EL PAíS › ALUMNOS DE LA ESCUELA N0 8 DE BRANDSEN RECONSTRUYERON EL ASESINATO DE DARDO CABO

El peor de los cómplices

En el marco del programa Jóvenes y Memoria, doce alumnos guiados por sus docentes recogieron testimonios sobre el día en que Cabo, Roberto Pirles y otros presos políticos fueron ametrallados en la Ruta 215. Realizaron un video y fueron convocados a la Rosada.

 Por Laura Vales

Investigaron una historia que corría de boca en boca en el pueblo, acerca de unos disparos de ametralladora escuchados en la Ruta 215, una noche de enero de 1977. La historia los llevó a los fusilamientos de Dar-

do Cabo y Roberto Pirles, pero tirando del hilo encontraron mucho más. Un grupo de alumnos secundarios de la Escuela N08 de Brandsen reconstruyó aquel fusilamiento y hoy plantea que junto a Cabo y Pirles habrían matado a entre seis y ocho detenidos más. De varios de ellos tienen los nombres, luego de que los cuerpos, enterrados como NN, fueran identificados.

“Quisimos saber lo que había detrás de lo que se contaba porque era algo que circulaba como una novela en Brandsen, incluso con sus exageraciones y agregados. Decían que habían cortado la ruta con un camión y varios autos, que hubo disparos, que se habían llevado los cuerpos y nos preguntábamos cómo el semanario de acá no había publicado nada. En un pueblito de 20 mil habitantes no podía ser que eso no hubiera llamado la atención”, señala Félix Ilarragorri, director del colegio, profesor de Historia y uno de los coordinadores del proyecto, gestado como un trabajo escolar para el programa Jóvenes y Memoria.

Lo realizaron doce chicos que por entonces estaban en tercer año y ahora cursan el último año de secundario. Junto a Ilarragorri y el profesor Claudio De La Torre, se pusieron a buscar testigos de los hechos. Encontraron vecinos que por entonces vivían en campos cercanos a la ruta y que esa noche habían escuchado las ametralladoras y en un caso visto luces y movimientos.

33 años después

En la década del ’70, Dardo Cabo ya era una figura mítica del peronismo nacionalista. En 1966, junto con otros militantes, había secuestrado un avión de Aerolíneas Argentinas con el que aterrizó en las Islas Malvinas para izar allí una bandera celeste y blanca. Cabo pasó tres años preso por este episodio y al salir se sumó a la agrupación Descamisados, que se fusionaría después con Montoneros. Durante la dictadura fue detenido y encarcelado en la Unidad 9 de La Plata y el 6 de enero del ’77, simulando un intento de fuga cuando lo trasladaban, siempre figuradamente, a Sierra Chica, fue fusilado.

En su trabajo para Jóvenes y Memoria, los alumnos de la Escuela N0 8 dieron con tres testigos. Primero un matrimonio y luego una mujer contaron que esa noche escucharon el tableteo de una ametralladora, varias ráfagas interrumpidas por cortos períodos de silencio. Los disparos duraron, según los relatos, unos diez minutos. Uno de los testigos agregó haber visto movimientos de luces arriba y debajo de la ruta 215, justo donde hay un puente. Todos recordaban la fecha con exactitud porque había sido la noche de reyes, es decir del 6 al 7 de enero.

Con los datos reunidos –día, hora, el lugar de la ruta–, no fue difícil saber que se trataba del fusilamiento de Cabo y Pirles. “La pregunta para nosotros pasó a ser por qué hubo ráfagas de ametralladora durante diez minutos si los asesinados habían sido solamente dos”, apunta De la Torre.

Al resto de la historia la fueron armando con los datos aportados por los parientes y compañeros de militancia de Cabo. Por ejemplo, que en el pabellón donde él estaba había entre 12 y 15 personas, y que el destino de todos era el de ser “trasladados”, el acostumbrado eufemismo para la desaparición. “De los juicios que se hicieron en La Plata surge que iba más gente dentro del camión de traslado. Y de los que estaban en ese pabellón, en los últimos años se identificaron siete cuerpos”, señala Ilarragorri. “Por eso nuestra hipótesis es que todos fueron fusilados esa noche, en el puente de la 215. Y que fueron entre ocho y doce.”

Doble falta

El video que armaron los chicos con su investigación se llama El silencio es el peor de los cómplices y tuvo una fuerte repercusión tanto dentro del colegio como en la ciudad de Brandsen. Ayudó por ejemplo a que el Concejo Deliberante pudiera colocar un cartel de señalización sobre los fusilamientos en el lugar exacto donde ocurrieron, junto al que ahora se proyecta construir un monumento.

Otras cosas, en cambio, siguieron como siempre. “El día que pusieron el cartel en el puente, la noticia que publicó el semanario de Brandsen fue que tenía una falta de ortografía”, cuenta Micaela Luna, una de las autoras. Para ella, “lo mejor” del trabajo fue su repercusión. Los profesores apuntan otros beneficios. “Son proyectos que ayudaron a mejorar el clima de la escuela”, asegura Ilarragorri.

Los chicos mostraron el video en uno de los encuentros anuales del programa Jóvenes y Memoria. Y entusiasmados por la respuesta le mandaron a la presidenta Cristina Kirchner un mensaje vía Facebook. La semana pasada, los convocaron de Presidencia para pedir una copia del trabajo. El video, tal vez, sea integrado al Museo y Memorial de las Islas Malvinas que se proyecta construir dentro del predio de la ex ESMA.

El programa Jóvenes y Memoria lleva una década en funcionamiento; empezó en la provincia de Buenos Aires, con diez escuelas. Hoy está trabajando con alumnos de 800 colegios y se extendió a otras provincias y la ciudad de Buenos Aires. Se propone como una actividad optativa. Los alumnos deben elegir un tema de investigación que tenga que ver con los derechos humanos y sea de su lugar. Cuando se inscriben, junto a los docentes reciben capacitación para desarrollarlo. El resultado se vuelca a un video, una revista, una obra de teatro, a veces a una murga. El programa realiza encuentros regionales y anuales en los hoteles estatales de Chapadmalal, donde los alumnos pasan tres días compartiendo sus producciones. Por la gran cantidad de participantes, en la actualidad se están organizando varios encuentros al año, en tandas de 1500 participantes cada una.

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Alumnos y docentes de la Escuela 8 de Brandsen, autores de El silencio es el peor de los cómplices.
Imagen: Guadalupe Lombardo
 
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