EL PAíS › LA EMBAJADORA EN CUBA, JULIANA MARINO, TRAS LA CUMBRE DE LA CELAC

“No hay destino sin unidad”

En esta entrevista, Marino destaca los acuerdos alcanzados en la cumbre de países latinoamericanos y caribeños. Analiza los movimientos especulativos que afectan a la región y los cambios que se están produciendo en Cuba.

 Por Victoria Ginzberg

La embajada argentina en La Habana funciona en una casa de dos plantas en el barrio de Miramar. Al entrar, lo primero que se ve es una placa de homenaje a las víctimas del terrorismo de Estado. En el salón hay una bandera y dos grandes muebles con libros. En la mesa, dos libros, uno de fotografías de Aldo Sessa y otro sobre la muestra Néstor con todos, en homenaje al ex presidente. En su despacho, la embajadora Juliana Marino hace un balance de la cumbre de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) y cuenta cómo se viven los cambios que se están produciendo en la isla. “Ha sido muy clara la cuestión de que no hay destino sin unidad”, dijo sobre el encuentro que se realizó en Cuba la semana pasada.

–¿Cuál es su balance de la cumbre?

–Hay varios planos. Uno es la importante representación que tuvo, porque de 33 países vinieron la mayoría presidentes o jefes de Estado, es un resultado exitoso, para la cumbre y para Cuba como país organizador. Se reafirmaron las pautas centrales vinculadas con hambre, pobreza y desigualdad. Y al proclamar la región como zona de paz adquirió una envergadura muy importante desde todo punto de vista.

–¿Cuáles son las implicancias prácticas de la declaración de la región como zona de paz?

–Que todos los países suscriban una declaración de esta naturaleza hace que estén obligados a resolver sus temas sin violencia entre ellos. Nosotros estuvimos a punto de tener un conflicto serio, por ejemplo, con Colombia, Venezuela y Ecuador. Hubo una intervención muy importante de la Unasur y de algunos líderes de la región; entre ellos, fue decisiva la participación de Néstor Kirchner. Para nosotros tiene además una implicancia importante referida a las Malvinas. La Argentina insiste en todos los foros acerca de la voluntad de la negociación y el diálogo y en explicar que en su propia Constitución está afirmado este principio de negociación y diálogo pacífico. Sin embargo, Gran Bretaña ha hecho de las Malvinas una base militar y en ese sentido todas las acciones que puede llevar adelante la Argentina para reclamar la desmilitarización de la zona a potencias extrarregionales van a estar apoyadas por los países que han suscripto esta declaración.

–¿Qué otros puntos de lo que se conversó en la Celac considera importantes?

–La declaración es larga e importante y hay un plan de trabajo. Pero siempre hay una crítica a estos ámbitos internacionales, como que todo se resuelve en declaracionismo. Hay que juntar la declaración con los discursos de los jefes de Estado, presidentes y cancilleres y con el sincero debate y diálogo que, según lo que todos comentaron, hubo en el retiro (la reunión a puertas cerradas). Hay voluntad política expresa y señales muy importantes que se dieron. Y en los discursos los presidentes dijeron “no caigamos en el declaracionismo ni en la burocratización”. Aun en los ámbitos públicos hubo una voluntad política de continuidad de las políticas que se están suscribiendo. No es que vienen otros gobiernos en los países y borran con el codo lo que se firmó. Uno de los principios fundamentales que ha regido desde el comienzo de la Celac, retomando las banderas de 200 años atrás, es que no hay destino para nuestra región sin la unidad. El principio de la unidad en la diversidad no es una novedad, pero se ha ido trabajando muchísimo, ya desde la propia práctica. Se ha avanzado en buscar la posibilidad de políticas públicas conjuntas, por ejemplo, en agricultura familiar. Ha sido muy clara la cuestión de que no hay destino sin unidad.

–¿Qué cosas destaca de importancia para la Argentina?

–Ya ha sido destacado por el canciller el tema Malvinas. Es importante que lo que se ratifica es “el apoyo a los legítimos derechos” y, relacionado con esto, la condena a la pesca ilegal.

–Luego está el tema económico...

–Habla de un respeto a la negociación de la deuda que hizo cada país y de poder resistir en conjunto a las presiones externas del poder financiero internacional. Es muy importante. Y además señala que los planes de renegociación de la deuda tienen que ser cumplibles. Porque lo que llevó a la crisis en nuestros países fueron acuerdos no razonables y además obligados por el FMI, que fijaba las políticas externas. Lo que plantean estos artículos de la declaración es que los países tengamos la voluntad de resolver la política interna con la que vamos a generar riqueza para pagar la deuda. Si bien Argentina vino con esa posición, los otros países la recogieron porque todos fueron víctimas de este esquema.

–La Cancillería señaló que esto estaba vinculado con lo conversado por la Presidenta con su par brasileña, Dilma Rousseff, sobre los movimientos especulativos en la región...

–Los países de la región, algunos más y otros menos, han podido salir del esquema de la deuda con políticas diferentes a las que los organismos internacionales exigían. Esos movimientos especulativos actuales son los que están en desacuerdo con las políticas que algunos países están llevando adelante. Esos fondos especulativos insisten en esquemas anteriores. Hay un intento de volver a otro tipo de política y operan en toda la dinámica financiera y económica. Impulsan políticas o manejos que llevan a cuestiones como las que denunciaron las dos presidentas. Y operan en los sitios en los que nosotros negociamos y llegamos a una quita. Operan en la Justicia internacional. Pero es lo mismo. Hoy se expresan de una manera y ayer de otra, pero es la misma terminal, por decirlo de algún modo. Lo que no se entiende es que haya países con largas historias, como los países europeos, que estén repitiendo las recetas y esquemas que en nuestros países no sólo no dieron resultado, sino que nos llevaron a una mayor pobreza. Una cosa es que se acepte la presión o que haya intereses, pero otra es que el pensamiento económico de algunos países crea que eso pueda generar riqueza y solucionar los problemas. No se comprende. O sólo se comprende si el poder financiero internacional opera en los aparatos culturales e ideológicos y en las universidades y en los medios de prensa.

–También fue mencionado en muchos discursos como importante el hecho de que la cumbre se haya hecho en Cuba. ¿Cuál es para usted su significado?

–Fue una reivindicación muy grande en relación con aquella tremenda injusticia de haberla expulsado de la OEA. Y es un reconocimiento al papel que viene cumpliendo en la región. Y en el acercamiento de regiones que estaban muy separadas, como el Caribe, América Central y nosotros.

–¿Qué cambios se perciben en Cuba a partir de las nuevas medidas?

–Hay una mirada que algunos sectores tienen fuera de Cuba que es simplista acerca de que los cambios se establecen a través de medidas. Y que las medidas resuelven la vida. Y se da desde afuera una mirada sobre cómo debe ser el ritmo de los cambios. Es una mirada injerencista, que proyecta la dinámica en su propio país sin tener en cuenta la cultura y la historia del sistema en que Cuba vivió durante 50 años. Se han ido tomando medidas muy interesantes y concretas y se ha anunciado que en 2014 habrá otras, como la ley de inversión.

–¿Cuáles son las que le parecen más interesantes?

–Algunas de carácter económico son trascendentes, y no hablo solamente de la autorización para determinadas actividades que han ido creciendo. Como los números lo indican, ha crecido la cantidad de trabajadores autónomos o privados. Hay propuestas que el modelo ha planteado y se vienen aplicando lentamente, que se refieren a la empresa estatal socialista. Lo que ha definido Cuba es que va a seguir con su modelo socialista. Cuba insiste en el mejoramiento de la empresa estatal socialista mientras empieza, aunque hace décadas ya lo tenía, a desarrollar el movimiento cooperativo. Dinamizar lo que es la economía social, por un lado, y el sector privado por el otro. Respecto de la empresa estatal socialista, hay una serie de medidas que están planteadas para que resulte más eficiente y que pueda generar riqueza. Por ejemplo, niveles de autonomía empresaria, donde las empresas puedan reinvertir sus propias ganancias o aplicar incentivos económicos a sus trabajadores. La ampliación del trabajo autónomo requiere otras políticas que se van haciendo de a poco, por ejemplo, la provisión de insumos, el abastecimiento mayorista. Pero a veces es difícil porque no los producen, los tienen que importar y también está el bloqueo. Hay esfuerzos importantes y en los que estamos participando con intercambio y capacitación en el movimiento cooperativo, agropecuario, que es lo fundamental. Cuba ha definido que es importante mejorar y profundizar la economía social y nosotros tenemos un importante sector de la economía social: el movimiento cooperativo en Argentina es enorme y en producción es esencial. Pero los cambios culturales son siempre más difíciles que tomar las medidas o hacer cambios de procedimientos administrativos.

–Pero había una demanda de cambios.

–La sociedad está esperando cambios. Ha pasado mucho tiempo, con la caída del campo socialista, el período especial y el bloqueo, con precariedad, sacrificios. Tiene gran capacidad de sacrificios y está reclamando otros niveles de vida. Pero si se escucha a la gente, quiere las ventajas del cambio y no las desventajas. En algunos hay desconocimiento de cómo es de duro el mundo ancho y ajeno, aunque tienen referencias por familiares que viven afuera. Pero está la ilusión. Mucha gente dice que si estuviera mejor económicamente no se quejaría porque dicen que “lo de afuera viene acompañado de la droga”. Acá hay drogas y prostitución, no digo que no, pero lo que pasa en México, en Honduras o en América Central, las maras, ellos tienen noción... Creo que se están tomando medidas y hay temas en los que Cuba está haciendo un enorme esfuerzo pero está rezagada.

–¿Por ejemplo?

–Había poca bancarización. El tema de Internet, que aunque haya libre acceso es caro. Pero a pesar de la dificultad de Internet, los científicos de este país avanzaron en biotecnología. Para mí, eso es milagroso. Son héroes modernos. Lo que no se ve es todo lo que se está haciendo a la vez. También es nuevo el tema impositivo: antes no se pagaban impuestos porque el Estado era todo, y ahora el gobierno tiene que explicar por qué es importante pagarlos.

–Un tema importante parecería ser achicar la brecha entre los que acceden a divisas extranjeras o pesos convertibles y los que tienen sólo pesos nacionales. Hay profesionales que trabajan de taxistas o mozos por el contacto con el turismo.

–Es un nivel de desigualdad que existe. Pero es difícil de solucionar. Es un objetivo explícito del gobierno cubano. Pero cuando hay que acomodar una moneda desfasada hay que pagar un costo social y Cuba está tratando de no producir un costo social mayor al que padece la población.

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