EL MUNDO › ALEXIS TSIPRAS VIAJARá A CHIPRE, ITALIA Y FRANCIA EN BUSCA DE APOYO PARA RENEGOCIAR LA DEUDA

Grecia pondrá su plan sobre la mesa europea

Desde París, el ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, quiere encontrar una solución a la situación financiera de su país antes de fines de mayo. Trabaja en una reducción de la deuda y una salida a las políticas de ajuste.

Alexis Tsipras enfrenta una semana clave con una gira por las principales capitales europeas para explicar sus propuestas económicas a los países miembro de la Unión Europea (UE). El primer ministro griego propondrá además mediar entre Bruselas y Rusia para frenar la crisis entre ambas naciones. Tsipras tiene previsto reunirse mañana con el primer ministro italiano, Matteo Renzi, y el miércoles con el presidente francés, François Hollande, a quienes pedirá apoyo frente a las intransigencias demostradas por Alemania, motor económico del bloque regional. El flamante premier griego busca apoyo para que la llamada troika de acreedores –el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea (CE) y el Banco Central Europeo– acepte una quita de la deuda en la economía helena. El resultado de esas primeras reuniones será crucial, ya que el mismo miércoles por la tarde Tsipras mantendrá un encuentro con el presidente de la CE, Jean–Claude Juncker.

El ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, quiere encontrar una solución a la situación financiera de su país antes de fines de mayo, señaló ayer desde París, adonde viajó para reunirse con los titulares de Finanzas, Michel Sapin, y de Economía, Emmanuel Macron. Hasta entonces, Atenas no pedirá nuevos créditos, aseguró. Varoufakis viajará hoy a Londres y mañana a Roma. Según adelantó, tiene previsto visitar lo antes posible Berlín y Francfort. Varoufakis, que trabaja en una reducción de la deuda griega (asciende al 175 por ciento del PIB) y una salida a las políticas de ajuste, inició el sábado por la noche una gira europea en busca de aliados. El viernes se reunió con el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem. En medio de un clima tenso, dejó en claro que el nuevo gobierno en Atenas no reconoce a la troika como un ente independiente y que no avanzará con las reformas neoliberales prometidas por sus antecesores. Poco después, el ministro de Finanzas matizó su rechazo a la troika en una entrevista con la cadena pública británica BBC. “Lo que estamos pidiendo son unas semanas para poner en marcha propuestas racionales que tienen el objetivo de minimizar el costo de esta crisis para la mayoría de los contribuyentes europeos, no sólo para los griegos”, destacó.

Asimismo, Varoufakis habló con el diario griego To Vima. “No quiero hacerles perder el tiempo (a los prestamistas), porque no están autorizados a hablar sobre la sustancia y la lógica del programa de rescate”, dijo Varoufakis a la edición dominical del diario. “¿Por qué deberían malgastar su energía y su tiempo?”, se preguntó. La troika le fijó a Grecia un objetivo a alcanzar: un excedente fiscal primario del 4,5 por ciento del PIB de aquí a 2020. Objetivo que una fuente del gobierno calificó el jueves de no realista.

“Le aseguro que el excedente primario no se convertirá en un déficit primario. Pero no vamos a tener unos excedentes primarios enormes, porque eso supone un agujero negro para la economía griega, que chupa básicamente la energía de una economía que precisamente carece de energía”, argumentó el ministro. Según Varoufakis, el programa de ajustes, reformas y privatizaciones impuesto por la troika no sólo no es bueno para Grecia sino que es muy malo para toda Europa.

Tiempo es lo que falta en las negociaciones que Grecia mantiene con el establishment político y económico de Europa. El 28 de febrero terminan los dos meses de prórroga del plan de rescate que la troika y el anterior gobierno griego acordaron el año pasado. El acuerdo supone que Atenas debe comprometerse a nuevos ajustes y reformas a fin de obtener 1800 millones de euros. Las negociaciones se interrumpieron tras la convocatoria a elecciones generales anticipadas, en las que Syriza, el partido de Tsipras, arrasó. Ahora es el turno del nuevo gobierno de sentarse a la mesa con los acreedores internacionales.

Antes de viajar mañana a Roma, Tsipras irá a Chipre. Es tradición que los jefes de gobierno griegos hagan su primer viaje oficial fuera del país a esa isla. Sin embargo, esta vez, además de los típicos temas bilaterales y la difícil relación con Turquía, que aún tiene bajo su control un tercio de la isla, es muy probable que Tsipras busque garantizar el apoyo de ese gobierno en la disputa que mantiene con las potencias europeas sobre el enfrentamiento con Rusia. Según versiones periodísticas que circularon la semana pasada, Chipre, como el nuevo gobierno griego, no está de acuerdo con sumar más sanciones contra Rusia por el conflicto separatista en Ucrania.

La confrontación entre las potencias europeas y Moscú podría ser uno de los primeros conflictos políticos entre los más poderosos del bloque y Atenas, por fuera de la siempre prioritaria puja por la deuda helena. “Grecia no debe convertirse en parte del problema, ni cortar las relaciones históricas con Rusia, sino que puede desempeñar un papel especial en la mediación y el desarrollo de la negociación entre las dos partes”, propuso el canciller de Tsipras, Nikos Kotzias, en una entrevista publicada ayer por la agencia griega de noticias Amna. El ministro griego explicó que se oponen a nuevas sanciones contra Rusia porque éstas provocarían la destrucción de los sectores económicos de Rusia.

“En el último consejo de ministros europeos, mis colegas entendieron que no pueden tratar a Grecia como un Estado paria sólo porque debe dinero. La experiencia de estos últimos cinco años es que la UE está obligada a negociar”, agregó el canciller. El jueves, Bruselas tenía listo el anuncio de una tercera tanda de sanciones contra Moscú por su presunto apoyo a los separatistas ucranianos, pero tuvo que posponerlo luego que Kotzias alertara que una decisión de este nivel debe ser tomada por consenso y que su país no está de acuerdo con la visión mayoritaria del bloque.

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Según Varoufakis (izq.), el programa de ajustes y privatizaciones no es bueno ni para Grecia ni para toda Europa.
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