EL PAIS › TRAS EL CERCO DE GENDARMERIA, LOS OCUPANTES RELATAN SUS ILUSIONES DE UNA VIVIENDA

“No es para mí, es para mis nietos”

Los efectivos de Gendarmería separaron a los ocupantes de los vecinos. Pero los que quedaron dentro del parque corren el riesgo de perder su lugar si salen a trabajar. Las dificultades para acceder al agua y la comida.

 Por Carlos Rodríguez

“Te tiro el título de hoy: somos argentinos y estamos cagados de hambre.” A la distancia, y a los gritos, un hombre le sugiere a Página/12 una frase contundente para su portada. María del Carmen y Damiana, mientras agitan una bandera argentina paradas sobre uno de los tantos montículos de escombros y basura que dificultan la transitabilidad por el Parque Indoamericano, le envían un mensaje a los vecinos de los monoblocks cercanos que están reclamando que los expulsen a todos del país: “A nosotros, muchos paraguayos y bolivianos nos matan el hambre, nos dan trabajo, y a muchos de los que los quieren echar les hacen las casas o le crían a sus hijos”. De todos modos, María del Carmen quiere que se sepa que los argentinos que viven en la Villa 20, como ella y su vecina, tampoco la pasan bien: “Yo quiero pagar impuestos, pero que antes me hagan la casa que prometieron hace años en el depósito de autos. Lo único que nos dan es plomo para los pulmones, contaminación y basura”.

Las casi seis mil personas que están en el asentamiento, según el censo del Ministerio de Acción Social, tenían ayer grandes dificultades para conseguir agua potable y comida. Margarita, una boliviana de La Paz que tiene 20 años y un hijo argentino de 18 meses, aseguró que “donde hay cincuenta personas traen comida para 15. Nosotros no tenemos por qué pedir y podemos salir a comprar, pero el problema es que si salimos, después no nos dejan entrar, aunque tengamos la cinta”. Se refiere a la que les pusieron en la muñeca a todas las personas que fueron censadas este fin de semana. Por esa razón, sobre el puente de la calle Escalada hay discusiones entre gendarmes y ocupantes.

“Yo salí para trabajar y ahora no me dejan entrar. Mi mujer fue a buscar comida para los chicos y ahora la dejaron afuera.” Roberto, otro argentino, se quejó frente a la respuesta de los gendarmes que, sumisos a la obediencia debida, responden en forma maquinal: “Tenemos órdenes de no dejar pasar a nadie por el puente”. También hay prohibiciones para los periodistas, que ya no pueden ingresar al predio donde se encuentran las 1700 familias que dividieron el parque en parcelas. Las entrevistas se hacen a los gritos, desde el puente. Pasadas las 18, luego de una larga negociación, los ocupantes llegaron a un acuerdo con la Gendarmería. El ingreso y egreso comenzó a realizarse por abajo del puente Escalada, por un sendero aledaño a las vías del Ferrocarril Belgrano Sur.

Todos hablan sobre sus urgencias en materia habitacional. Margarita, con su marido y su hijo, alquilan una pieza y un baño por 450 pesos mensuales. María del Carmen, la que agita la bandera argentina, vive de su pensión y quiere tener una casa digna. “No es para mí, ya estoy grande, es para mis nietos. No quiero que ellos sigan viviendo en la mugre, consumiendo plomo”. Desde lejos, el aspecto que tiene el parque, lleno de chozas multicolores (azules, celestes, verdes, amarillas) es el de una reserva indígena, como en las viejas películas del oeste.

Entre los que toman las tierras hay otro argentino, Alberto, padre de tres hijos, que acusó al gobierno de Mauricio Macri de haberlo “llevado a la miseria”. Recordó ante Página/12 que, hasta el 29 de junio pasado, era “un próspero comerciante” que tenía su “negocito” en la zona aledaña a la estación de trenes de Liniers. “Ese día nos desalojaron a los palos, con la Policía Metropolitana, me rompieron la vida, me trataron de ilegal, de delincuente, de vago, cuando solamente era un pequeño comerciante que tenía un futuro que pintaba para ser bueno. Ahora estoy acá y Macri me acusa de ilegal, de narcotraficante. Ya me sacaron la dignidad del trabajo. ¿Qué pretende ahora? ¿Que salga a robar?”

Por la tarde, el secretario general de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), Juan Carlos Alderete, hizo algunas declaraciones dirigidas “a cierto sector del periodismo y a algunos vecinos de los barrios aledaños” al Parque Indoamericano. “Las personas que están tomando los terrenos no quieren quedarse definitivamente en el lugar y tampoco quieren subsidios. Lo que pretenden es lograr un compromiso para la construcción de viviendas en el corto plazo, en la Villa 20 o en otros lugares, pero lo que quieren es que sea un compromiso firme. Lo que se tiene que discutir (con las autoridades) es qué tipo de construcción se va a llevar adelante y en qué plazos se van a realizar las obras.”

Antonio y Luciano, dos habitantes de la Villa 20, se mostraron sorprendidos por la forma en que actúan “los treinta o cuarenta tipos que entran al parque armados y a los tiros. Son los mismos que ahora cortan algunas calles aledañas, amenazan y hacen exhibición de armas de fuego. Si nosotros hiciéramos algo parecido a esto, ya estaríamos procesados y presos. ¿Por qué estas personas tienen vía libre?”

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Los periodistas ya no pueden ingresar al predio donde se encuentran las familias en el parque.
Imagen: Pablo Piovano
 
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