstos se les ofrecería, como anzuelo, captar como clientela a los argentinos de clase media que atesoran dólares ociosos en algún escondrijo. Esos ahorristas podrían colocarlos en bancos locales bajo condiciones offshore, como si se tratara de entidades de algún paraíso financiero caribeño. Obviamente, esta opción renuncia a canalizar esos fondos hacia créditos en el país, crítica ante la cual Pérez observa que, de todas formas, “esos dólares hoy no le sirven a nadie”.
La Fundación también sugiere ofrecerles a los bancos un seguro de cambio para su deuda en dólares. Los proponentes reconocen que este esquema profundizaría la “depuración y extranjerización” del sistema bancario. Este “premio” a la banca internacional, que se alzaría con casi todo el circuito financiero nacional, no concuerda con el sentimiento de repudio del público, que tras la implantación del corralito comprobó que los bancos extranjeros no hicieron nada por defender a sus clientes, y que las casas matriz se desentendieron de sus filiales en el país.
La FC también propone la absorción de todos los bonos moneda en circulación, que serían canjeados por pesos. Con esta emisión “por única vez”, la base monetaria treparía un 50 por ciento, a 39 mil millones de pesos. Relacionando esta cifra con las reservas líquidas existentes se obtiene una paridad técnica de 3 pesos por dólar, cuya estabilidad sería garantizada por una estrategia de emisión monetaria cero, después de la inicial, destinada a abrir el corralito y deglutir los bonos-moneda. Para que esto pueda funcionar será preciso alcanzar finalmente el déficit fiscal cero, que la FC quiere asegurar elevando las retenciones a un promedio del 25 por ciento.
Es evidente que un dólar a 3 pesos desencadena, aun dentro de un contexto de depresión económica y masivo desempleo, un fuerte impacto sobre los precios internos. La propia Fundación predice una inflación del 60 por ciento en el año. No obstante, para darle valor intertemporal a su propuesta, impulsa la sanción de una ley convenio que congele por cinco años el gasto público nominal de la Nación y las provincias. Esto, por supuesto, implica que los empleados estatales –de docentes a paramédicos, de policías a inspectores– sufrirán una pérdida de casi 40 por ciento en su capacidad adquisitiva. Lo mismo debería ocurrir con los jubilados.
No es seguro que esa masa de asalariados se resigne a semejante deterioro, ni que éste no resienta aún más la calidad de los servicios imprescindibles que debe brindar el Estado. Ese sacrificio de los estatales serviría en parte, en el esquema de la FC, para solventar el pago de intereses a los acreedores, interrumpido con el default, y en parte para constituir un fondo anticíclico, que serviría para cubrir los baches en tiempos flacos. Se supone que la recaudación proporcionada por las retenciones (75 centavos por cada dólar que genere la exportación) brindará la holgura fiscal que se necesita para atenuar las fluctuaciones económicas, que en el caso argentino son más bien pronunciadas.
Para la política cambiaria, la FC prescribe intervenciones activas del Central en el mercado para “defender” la paridad. La tarea se verá facilitada por el elevado tipo de cambio, superior incluso al del cierre de ayer. Solo que ese dólar, combinado con una marcada reducción en el poder de compra de los asalariados y una estrategia de emisión monetaria cero, no permitiría esperar una reacción del consumo –al menos no en elpróximo año–, mientras la exportación, que debería oficiar de motor reactivante, cargase a través de las retenciones con el peso del cierre fiscal.

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