EL MUNDO

La larga sombra del degüello

El presidente George W. Bush aseguró ayer que “no hay ninguna justificación para la brutal ejecución de Nicholas Berg”, secuestrado y decapitado anteayer en Irak. En una breve declaración a la prensa en la Casa Blanca, Bush aseguró que los responsables de la decapitación del joven de 26 años quieren “debilitar” la determinación de Estados Unidos en llevar la democracia a Irak. La familia Berg responsabilizó a las tropas estadounidenses de la muerte del civil, al indicar que soldados iraquíes lo retuvieron al considerar sospechosa su presencia en el país y le impidieron partir, como él hubiera querido, antes de que la situación en Irak se deteriorara. “La muerte de Berg es aparentemente el primer acto de venganza por las imágenes ampliamente difundidas de los detenidos iraquíes maltratados y sexualmente humillados”, escribió The Washington Post. Las cadenas de televisión estadounidenses decidieron difundir en forma parcial las imágenes de la muerte de Berg, presuntamente perpetrada por un grupo ligado a Al Qaida, por considerar que serían insoportables para los televidentes. El secretario general de la ONU, Kofi Annan, se declaró “horrorizado” por la ejecución del rehén contratista norteamericano. Y el premier británico Tony Blair habló de un acto “de inclasificable barbarie”.

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