EL PAIS › EL ASESINATO DE SILVIA SUPPO, TESTIGO EN SANTA FE

Dos arrestos y dudas

La policía detuvo a dos sospechosos. El celular de Suppo estaba en la casa de uno de ellos. Los hijos de la víctima dicen que fue un crimen político.

 Por Juan Carlos Tizziani

Desde Santa Fe

La pesquisa por el asesinato a sangre fría de Silvia Suppo de Desffani, testigo clave en los juicios a los genocidas, volvió a sesgarse un poco más ayer. La policía detuvo a dos sospechosos del crimen, que cayeron en la ciudad de Santa Fe, en un barrio de los extramuros. Uno es un joven de 19 años que se gana la vida lavando coches en Rafaela, a una cuadra y media del negocio de Silvia, en el microcentro de la ciudad. Lo llaman “Sosita”, por el diminutivo de su apellido con el que lo conoce medio Rafaela, sobre todo los habituales de un restaurante caro, en la esquina de Necochea y Saavedra, donde cuida vehículos estacionados en la calle. El otro es su primo, de 22, oriundo de la capital santafesina, pero que también estaría implicado. Sin embargo, la familia Desffani descree del libreto policial. “Nosotros creemos que no se trata de un robo violento, sino de un asesinato político”, dijo a Página/12 Marina Desffani, la hija mayor de Silvia. Justificó su sospecha en “la precisión y el ensañamiento” del ataque a puñaladas, la personalidad de su madre que nunca se hubiera resistido a un robo a mano armada “porque tenía un nieto y muchos motivos para vivir”, el escaso valor de las cosas que le robaron y la fecha del crimen, muy cercana al 24 de marzo. “Esto es un homicidio político hasta que nos demuestren lo contrario”, advirtió Marina.

Sosita y su primo cayeron en el barrio Yapeyú de Santa Fe, alrededor del mediodía. Los llevaron a la seccional 7 y luego a Rafaela, donde el juez de Instrucción Nº 2, Alejandro Mognaschi, tenía previsto indagarlos. El magistrado ya había dicho que la investigación estaba “bien encaminada”, según los datos que le pasó la policía y ayer volvió a subrayar la hipótesis del robo.

Mognaschi ratificó que el teléfono celular de Silvia fue secuestrado en la casa de Sosita, en poder de su pareja, una joven de 18 años con la que tiene un bebé. En otro allanamiento en Santa Fe, en la casa del primo, encontraron “un billete de un dólar, un arito de Silvia y monedas de colección” que estaban en el local Siempre Cuero, que ella atendía. El dólar era su amuleto. Según el juez, estas son las pruebas que implican a los sospechosos, aunque ahora la policía busca también el puñal del crimen. Rafaela no sale de su conmoción y sorpresa. Primero, por la violencia del ataque, que no tiene antecedentes en los últimos diez años: Silvia sufrió entre siete y nueve puñaladas cuando estaba sola en su comercio de venta de cueros y artesanías, en la calle Sargento Cabral al 200, en el microcentro de la ciudad. Y ahora, por la detención de Sosita, el joven acusado por el homicidio, que cuidaba autos en la esquina de Necochea y Saavedra, a sólo 150 metros del negocio de Suppo.

Los hijos de Silvia, Marina y Andrés Desffani, reclamaron ayer a la Justicia el esclarecimiento del crimen “lo antes posible”. “Creemos que no se trata de un robo violento, sino de un asesinato político por el grado de precisión del ataque sufrido por nuestra madre y la fecha del suceso, muy cercana al 24 de marzo. Está estrechamente vinculado a su condición de querellante en las causas contra los delitos de lesa humanidad. Por lo tanto y hasta el momento, consideramos que esto es un homicidio político hasta que nos demuestren lo contrario.”

Marina dijo que sus sospechas se justifican porque no hay un correlato entre la violencia del asalto a su mamá y el supuesto botín. “Faltan cosas en el negocio, pero en relación a la violencia ejercida, el valor de los objetos es mínimo. De ahí nuestras sospechas”, señaló.

–¿Hay evidencias de que ella intentó defenderse? –le preguntaron.

–Lo desconozco. No era una persona de atrincherarse ante un hecho de violencia. Tenía una nieta y muchos motivos para vivir. No le importaba el dinero. No se hubiera resistido, no era su personalidad, no era su forma de actuar. Así que estaba totalmente indefensa en el momento en que sufrió el ataque. Imaginen: una mujer sola, en un negocio, incomunicada, porque le robaron el celular –precisó Marina–. Nosotros no queremos cerrar la investigación en un robo, dada la fecha y el grado de violencia que tuvo el ataque. Pensamos que puede ser un crimen intimidatorio para otros querellantes en causas por violaciones a los derechos humanos. Por lo tanto, lo que mi hermano y yo pedimos es que la investigación no se cierre como asalto u homicidio en ocasión de robo, sino que se esclarezca la verdad. Lo que queremos es justicia.

En la misma línea, Marina desmintió otra versión que la policía filtró a los medios y puso en boca de Silvia: que en sus últimas palabras en el hospital habló de un supuesto robo. “Eso no es cierto, ella nunca habló y cuando lo hizo fue en estado de shock, por lo que hay que tomarlo con pinzas teniendo en cuenta esa situación”, dijo.

–¿Había recibido amenazas?

–Este último año no las tuvo, aunque sí en años anteriores, pero esta vez no. Y esto también se estuvo diciendo y lo desmiento.

Los Desffani agradecieron “a las Madres, Abuelas, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre” y “en especial a Hijos de Santa Fe, por su valiosa colaboración y continuo compromiso. Nuestro mayor deseo es que se realice una investigación exhaustiva que aclare lo sucedido y que nos garantice verdad y justicia”.

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Sosita y su primo fueron arrestados en el barrio Yapeyú de Santa Fe.
Imagen: Gentileza Diario Uno de Santa Fé
 
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