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La libertad empieza en el mercado

 Por Martín Granovsky

Parlez vous français? La guerra imperial de George W. Bush es una forma de lucha por la libertad que podría excluir a un sector: las telecomunicaciones. Darell Issa, diputado republicano por California, acaba de presentar un proyecto pidiendo que en la posguerra los Estados Unidos adopten un sistema de telecomunicaciones compatible con la norma norteamericana y no con la europea. El argumento político es que la compatibilidad beneficiaría a la economía de los EE.UU. mientras garantiza la capacidad del nuevo Estado de comunicarse con el mundo exterior. En San Diego se asienta Qualcomm, una compañía que usa esa norma, la CDMA. Hasta ahora el Departamento de Defensa sugería el uso de la GSM, la más común en Europa y el Medio Oriente, adoptada por el 70 por ciento de los usuarios de teléfonos móviles en todo el mundo. Un artículo del diario inglés The Guardian cita el argumento más concreto de Issa: “Si los la tecnología europea GSM se instala en Irak, buena parte del equipamiento para usarla se fabricará en Francia, Alemania y el norte de Europa. Entonces, los royalties de la ganancia tecnológica irán hacia Francia y otras zonas de Europa”. El diputado no es tonto al mencionar a Francia. Ningún país del mundo salvo Irak concentra hoy tanto odio en un sector del público norteamericano. El site de Internet que Issa abrió para su campaña se llama “Parlez vous français?”.

Japón es Japón. El gobierno de los Estados Unidos asegura que para después de la guerra imagina un Irak democrático, desarrollado, con una fuerte clase media modernizante. Una referencia de libertad dentro del mundo árabe. El objetivo choca, por ejemplo, con el respaldo a las dictaduras de Arabia Saudita y Pakistán (en este último caso, con el agregado de la bomba atómica) pero también con la comparación histórica que los estrategas norteamericanos tienen a mano: Japón. ¿Puede el Irak de posguerra ser el Japón que siguió a la Segunda Guerra Mundial? The Washington Post publicó un artículo de Wesley Clark, ex jefe del Comando Sur y de la OTAN, con la tesis de que no hay ningún modelo histórico para Irak. O por lo menos que el ejemplo no es el de Douglas Mac Arthur, el general que venció a Japón y desarmó, según Clark, el complejo militarindustrial de los aliados de Adolf Hitler hasta convertir a ese país en una democracia occidental. Clark asegura que hoy no hay ningún Mac Arthur en las Fuerzas Armadas de su país. También ironiza sobre los planes del gobierno, en su opinión sembrado de propietarios o ex gerentes de grandes corporaciones que piensan en designar un jefe con capacidad operativa al estilo de una multinacional cuando se instala en un nuevo país. El general recuerda que Japón emergió de la Segunda Guerra destruido, con el orgullo quebrado y millones de bajas, pero tenía “la materia prima para la reconstrucción: una población educada e industriosa, cierta infraestructura que quedó en pie y una experiencia industrial moderna”. Además, el Japón imperial estaba libre de problemas con minorías o etnias y se beneficiaba de la tradición de disciplina. Mac Arthur pudo acometer reformas políticas y económicas porque “capitalizó la devoción del pueblo japonés por sus emperadores y el respeto a su autoridad, y él mismo se convirtió en una figura muy popular por el estilo de aislamiento personal que imprimió a su función como comandante supremo”.

Irak no es Japón. ¿Puede repetirse la combinación japonesa en Irak? Clark opina que no. “Ese país nunca tuvo una identidad nacional unificada, e incluso bajo los otomanos hubo trece provincias distintas. En cuanto a los conflictos religiosos, fueron apaciguados por el aparato de represión de Saddam Hussein.” Más aún, el fundamentalismo recibirá alimentación por lo menos desde sector sauditas e iraníes. “Y si ni el dinero del petróleo saudita o el fundamentalismo iraní tienen la fuerza de hace diez años, en cambio la internacional del terror y bandas móviles de luchadoresexperimentados y endurecidos representan hoy un desafío importante a las herramientas tradicionales para construir un Estado y mantener la paz al estilo de las que utilizó Mac Arthur.”

Retrato de un humanista. Tal como publicó ayer Página/12, el Mac Arthur de Irak sería el general Jay Garner, un retirado. Los lectores ya saben que Garner es el presidente de SY Technology, una empresa de sistemas de comunicación y dirección de misiles. También conocen que el general contribuyó durante la guerra del Golfo al despliegue de los misiles Patriot, encargados de destruir en el aire a los Scud de Irak para que no impactasen en Arabia Saudita e Israel. The Observer acaba de publicar un detalle más: la tecnología de SY ya fue usada en los Patriot para mejorar su puntería. El semanario británico cita a un analista de Defensa, David Armstrong, del Servicio Nacional de Informaciones sobre Seguridad con sede en Washington: “Parece poco adecuado pensar para una función administrativa y humanitaria a una persona cuya función es proveer equipamiento que, aunque defensivo, es vital para el éxito de la operación militar de los Estados Unidos”. Y Phil Bloomer, de Oxfam, sostiene que lo peor sería designar a ejecutivos relacionados con la industria de petróleo o de armas de los Estados Unidos o Gran Bretaña.

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