EL MUNDO › EL MINISTRO DEL INTERIOR BRITANICO
EXPLICO NUEVAS MEDIDAS DE SEGURIDAD

“Naturalmente, tememos más atentados”

Los controles de inmigración serán más duros y se habla de guardar registros de llamadas y mails por hasta un año y de detenciones administrativas a viajeros. Cuatro mezquitas fueron atacadas con fuego y hubo agresiones a musulmanes.

“Hasta que no atrapemos a la banda que cometió estos ataques el jueves, naturalmente tememos más atentados.” El miedo que expresó ayer el ministro británico del Interior, Charles Clarke, se vio reflejado por la falsa alarma que produjo el sábado la evacuación de unas 20 mil personas en Birmingham, la segunda ciudad del país. Ante el evidente clima de inseguridad, el primer ministro Tony Blair ya analiza posibles medidas para reforzar los controles y así evitar futuros atentados en suelo británico. En tanto, cuatro mezquitas sufrieron intentos de incendio y preocupan a los inmigrantes las repercusiones que los ataques tendrán en la convivencia.
Clarke explicó ayer algunas de las medidas que planteará el próximo miércoles a sus colegas europeos. La idea es simple para el ministro británico: “El terrorismo es internacional por naturaleza y cuanto más se pueda vigilar la manera de operar de esta gente, mucho mejor”. Para lograrlo propondrán un plan para avanzar en la cooperación dentro de la Unión Europea (UE) en la lucha antiterrorista, principalmente, teniendo acceso y archivando, de seis a doce meses, todos los registros telefónicos –celulares y fijos– y de correos electrónicos de todos los europeos. Clarke aclaró que no se tendría acceso a los contenidos de los mensajes o conversaciones, sino un registro de a quién se llamó, a qué hora y otros datos que faciliten las investigaciones. Insistió en que las empresas de telecomunicaciones deben ser obligadas a cooperar con las autoridades y a conservar estos datos por un tiempo determinado.
El otro eje es el refuerzo del control fronterizo. Como ya lo dejó en claro Washington después del 2001, el flujo de personas es uno de los elementos fundamentales en la lucha contra el terrorismo. Por eso, el gobierno británico propondrá endurecer estos controles, comprobando, tanto cuando entran como cuando dejan el país, que “han cumplido todos los requisitos”. Complementariamente, y aquí es donde entra la controversia, el gobierno continuará haciendo uso de las llamadas “órdenes de control” que lo autorizan a mantener en custodia a sospechosos de terrorismo que no pueden ser procesados por falta de pruebas. Esta medida preocupa en medio de las denuncias de violaciones de los derechos humanos por parte de funcionarios norteamericanos a sospechosos de estar vinculados con el terrorismo que, por leyes similares, son encarcelados indefinidamente sin proceso alguno. Ayer, tres hombres fueron detenidos en el aeropuerto de Heathrow, amparándose en estas “órdenes”, aunque un alto oficial de Scotland Yard descartó que estuvieran relacionados con los ataques del jueves. Los detenidos fueron liberados durante la tarde.
Mientras tanto, a nivel local, se intenta crear un clima de mayor contención aumentando el número de patrullas policiales, de agentes encubiertos y poniendo restricciones a la circulación de sospechosos conocidos. Incluso, algunos hoteles de Londres registran con aparatos electrónicos a sus huéspedes en busca de armas o explosivos. El clima de extrema inseguridad contagió a sus vecinos. El gobierno de Silvio Berlusconi ya estudia la posibilidad de dar poderes especiales a los servicios de seguridad para anticiparse a un posible atentado. Como lo explica el ministro de Interior, Giuseppe Pisanu, si bien “no hay una amenaza real y específica, después de Madrid y Londres el próximo blanco podría ser Italia”.
Entre las propuestas examinadas se incluye la ampliación de las potestades policiales para permitir una mayor vigilancia electrónica de la comunidad musulmana y la creación de una agencia nacional antiterrorista, similar a la creada para luchar contra la mafia. También existe la posibilidad de que el Estado congele los depósitos financieros de empresas sospechosas de apoyar a grupos terroristas, ampliando el alcance del congelamiento de las cuentas de organizaciones criminales ordenado tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.
En tanto, la policía británica informó, ayer a la mañana, que los paquetes sospechosos que provocaron la evacuación de unas 20 mil personas del centro de Birmingham, la segunda ciudad más importante del país, el sábado por la noche, eran inofensivos. La zona con bares, restaurantes y clubes de la ciudad, al igual que el barrio chino, fue cerrada, y se sugirió a la gente que volviera a sus casas. La policía realizó cuatro “explosiones controladas” en un colectivo y comprobó que no se trataba de bombas. En un hotel, otro paquete sospechoso también resultó ser inofensivo, según declaró un portavoz policial. Algunas de las calles que fueron cerradas serán reabiertas pronto. El ministro del Interior felicitó el accionar policial en Birmingham y no dudó en afirmar que “habría sido un gran error ignorar la amenaza”.
En medio del temor a nuevos ataques, los inmigrantes residentes en Londres comenzaron a experimentar otro tipo de miedo, el del odio racial. Cuatro mezquitas fueron objeto de tentativas de incendio en Gran Bretaña.
Los incidentes se dieron en todo el país: en Leeds –en el norte del país–, en Belvedere –en el sur de Londres–, en Telford –en el oeste de la isla– y en Birkenhead –en el noroeste de Inglaterra–. Sólo hubo “daños menores”, según declaró el presidente de la Asociación de Jefes de Policía británicos, Chris Fox.
También se registraron agresiones verbales contra musulmanes, así como actos vandálicos contra automóviles, comercios y viviendas. “No hay ninguna duda de que debe haber otros incidentes que aún no han sido informados a la policía”, reconoció Fox, que exhortó a la ciudadanía a denunciar ese tipo de “comportamiento odioso y peligroso” y prometió enfrentarlo con una respuesta “severa”. Poco antes, el número tres de Scotland Yard, Brian Paddick, había anunciado que en Londres se habían registrado “varios incidentes de carácter racista o religioso” que serán tomados “muy seriamente” en cuenta por las autoridades.

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Los atentados dejaron una clara intención del gobierno británico de endurecer los controles.
 
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