EL MUNDO › HABLA EL EGIPCIO OMAR ASHOUR, DIRECTOR DEL PROGRAMA DE MEDIO ORIENTE DE LA UNIVERSIDAD DE EXETER

“El fin de Khadafi se dará en semanas”

Además de explicar la guerra en Libia, el experto dice que en Siria el gobierno de Asad intenta descomprimir la situación abriendo espacios para la oposición y en Egipto la situación económica está impactando en la transición política.

 Por Marcelo Justo

Desde Londres

La orden de arresto por crímenes de lesa humanidad contra Muammar Khadafi y su hijo Saif al Islam es un nuevo capítulo de la compleja trama que sacude al mundo árabe desde principios de año. Mientras nadie sabe cuánto durará el actual empate militar en Libia, en Siria el gobierno de Bashar al Asad intenta descomprimir la situación abriendo espacios para la oposición y en Egipto la situación económica está impactando en la transición de la dictadura de Hosni Mubarak a algo que aún no tiene un contorno político definido. El director del programa de Medio Oriente de la Universidad de Exeter en el Reino Unido, el egipcio Omar Ashour, autor de The De-Radicalization of Jihadists: Transforming Armed Islamist, dialogó con Página/12 sobre la situación actual de la “revolución árabe”.

–¿Qué impacto tendrá en el conflicto libio la orden de arresto de la Corte Internacional Penal por crímenes contra la humanidad?

–Creo que los simpatizantes de Khadafi y, en especial el estamento militar, empiezan a sentir que el cerco se cierra sobre el gobierno. Esto va a erosionar la moral de las fuerzas de Khadafi. El cálculo de muchos será que llegó la hora de abandonar las filas del gobierno.

–Al mismo tiempo hay señales de agotamiento de ambas partes. En Trípoli hay informaciones de que al gobierno ya no le queda gas. En la segunda ciudad libia, Benghazi, los rebeldes se quejan de que hay graves limitaciones en el suministro médico. El bombardeo de la OTAN empezó hace más de cien días. ¿No hay una especie de fatiga de guerra?

–Esta es una guerra de desgaste. Creo que en lugares como Benghazi el impacto se sentirá menos por el apoyo que los rebeldes obtienen de Egipto y otros países. El gobierno está más aislado y eso se nota. Hay ciertas informaciones de que Khadafi está apoyado por Argelia, pero también hay señales de que este apoyo llega con cuentagotas. Los rebeldes están cada vez más cerca de Trípoli, con lo que la combinación de presión militar en el terreno, presión económica por el impacto de las sanciones y legal por la Corte Internacional de Justicia va a sentirse en las fuerzas militares del gobierno, provocando deserciones ante la percepción de una situación insostenible y una derrota inevitable. Es posible además que todo esto estimule a la población civil en Trípoli a movilizarse contra Khadafi, algo que la gente no ha hecho hasta ahora por temor. No me gusta hacer pronósticos, pero creo que el fin del gobierno se dará en semanas o, a lo sumo, meses.

–Mientras tanto, en Siria, este lunes el gobierno dejó que la oposición se reuniera en Damasco. ¿Cree que esto puede descomprimir la tensión?

–Es una buena táctica del régimen. Ninguno de los países con un gobierno similar al sirio adoptaron este camino. De cara a la comunidad internacional, el mensaje es que hay plena libertad, ya que la oposición se reúne libremente para pedir que se derroque al gobierno sin que el gobierno intervenga. Pero al mismo tiempo es un juego peligroso, porque otorga legitimidad a la oposición y muestra que la protesta contra Bashar al Asad no está dominada por Al Qaida o los islamistas. En 2000 el gobierno sirio hizo algo parecido, pero después de unas semanas, cuando crecieron mucho las críticas, hubo represión. Habrá que ver qué pasa ahora.

–Egipto fue un capítulo crucial de la revolución en el mundo árabe, pero ahora está enfrentando serios problemas económicos. ¿Cree que estos problemas pueden frenar o revertir la revolución política?

–Egipto siempre tuvo problemas económicos. Hay dos factores críticos: cuánta ayuda exterior recibirá el país y en qué medida se podrá eliminar la corrupción. En este momento hay mucha fuga de capitales, en especial de simpatizantes de Mubarak. Se necesita además una reforma económica que ponga fin al agujero negro que son los activos de las fuerzas armadas. A esto se añade el proceso político. Las elecciones deberían ser en septiembre, pero hay una campaña para que haya una Constitución primero. Los sectores seculares temen que los islamistas ganen las elecciones y terminen ellos redactando una nueva Constitución. Es lamentable que tengan esta mentalidad derrotista, porque están pidiendo que el ejército se quede más tiempo en el poder con la esperanza de que con seis meses más para organizarse podrán ganarles a los islamistas. Lo cierto es que los islamistas están a su vez muy divididos. La Hermandad Musulmana está representada por cinco partidos. No se justifica todo este miedo.

–En unos días va a partir una flotilla humanitaria con destino a la Franja de Gaza. El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, ha dicho que no van a permitir que llegue. Teniendo en cuenta que el año pasado murieron nueve activistas cuando Israel atacó una flotilla similar, ¿puede una acción israelí unificar el mundo árabe y oxigenar a Siria o Libia?

–Libia no podrá sacar provecho porque está intentando sobrevivir, pero Siria va a usarlo de una manera u otra para salir de la actual crisis. Cuando en 2009 Israel bombardeó la Franja de Gaza, los grupos islamistas y nacionalistas sirios suspendieron sus actividades hasta que terminó el bombardeo para apoyar la posición del gobierno. Esto es lo que ha hecho el gobierno durante los últimos treinta años, presentándose como el único régimen que le hace frente a Israel. Si hay violencia, será un desastre para todos. Egipto estará bajo mucha presión porque tendrá que, cuanto menos, intensificar la presión retórica, algo que uno nunca sabe dónde puede terminar.

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Represión en la plaza egipcia de Tahir. Ashour dice que la situación económica complica la transición.
 
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