EL MUNDO › COMO SON LOS PRINCIPALES ENCAUSADOS POR LA CRISIS

Las siete caras de “tortugate”

Por Sandro Pozzi *
Desde Nueva York

El escándalo de los abusos y las torturas a presos iraquíes en la cárcel de Abu Ghraib tiene como protagonistas a tres mujeres y cuatro hombres que son un ejemplo de la América profunda. Ayer las autoridades militares encausaron a dos más. El próximo miércoles comenzará en el Centro de Convenciones de la capital iraquí la primera corte marcial contra uno de los siete miembros de la compañía 372 de la Policía Militar. Los abogados de los acusados insisten en que recibieron órdenes y fueron víctimas de la presión a la que los someten los servicios de inteligencia. El escándalo está poniendo en evidencia que ser soldados en EE.UU. es, en la mayoría de los casos, la última opción que tiene la gente poco preparada y de bajo nivel educativo para asegurarse el porvenir. Estos son los perfiles de los siete inculpados:
- El fotógrafo. Jeremy Sivits, de 24 años, mecánico, será el primero en pasar por la corte marcial. Es el que inmortalizó las imágenes que están dando la vuelta al mundo y por ellos está acusado de conspiración con los torturadores y de negligencia a la hora de proteger a los detenidos de los abusos. En la ciudad de Hyndman, en el condado de Bedford (Pennsylvania), no pueden creérselo y dicen que si lo hizo fue porque fue sometido a una fuerte presión por parte de sus mandos. Sivits nunca causó problemas, dicen sus amigos, y destacan que formó parte del consejo de estudiantes de su instituto. El alcalde de la ciudad, Thomas Cunningham, veterano de guerra, lamenta que sólo se esté involucrando a reservistas en este escándalo, a los “little guys” como él dice. Su padre, Daniel, afirma en este sentido que si está medido en este lío es porque le dieron órdenes para fotografiar los abusos.
- La pistolera. Al americano de a pie no le extraña que Lynndie England, de 21 años y embarazada de cinco meses, sea de Fort Ashbiy, en West Virginia, un estado con reputación de gente poco lista. Era una antigua empleada en una planta de tratamiento de carne de pollo y en la cárcel de Abu Ghraib era la responsable de tomar las huellas dactilares de los detenidos. De ahí pasó a convertirse en la gran protagonista del escándalo de sodomía. Sus manos haciendo de pistolas y apuntando sin dejar de sonreír hacia los genitales de los presos han roto todas las reglas del mundo musulmán. En enero llamó a su madre, Terrie, para contarle que algo terrible había sucedido. Le quedaban cuatro meses para salir del avispero iraquí y entonces ya sabía que su juego de fantasía erótica le iba a acarrear serios problemas. Sus familiares y amigos niegan la evidencia y no aceptan su culpabilidad. “No es nuestra Lynn”, dicen, y arremeten directamente contra el gobierno por estar dando la espalda a su “pequeña criminal de guerra”.
- El novio. Charles Garner, de 35 años y divorciado, es de Uniontown. Antes de alistarse en el US Army era funcionario de prisiones en Pennsylvania. Es el novio y padre del hijo que espera Lynn England. Garner posee un historial muy violento. Su ex mujer lo denunció en varias ocasiones ante la policía por maltratos y llegó a amenazarla de muerte con una pistola, hasta el punto de decir que no quería verlo cerca porque le tenía miedo. Una noche la sacó de la cama de los pelos y la tiró después por las escaleras. Incluso llegó a poner una cámara oculta en casa para espiarla. Los abogados de Garner dicen que actuó bajo las órdenes de la CIA.
- El jefe. Ivan Frederick, de 37 años, era el sargento de la unidad y el cargo más alto en la cárcel. Al igual que Garner, fue funcionario de prisiones y por ello debía saber cómo gestionar la situación. Se lo acusa de haber forzado a los presos iraquíes de adoptar las posturas sexuales y de pegar con fuerza a uno de ellos hasta casi causarle la muerte. Frederick mandó cartas y mensajes electrónicos antes de ser acusado de tortura explicando que oficiales de la CIA y del servicio de seguridad privado eran las “fuerzas que dominaban” dentro de la cárcel. Además, afirma que les instruyeron para tratar a los presos de esa manera y que los mandos lo felicitaron por los resultados.
- La criminóloga. Sabrina Harman, 26 años, es originaria de Alexandria, en el estado de Virginia. La reservista trabajaba antes de ir a Irak como adjunta a la responsable en una pizzería. Creció en un entorno en el que los crímenes formaban parte del día a día. Su padre era detective de homicidios y solía llevar a casa las fotos de las autopsias y de las escenas de los crímenes. Soñaba con seguir sus pasos tras su experiencia en la Policía Militar. Pero se ha convertido en una de los siete protagonistas que se deleitaron con las pirámides de hombres desnudos en Abu Ghraib. Harman está acusada de tomar fotografías, de ser la autora del video sobre el que el secretario de Defensa Donald Rumsfeld desveló su existencia ante el Congreso, de saltar sobre los prisioneros y de decirles que se electrocutarían si se caían de las cajas. Su madre, Robin, dice que tomó las fotos para tener evidencias de las torturas.
- Los desconocidos. De Javal Davis, sargento de 26 años, originario de Maryland, se saben pocos detalles de su vida fuera de la cárcel de Abu Ghraib. Está acusado de pegar a los presos y era consciente de que estaba haciendo cosas de “dudosa moralidad”. Y como los otros compañeros dice que recibieron órdenes. Megan Ambuhl es la tercera mujer acusada por las torturas, también de Maryland. Hay un octavo nombre en la lista, el del comandante de la unidad Donald Reese, de 39 años y original de New Stanton. Reese no está acusado de nada, de momento, aunque fue separado de su puesto.

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

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