EL MUNDO › QUE PIENSAN DEL CONFLICTO EN LOS ATESTADOS CAMPOS DE REFUGIADOS DE JORDANIA

La calle palestina está entre el miedo y el odio

Jordania es una retaguardia muy tensa de la guerra norteamericana a Irak, y en ningún lugar esa tensión es mayor que en los campos de refugiados palestinos. Página/12 estuvo allí y recogió los testimonios de sus diaspóricos habitantes.

 Por Eduardo Febbro

Fuera de los territorios palestinos de Cisjordania y Gaza, el único lugar de Medio Oriente donde se puede izar una bandera palestina sin que la policía se anime a sacarla es Baka-a, el campo de refugiados palestinos más grande de la región, situado a apenas 15 kilómetros de Ammán, la capital de Jordania. Hay casi 130.000 almas dentro de este caserío inmenso, de construcciones bajas y callejuelas populosas levantado a lo largo de la dramática historia del pueblo palestino. En Baka-a, Bin Laden es un aliado útil y el presidente iraquí Saddam Hussein una suerte de “traidor valiente”. Las lenguas no se sueltan con facilidad. El trabajo de los servicios de seguridad jordanos torna difícil las opiniones en voz alta. Todos tienen miedo, en primer lugar las autoridades, para quienes los campos palestinos son una mecha encendida. Para venir a Baka-a a realizar un reportaje hace falta pedir un permiso especial del gobierno jordano o, de lo contrario, entrar clandestinamente. Pocos se animan a hablar con soltura en este campo donde vinieron a vivir los palestinos luego de los dos grandes éxodos forzados de 1948 y 1967.
Jugando con una pelota de fútbol a medio inflar, como si hablara con la nada, Haschin, un joven palestino de 17 años, dice:”Saddam es el único que osó enfrentar a los norteamericanos. Al lado de él, los demás dirigentes árabes son traidores”. Los sentimientos de los palestinos de Jordania son paradójicos. La gran mayoría piensa que Saddam Hussein se portó como “un mal musulmán”, pero el hecho de que haya “desafiado” al gran “amo norteamericano” y que se haya “expuesto él y su pueblo” a las bombas bastan para hacer de él una “voz legítima del mundo árabe”. Entre miedo y resignación, entre admiraciones forzadas y amenazas crecientes, los palestinos denuncian a través de Saddam el comportamiento de los dirigentes árabes, su “servilismo ante las demandas de Washington”, la obediencia sin “dignidad ni respeto por la causa árabe” y el sometimiento de una clase política a la que juzgan corrompida por las sucesivas administraciones norteamericanas. Las opiniones pasan de oído en oído. “Jordania y Egipto actuaron lisa y llanamente como sirvientes de Estados Unidos”, asegura Mirevat. Estas declaraciones y las manifestaciones contra la guerra traducen mal la posición real de los palestinos. Saddam Hussein tiene poco eco popular, es apenas el eslabón de una causa mucho más grande cuyo objeto final es el repudio de la “geopolítica asesina y disparatada” de la Casa Blanca, según dice Mahmud, un palestino nacido en Baka-a. En el curso de la primera Guerra del Golfo, el “raïs” de Bagdad era admirado como un héroe sólo porque había atacado Israel disparando 39 misiles Scud. Sin embargo, los palestinos piensan que Saddam “se aferra al poder a costa de la vida de su pueblo”, dice Abhir.
A sus escasos 20 años el joven tiene principios definidos y enemigos perfectamente identificados. “El presidente iraquí le hizo frente a los Estados Unidos, pero al mismo tiempo trajo la peor de las desgracias. Por su culpa, la región va a estar bajo el control de una potencia extranjera. Saddam Hussein nos conducirá al abismo”. Atef Al-Jolani, redactor en jefe del semanario Assabel, está seguro de que “la guerra santa, la jihad, es inevitable. Estados Unidos y sus aliados árabes serán los primeros en soportar las consecuencias de la rebelión de los pueblos árabes”.
Saddam Hussein está omnipresente en las conversaciones, no tanto por el “desafío” sino por los miedos profundos que suscita la situación actual. La crisis iraquí ha despertado la peor de las pesadillas. Los palestinos de Jordania están convencidos que el primer ministro israelí Ariel Sharon se va a servir de la guerra para provocar un desplazamiento masivo depoblación. Para muchos jóvenes de Baka-a, la guerra en Irak esconde dos pretextos: “el petróleo” y un supuesto “complot” a fin de desplazar a los palestinos de Cisjordania o llevar a los que están instalados en Jordania al desierto de Azraq. Abhir sostiene que, si el plan llega a ser ese, “se equivocan o no tienen memoria. Dos veces nos tuvimos que ir de nuestra tierra, en 1948 y 1967. Ahora no habrá más éxodos masivos. Los palestinos entendieron una cosa: entre huir y quedarse, elegimos morir en nuestras casas, con las llaves en las manos”.
Las imágenes de la guerra difundidas a borbotones por los televisores producen un impacto terrible. Los jóvenes asisten a la confirmación de lo que llaman “una estrategia asesina, meditada y aplicada para eliminar a los pueblos árabes”. La forma en que operan las tropas anglonorteamericanas les hiela la sangre. Para ellos, no hay ninguna diferencia entre los métodos empleados por el ejército israelí en Cisjordania y Gaza y los que usan en Irak británicos y norteamericanos. Las mismas imágenes se suceden a una escala descomunal: “Destrucción de los centros de poder y de los símbolos, no respeto de los emblemas religiosos y los sitios sagrados, detención de personas con métodos salvajes y humillaciones, manos atadas, bolsas de plástico en la cabeza. Eso es exactamente lo que hace el ejército israelí en los territorios. Ya sabemos dónde lo aprendieron”, explica un palestino de 50 años.
El hombre levanta la vista hacia el televisor y se queda mirando la nada, como si de pronto tuviera frente a él un álbum de fotos lleno de malos recuerdos.

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Quemando una bandera norteamericana en Ammán.
 
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