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La negociación que no fue en Francia

Dominique de Villepin, primer ministro francés, se niega a retirar su programa de precarización laboral; los empresarios sugieren concesiones, y estudiantes y obreros convocan a nuevas protestas el 28.

 Por Eduardo Febbro
Desde París

Las profusas manifestaciones del fin de semana contra el Contrato Primer Empleo, el CPE, no cambiaron la posición del Ejecutivo francés. El primer ministro, Dominique de Villepin, juzgó que la protesta –más de un millón de personas– había sido importante, pero no masiva, y no accedió a la principal demanda de los sindicatos y los estudiantes que le exigían que retirara el polémico contrato de trabajo para los jóvenes de menos de 26 años. Tal como lo habían prometido el domingo, los sindicatos del servicio público y privado convocaron a una huelga nacional y a nuevas manifestaciones el próximo martes 28 de marzo.

La convocatoria es el resultado de un compromiso entre sectores divergentes. Fuerza Obrera y la CGT querían lanzar una huelga general, pero al final se decidió que, por ahora, se organizarían solamente nuevas manifestaciones, huelgas y “brazos caídos”. Se prevé que el sector público se paralice totalmente durante 24 horas y que el privado participe en “huelgas flexibles”. Los estudiantes, a su vez, fijaron dos nuevas etapas con manifestaciones “centralizadas” previstas para el martes y el jueves próximos. El comunicado de las 12 organizaciones sindicales y estudiantiles que impulsaron las protestas contra el CPE es por demás claro: “El gobierno debe tener la sabiduría de salir del camino sin salida en el cual se metió y retirar el CPE”. Este dispositivo, presentado el 16 de enero y adoptado por el Parlamento el 9 de marzo, apunta a flexibilizar el mercado laboral para los jóvenes de menos de 26 años. La juventud francesa se opone a los dos pilares del CPE, es decir, el hecho de que un empleado pueda ser despedido al cabo de dos años sin justificaciones ni indemnizaciones.

El Ejecutivo, las organizaciones sindicales y estudiantiles mantienen el mismo esquema de enfrentamiento: el primero se declara abierto al diálogo y los segundos sólo aceptan la negociación previo retiro del CPE. El presidente francés, Jacques Chirac, parece seguir la estrategia del jefe de gobierno. Ayer, Chirac abogó por “un diálogo constructivo capaz de mejorar el CPE”. En un claro apoyo a De Villepin, Chirac señaló que “ésa era la voluntad del primer ministro y del gobierno, y no puedo sino aprobarla”. Sin embargo, el diálogo brilla por su ausencia. Pese a las reiteradas invocaciones a dialogar, el gobierno no tiene fijada ninguna agenda con las organizaciones sociales del país. Ayer, De Villepin se reunió con la patronal y con tres organizaciones de estudiantes, pero la UNEF, el principal sindicato estudiantil, no asistió a la cita. Los liceos y universidades continuaban bloqueados al tiempo que los sondeos publicados ayer indican que, en su mayoría –entre un 55 y un 65 por ciento–, la población aprueba la desaparición del CPE. Un 71 por ciento de las personas interrogadas considera además que las protestas derivadas del CPE reflejan una profunda crisis social. Según François Hollande, primer secretario del Partido Socialista, a partir de ahora “se puede temer lo peor”.

De Villepin no comparte ese temor y apuesta por un agotamiento del movimiento estudiantil y la construcción de una imagen de interlocutor abierto y dispuesto a cambiar los términos polémicos del CPE. Al cabo de un encuentro con De Villepin, y por primera vez desde que estalló el conflicto, un sector de la patronal adelantó algunas propuestas para mejorar el CPE. Son tres: reducir de dos años a 15 meses el período de prueba durante el cual las empresas están habilitadas a romper el contrato de trabajo sin justificación, obligar a las empresas a justificar el despido e instaurar una capacitación obligatoria para los jóvenes. No obstante, De Villepin no se pronunció sobre ninguna de esas ideas. Los dirigentes de las empresas que participaron en la reunión con el jefe del Ejecutivo dijeron que lo habían encontrado “dispuesto al dialogo, pero no a retroceder”. Los tres grupos estudiantiles con quienes se reunió el jefe del Ejecutivo se mostraron “satisfechos” por las aclaraciones ofrecidas por De Villepin. Sin embargo, seleccionados con un tamiz, los invitados están lejos de representar la opinión de la mayoría del país.

El gobierno tiene hoy otra preocupación suplementaria. Un militante sindical de 38 años, empleado por el operador telefónico Orange, resultó gravemente herido el sábado durante los disturbios que se produjeron al cabo de la manifestación parisina. El hombre está en estado de coma, internado en un servicio de reanimación neuroquirúrgica. El pronóstico de los médicos es “reservado”. Basándose en diversos testimonios, los sindicatos acusan a la policía de haber agredido al hombre cuando éste estaba sentado pacíficamente en el cordón de la vereda. Al parecer, el sindicalista fue pisoteado y salvajemente golpeado por las fuerzas del orden. Su estado de salud reaviva en Francia el “síndrome” de Malik Usekine, un estudiante asesinado a golpes en 1986 por una brigada especial de la policía durante las protestas estudiantiles contra un proyecto de reforma de la educación nacional presentado por el gobierno del entonces primer ministro Jacques Chirac.

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Dominique de Villepin (centro), con dos de sus ministros tras reuniones ayer.
 
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