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Se corre el telón de humo sobre la muerte de los hermanos Hussein

El presidente George W. Bush aprovechó ayer para dar una alocución con aires de éxito sobre Irak al día siguiente de que se anunciara la muerte de los hijos de Saddam. Pero enseguida reflotó el escandaloso tema sobre la falsedad del discurso que dio en enero pasado.

Por Javier del Pino *
Desde Washington

“La resistencia a la ocupación es escasa, el apoyo del pueblo iraquí es cada vez mayor, los reductos del antiguo régimen son mínimos y la muerte de los hijos de Saddam demuestra que su gobierno del terror no volverá.” Bush interpretó ayer de esta manera triunfalista lo operación militar de Mosul que concluyó con la muerte de Uday y Qusay. Aunque la Casa Blanca trataba de aprovechar al máximo ese acontecimiento, la polémica sobre las acusaciones falsas volvió a crecer con una nueva revelación: la CIA pidió a la Casa Blanca por escrito que Bush no siguiera usando esos datos dudosos.
Los servicios de protocolo de la Casa Blanca montaron el atril del presidente estadounidense en el Rose Garden, un lugar que, en nivel de solemnidad, está sólo un escalón por debajo del Despacho Oval. El presidente escogió a tres personas para acompañarlo en un discurso impuesto claramente como primera ceremonia de explotación política de los acontecimientos de anteayer. Estaban junto a él, con gesto circunspecto pero satisfecho, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld; la autoridad civil de Estados Unidos en Irak, Paul Bremer, y el presidente de la Junta de Estado Mayor, Richard Myers. Según Bush, la muerte de los hijos de Saddam representa “el final de dos de los mayores secuaces del régimen”. “Los hijos de Saddam Hussein eran responsables de torturas, suplicios y asesinatos de innumerables iraquíes. Ahora, más que nunca, los ciudadanos de Irak pueden estar seguros de que el antiguo régimen ha desaparecido y no va a volver”, dijo el presidente.
Las emboscadas que sufren a diario los soldados estadounidenses están organizadas, según Bush, por un “pequeño grupo” de personas leales a Saddam que tratan de impedir “el avance de la libertad”. “Esos asesinos son enemigos del pueblo iraquí. Operan principalmente en unas pocas zonas del país. Estén donde estén, vamos a por ellos. Y serán vencidos. Nuestras fuerzas militares están a la ofensiva. Trabajan con el pueblo iraquí recién liberado para destruir los reductos del antiguo régimen y sus aliados terroristas”, dijo Bush.
La Casa Blanca hizo también acuse de recibo a la petición formulada el día antes por el secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, que pidió un calendario claro y apresurado para la recuperación de la soberanía: “El embajador Bremer me ha informado sobre la estrategia para acelerar el progreso hacia ese objetivo”, dijo Bush, que habló de “plazos ambiciosos” sin ofrecer fechas concretas. Al mismo tiempo, Bush sugirió que no tiene intención de pedir una nueva resolución de la ONU para movilizar a la comunidad internacional en el envío de tropas de paz. Sólo habló de “hacer cumplir la resolución 1483, que tiene como objetivo un Irak libre y seguro”. Varios miembros del gobierno de Bush se resisten a pedir ayuda expresa a la ONU, a pesar de que países como Francia o Rusia quieren un nuevo mandato antes de comprometerse al envío de soldados, lo que Bush contempla como un “castigo diplomático” que no está dispuesto a recibir. El entusiasmo no disimulado de la Casa Blanca ofrecía un contraste inesperado con la sensación que cundía el lunes, cuando Bush llegó a pedir ayuda a varios republicanos del Capitolio para tratar de apagar el incendio político que ha provocado la polémica sobre las acusaciones falsas contra Irak.
La jornada no fue enteramente satisfactoria para el presidente porque una nueva revelación le empañó las celebraciones. Igual que en la CIA el director, George Tenet, asumió la culpabilidad del desastre, alguien en la Casa Blanca tuvo que pedir perdón para que la depuración de responsabilidades no siga subiendo en el escalafón presidencial. Le tocó a Stephen Hadley, la mano derecha de Condoleezza Rice en el Consejo de Seguridad nacional, que reconoció haber recibido dos informes secretos dela CIA y una llamada de Tenet para pedir que se eliminara de los discursos de Bush la referencia a las intenciones nucleares de Irak. Hadley sólo lo hizo público cuando la CIA filtró la existencia de los documentos escritos; ofreció su puesto pero Bush no aceptó su dimisión. Hadley reconoce que eliminó las acusaciones en los discursos de Bush, pero que se le “deslizó” en el discurso sobre el Estado de la Unión.

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

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El presidente Bush, a su derecha el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, y difuso, Richard Myers.
 
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