EL PAíS

El problema de la jubilación

Hay quienes retornan al país porque no llegan a lograr los aportes para jubilarse en España. Como un mendocino de 66 años, nacido en Guaymallén, que se radicó en Talavera de la Reina, en 2001, junto a un hermano que ya residía en esa ciudad española desde 1990. El hombre primero trabajó como camionero y, luego de un par de años, se hizo autónomo y se montó con su hermano un negocio de reparación de heladeras y freezer: “Mi hermano me enseñó el oficio y nos pusimos por cuenta propia ahí, en Talavera. Nos va muy bien, más ahora con la crisis, que nadie descarta nada, todos arreglan. Pero estoy viejo, ya uso gafas, si no, no veo nada de lo que hago; tomo pastillas para dormir (...). Mi hermano tiene 53 años, todavía puede seguir trabajando, pero yo no llego con los años de aportes, no tengo jubilación, no me puedo jubilar. Tengo que volverme ahora que estoy sano (...). Hace más o menos dos años, me lo pensé: yo pensaba radicarme aquí... pensaba que esto se iba a arreglar, pero ya ves... Yo siempre me la he ganado, aquí no puedo andar pidiendo, no puedo volverme vencido. Allá por lo menos me subo a un taxi o a un remís y me puedo buscar la vida; aquí voy a morir en un rincón. Yo siempre laburé duro. ¿De qué voy a vivir? ¿Cómo me pago la seguridad social? Y si me pongo enfermo, ¿quién me cubre el médico, los remedios? ¿Cómo voy a pagar el alquiler? Allí por lo menos tengo la casa de mi madre. Y si me quedo tirado en una cama, ¿quién me cuida? Yo no puedo ser una carga para mi hermano”.

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