EL PAíS › CULMINO EN LA PLAZA DE MAYO
LA MARCHA DEL MOVIMIENTO LOS CHICOS DEL PUEBLO

“Para contagiar el entusiasmo de luchar”

La marcha en defensa de los derechos de los niños, en la que participaron más de 300 niños de hogares y obras para chicos que viven en la calle, comenzó el 28 del mes pasado en Misiones y culminó ayer en la Plaza de Mayo, acompañados por cientos de piqueteros. León Gieco cantó antes de que los oradores reclamaran por sus derechos.

 Por Laura Vales

Después de recorrer ocho provincias, la Marcha por la Vida que realizaron 300 pibes del Movimiento los Chicos del Pueblo llegó a la Capital Federal, donde cerró con un acto en la Plaza de Mayo. Sobre un palco montado junto a la Pirámide, pibes de distintos puntos del país, muchos de ellos ex chicos de la calle, hablaron frente a cinco mil manifestantes en defensa de los derechos del niño. “Marchamos para que los padres tengan trabajo, los chicos seamos chicos y no nos roben lo nuestro como hicieron con las cataratas”, explicó Astrid, de Misiones, once años. Y Aylén, representante bonaerense: “Marchamos porque en la provincia de Buenos Aires los chicos no se mueren solamente de hambre sino por los escuadrones de la muerte”.
La caravana terminó así un itinerario de 12 días y 4500 kilómetros. Su objetivo fue impulsar un debate sobre la desprotección de la niñez en un país donde 7 de cada 10 pibes son pobres.
Alberto Morlachetti, coordinador del Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo, sociólogo, fundador del Hogar Pelota de Trapo, se interrogó desde ese mismo palco qué procesos hicieron nacer a una Argentina con 9 millones y medio de niños por debajo de la línea de pobreza. “Mi pregunta es qué hemos hecho”, planteó, para responderse que “no hay construcción humana posible en alianza con este sistema”.
La marcha atravesó la Capital Federal pasado el mediodía, con una caminata que fue desde el Parque Rivadavia a la Casa de Gobierno. El viernes estuvo nublado y mientras duró la movilización la tormenta se mantuvo siempre como una amenaza. Sobre ese fondo opaco, ventoso, lo que se vio ayer fue una marcha multicolor: primero, adelante de la caravana, siete nenes vestidos de payasos abrieron paso saludando a los alumnos de las escuelas que esperaban a los costados de la avenida. Los siguió el tren del hogar Pelota de Trapo y recién después la nutrida columna de los chicos marchantes. Vestidos con chalecos celestes, los pibes cantaron las consignas de la movilización: “Por pan, trabajo y dignidad” y “Para contagiarle a la gente la alegría de luchar”. Detrás, murgas y batucadas. Al final, los piqueteros de la Federación de Tierra y Vivienda (FTV) y la Corriente Clasista y Combativa (CCC), que el jueves los habían recibido en La Matanza. Y los gremios: docentes, estatales, judiciales, aeronáuticos, periodistas.
Mezclados en la movilización caminaron el titular de la Central de Trabajadores Argentinos, Víctor De Gennaro, y los dirigentes de los docentes Marta Maffei (Ctera) y Hugo Yasky, entre otros.
La Marcha por la Vida tuvo un recibimiento cálido. En las veredas de la avenida la gente aplaudió y desde los balcones tiraron papelitos. Nunca fue tan fácil como ayer encontrar en los cordones de Rivadavia mujeres llorando: las hubo a montones. En el cruce con la Avenida 9 de Julio se reunieron casas del niño, cooperativas y grupos teatrales, como el Catalinas Sur, con tambores y disfraces. Algunas escuelas, como la 14 de Avellaneda, decidieron ir en pleno, a manifestar a la Plaza.
La marcha había partido desde Misiones hacia Buenos Aires el pasado 28 de octubre. Con la ciudad de Puerto Iguazú como lugar de largada, la caravana pasó por Corrientes, Formosa, Chaco, Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires. En algunos lugares de ese recorrido, como cuando pasaron por Santiago del Estero, fueron hostigados por la policía provincial, que los desalojó de la escuela donde estaban parando alegando órdenes del poder político.
Si hacia afuera la finalidad fue alimentar el debate sobre el modelo de país y los niños, hacia dentro la marcha también implicó un hecho pedagógico. “Para los chicos es una posibilidad de preguntarse los motivos del hambre y la riqueza que ven a los costados de la ruta”, señaló Morlachetti a los medios. “Estos pibes (por los del Movimiento) han sufrido carencias y acá comienzan a comprender sus propios abandonos yausencias. La marcha les deja el tremendo saldo de ser protagonistas de una historia presente.”
Los chicos llegaron a la Plaza a las 3 y media de la tarde. Cuando los 300 terminaron de subir al escenario, cuatro cuadras de manifestantes todavía esperaban para entrar sobre la Avenida de Mayo.
A las cuatro menos veinte León Gieco se puso el chaleco celeste de los marchantes y cantó “Sólo le pido a Dios”. Le pidieron más y cantó “El Fantasma de Canterville” y “Cachito campeón de Corrientes”. El Coro Kennedy se encargó del Himno. El acto fue mezclando así la fiesta con el reclamo.
En su trayecto desde el Parque Rivadavia hasta el Cabildo los pibes habían afrontado las cámaras de televisión con una claridad impactante, pero una vez llegados a la Plaza de Mayo el susto de hablar para una plaza llena no dejó en pie la memoria de ninguno. María, Roberto, Betiana, Gonzalo, los oradores, se ayudaron con papelitos y fueron ayudados con aplausos para decir los mensajes traídos de sus provincias. A continuación se transcriben algunas de sus frases:
- “Los chicos tucumanos estamos marchando porque cuando termina la zafra y la cosecha de limón nuestros padres quedan sin trabajo”, dijo María. “Perdimos la mitad del año de clases porque el gobernador no les pagó a los maestros. Queremos, además, comer en nuestras casas y no en un comedor.”
- “No queremos ver chicos robando o pidiendo de comer”, planteó Gonzalo, de Córdoba.
- Roberto, de Quimilí, en representación del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase): “Marchamos para que no nos desalojen de nuestra tierra y para que se cumplan los derechos de los niños. Vamos a seguir marchando porque no debe haber hombres sin tierra ni tierra sin hombres”.
- Betiana, de Puerto Madryn: “Marchamos para que la Patagonia no sea un lugar ignorado por los gobernantes, para que no se negocien nuestras tierras como fueron expulsados nuestros hermanos mapuches y para que nunca en la Patagonia haya un repositorio nuclear”.
“Siento orgullo por estos pibes, porque cambiaron el destino que tenían marcado, un destino de muerte y de infelicidad, por otro lleno de dignidad”, señaló Víctor De Gennaro.
La consigna de los 12 días de actividad itinerante fue “Detrás de cada chico de la calle hay un padre desocupado”. Antes de finalizar el acto, se repartieron entre los manifestantes reunidos en la Plaza cientos de panes hechos en la panadería de la Fundación Pelota de Trapo. Sólo cuando el acto terminó y los marchantes estuvieron a cubierto, empezó la tormenta.

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León Gieco cantó “Sólo le pido a Dios” y siguió con varias canciones más. Los oradores fueron sólo niños.
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