EL MUNDO › NELSON BARBOSA ASUMIó COMO MINISTRO DE HACIENDA

Dilma apuesta al cambio

El mayor temor del mercado es que Barbosa, de perfil desarrollista, aplique políticas económicas y fiscales similares a las del primer gobierno de Dilma Rousseff.

Nelson Barbosa asumió ayer al frente del Ministerio de Hacienda de Brasil en medio de la desconfianza del mercado financiero, que teme que ceda a eventuales presiones del gobierno de Dilma Rousseff para abandonar la disciplina fiscal que intentó imponer su antecesor, Joaquim Levy. El nuevo ministro recibió elogios del Instituto Lula al igual que de Rui Falcao, titular del Partido de los Trabajadores (PT) que desde hace meses demandaba un cambio en el rumbo económico.

Antes de tomar el cargo formalmente, Barbosa participó en una teleconferencia con inversionistas de Brasil y del exterior, en la que reiteró que mantendrá la política fiscal de su antecesor con el objetivo puesto en equilibrar las cuentas. En esa línea, la presidenta Rousseff sostuvo que la renuncia de Levy no alterará la meta de recuperar el equilibrio fiscal, con la que está “totalmente comprometido” el flamante ministro. No obstante, el mercado reaccionó con nerviosismo: el dolar pasó la barrera de los cuatro reales, cotizado a 4,023 reales, y el índice Bovespa, principal indicador de la Bolsa de Valores de San Pablo, tuvo pérdidas de un 1,62 por ciento.

En declaraciones que reprodujo el portal G1, del grupo Globo, el ex director del Banco Central, Mario Mesquita, vaticinó que la presión sobre los activos brasileños continuará hasta que haya mayor certeza respecto a las prioridades que tendrá la política económica de Barbosa. Por su parte, analistas de mercado citados por el portal del diario Folha de Sao Paulo dijeron que el mayor temor del mercado es que Barbosa, quien comandaba el Ministerio de Planificación hasta su nombramiento en Hacienda, ceda, presionado por la presidenta, a aplicar políticas económicas y fiscales similares a las de su primer gobierno. Folha recordó que Barbosa este año respaldó aumentar el gasto público en discrepancia con el ajuste propuesto por ley.

Entre otras medidas que en opinión de los analistas son responsables de los problemas económicos que atraviesa Brasil, están la elasticidad en las metas fiscales –con propensión a aumentar la deuda pública gastando más de lo que ingresa– y la exención fiscal a determinados sectores con el fin de preservar los empleos y atraer a los capitales extranjeros. En declaraciones a los inversionistas, Barbosa se comprometió a mantener la meta de superávit primario para 2016, equivalente al 0,5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). La definición de esta meta, precisamente, fue el origen de la salida de Levy, que proponía un superávit del 0,7 por ciento y además ya había sufrido varias derrotas en el seno del Gobierno, incluso a manos del flamante titular de Hacienda. Barbosa, de perfil desarrollista, prometió combatir la inflación, que, según los últimos datos disponibles, llegó al 10,71 por ciento, entre enero y diciembre, lejos de la meta oficial del 4,5 por ciento, con margen de tolerancia de dos puntos porcentuales hacia arriba o hacia abajo.

En la ceremonia de asunción de Barbosa, Rousseff no hizo alusiones a las razones de la salida de Levy, que no fueron del todo aclaradas, pero valoró la gran capacidad del ahora ex ministro para “lidiar con las dificultades económicas en un ambiente de crisis política”. La jefa de Estado aludió al desgaste de la relación entre el gobierno y el Congreso, que impidió la aprobación de medidas que son parte de un fuerte plan de ajuste fiscal. La mandataria evitó referirse a su propia situación y a la decisión de la oposición de promover un juicio político con vistas a su destitución, lo cual será analizado a partir de febrero próximo por el Congreso.

Rousseff insistió en que las turbulencias de la economía del país, que según diversas previsiones este año se encogerá cerca del 3,8 por ciento y mantendrá esa tendencia negativa en 2016, responden en parte a la crisis política y a factores externos, como la caída de precios de las materias primas. Según la mandataria, el cambio del equipo económico no altera los objetivos del gobierno, que son alcanzar un mayor control de la inflación, así como eliminar la incertidumbre y recobrar el crecimiento. En este sentido, la presidenta sostuvo que “el equilibrio fiscal y el crecimiento de la economía pueden y deben ir juntos” y se comprometió, junto con su nuevo equipo económico, a crear las bases para nuevas medidas y reformas de medio y largo plazo que contribuyan para concretar un nuevo ciclo de expansión.

En el mismo acto de toma de posesión, la vacante dejada por Barbosa en la cartera de Planificación fue asumida por Valdir Simao, hasta ahora titular de la Contraloría General de la Unión, quien se comprometió a continuar con el trabajo de optimización del uso de los recursos del Estado. Simao, a su vez, fue reemplazado por Carlos Higino Ribeiro, funcionario que ocupaba el cargo de secretario ejecutivo en la Contraloría.

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Dilma dijo que con Barbosa los objetivos se mantienen: controlar la inflación y recobrar el crecimiento.
 
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