EL PAIS › LA PARTICIPACION POLITICA DE LOS MOVIMIENTOS DE EMPRESAS RECUPERADAS

Las fábricas recuperadas hacen política

Tienen candidatos, experimentan con alianzas, viven un debate interno, intentan imponer ideas propias en espacios nuevos. “Es simple: queremos ocupar esos puestos de decisión con la agenda de nuestro movimiento”, resume un dirigente sobre este fenómeno.

 Por Irina Hauser

No hay un único partido que los represente. No hay ninguno que pueda hacerlo ciento por ciento. Ellos tampoco son, por ahora, una agrupación política. Pero como movimiento social, el de las empresas recuperadas por sus obreros sí tiene un proyecto político en mente y está en sus primeros intentos por plasmarlo, empezando por imponer una agenda propia en los ámbitos de representación. En las elecciones del mes pasado postularon a su gente para ocupar espacios parlamentarios a través de listas que les ofrecieron lugares y consiguieron que entrara un hombre de sus filas a la Legislatura porteña. En los comicios de la próxima semana llevan varios candidatos en la provincia de Buenos Aires y hoy en los de Santa Fe.
El Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER) presentará el domingo que viene candidatos en las boletas del Polo Social: a su presidente, Eduardo Murúa, lo propone como diputado bonaerense; Omar Campos, de la Metalúrgica Plástica Argentina (IMPA), va como compañero de fórmula de Francisco “Barba” Gutiérrez para la gobernación y José Córdoba, de la UOM de Quilmes, se postula para intendente de Florencio Varela. En las elecciones porteñas, las fábricas se lanzaron a través del Partido de la Revolución Democrática (PRD), que lidera Miguel Bonasso. El abogado del movimiento, Diego Kravetz, quien encabezaba la lista de candidatos a la
Legislatura ocupará desde diciembre una banca. Por fuera del MNER, Celia Martínez, obrera de la textil Brukman, fue como candidata a diputada nacional del Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y su compañero de trabajo Juan Carlos Ragghini, como candidato a legislador del Partido Obrero (PO). Daniel López, de Ghelco, integró la nómina de legisladores de Izquierda Unida (IU). En Avellaneda, el abogado Luis Caro –de la corriente llamada Movimiento de Fábricas Recuperadas por los Trabajadores– disputará la intendencia a través de la lista de Aldo Rico.
Las primeras tomas y experiencias de autogestión obrera en Argentina se remontan a diez años atrás. IMPA, de Capital Federal, y el frigorífico Yaguané, de La Matanza, fueron dos casos que hicieron historia y marcaron un rumbo. Pero el auge del movimiento y su consolidación como alternativa de recuperación de fuentes de trabajo ante la quiebra de empresas, de vaciamiento o abandono, está marcada por el 19 y 20 de diciembre de 2001. “Ahí fue cuando empezamos a apostar fuertemente a una construcción social y política, y más aún cuando surgió la convocatoria de la CTA para constituir una fuerza”, recapitula José Abelli, uno de los fundadores del MNER, quien se postula para ser diputado en Santa Fe por el sublema Encuentro Progresista, que apoya a la lista del candidato socialista a la gobernación, Hermes Binner. “En ese entonces se produjo una especie de efecto de contagio muy fuerte: la recuperación de una empresa disparaba cinco más. Esto nos fortaleció”, dice Abelli.
Con éste sí, con éste no
En el último año y medio los obreros organizados lograron la expropiación por ley de 32 empresas en territorio bonaerense, 4 en Capital Federal, una en Entre Ríos y otra en Tierra del Fuego. El total de plantas y comercios reactivados por su gente se acerca a 180, y según los cálculos del MNER –que es la organización que nuclea a la mayoría de ellas– en toda su trayectoria llevan unos 15 mil puestos de trabajo recuperados. Si todo eso fue posible aún sin estar en puestos parlamentarios o ejecutivos, mucho más podrán hacer –sostienen en el MNER– si acceden a ocupar esos lugares. “Es simple: queremos ocupar esos puestos de decisión con la agenda de nuestro movimiento”, señala Abelli.
La elección de los partidos políticos a través de los cuales eligen presentar candidaturas no se plantea de la misma manera o con iguales criterios en todas las empresas ocupadas. Por ejemplo, en Brukman, en la fábrica de cerámicas Zanon y en Sasetru, la presencia permanente departidos de izquierda, especialmente del PTS y del PO, en los procesos de recuperación y de resistencia ante los desalojos, generó un vínculo constante y directo con los obreros. “Yo me presenté por el PTS a título personal, por afinidad, por todo el apoyo que nos dieron en este tiempo y porque creo que los obreros tenemos que hacer política. Sabía que no iba a entrar, pero lo hice para dejar sentado un precedente. Mi sueño, en realidad, es que se pueda formar un gran partido de los trabajadores”, dice Celia Martínez.
En el MNER hay otra mirada sobre el lazo con las fuerzas políticas tradicionales. “Mantenemos independencia tanto en relación al Estado como a los partidos. Lo que esperamos de ellos es que se pongan a disposición de los trabajadores. La conducción debe venir de los protagonistas de la producción, no de afuera”, señala Abelli. Si promueven, explica, candidatos propios a través de distintas organizaciones, no es sólo para posicionar sus demandas sino “para contrarrestar el avance de la derecha y sus proyectos neoliberales”. “Nosotros podemos seguir recuperando fábricas muy contentos, pero si la derecha condiciona desde la política, las empresas autogestionadas no tienen destino”, dice Abelli.
–¿Cómo deciden, entonces, a través de qué partidos candidatearse? –le preguntó Página/12.
–Optamos por el PRD de Bonasso porque no representa a las estructuras partidocráticas tradicionales, porque sintoniza con nuestros planteos y porque a través de IMPA existía una relación con él vía actividades culturales. En el caso del Polo Social, su candidato a gobernador es de la UOM Quilmes, que es una seccional que tuvo mucho que ver con la recuperación de varias metalúrgicas. No apoyamos a Aníbal Ibarra porque nos guste él, sino para confrontar con Macri, en la provincia de Buenos Aires buscamos contrarrestar al pejotismo de Carlos Ruckauf, y en Santa Fe, la de Carlos Reutemann.
Al MNER y el pequeño grupo de fábricas que están alineadas con partidos de izquierda los separa una vieja diferencia en cuanto al mecanismo de autogestión que impulsan. El primero alienta la conformación de cooperativas y que los excedentes sirvan para generar más actividad productiva. El segundo impulsa la “estatización de las empresas bajo control obrero” y que los excedentes sirvan “para la comunidad” (educación y salud, por ejemplo). Más allá de estas discrepancias, los obreros comparten el ideal de rescatar fuentes de trabajo genuino, eliminaron las jerarquías en la mayoría de las plantas, instalaron regímenes de distribución equitativa del ingreso y se unen en los momentos de resistencia.
Con muchos de los obreros representados legalmente por el abogado Luis Caro y agrupados en el (otro) Movimiento de Fábricas –que en los últimos congresos y encuentros llevó adhesión de unas 40 plantas–, también hay ideas en común. El abismo se plantea con respecto la figura de Caro propiamente dicha, a quien acusan –sobre todo desde el MNER– de tener un proyecto político personalista y con quien disienten doblemente desde que se alió al carapintada Rico, intendente de San Miguel, con el anhelo de llegar a la intendencia de Avellaneda. “Sí, llegar a intendente es un proyecto personal y lo de las fábricas no lo usé en la campaña, pero si gano vengo y les doy la posesión a los trabajadores de las empresas quebradas”, dijo Caro, consultado por este diario. “Yo me crié en una villa, siempre tuve un punto de vista social. Entre 1991 y 1999 fui funcionario municipal: director de acción social, jefe de compras y subsecretario de producción. En agosto de 2000 me contacté con los obreros de Unión y Fuerza, la ex Gip Metal, que acababan de recuperar. Mi señora, que es concejal, les habló de mí, que yo estaba en el último año de abogacía. Así empecé con las fábricas.”
Unidos o dominados
A pesar de estas diferencias internas, que afectan más a los dirigentes que a los obreros mismos, el movimiento de fábricas es quizás el menos fragmentado de los movimientos sociales emergentes, sobre todo si se lo compara con los grupos piqueteros, a esta altura incontables. “El de fábricas es más acotado, y no me parece que la fragmentación vaya a crecer”, pronostica Gabriel Fajn, investigador del Equipo de Sociología de las Organizaciones de la UBA. “Aunque se planteen divergencias entre sectores, yo veo lineamientos políticos claros sobre todo desde el MNER, que aparece como la principal referencia. Tienen un criterio de autonomía y aparecen como una referencia de conjunto frente al Estado”, señala.
Fajn atribuye el lanzamiento de candidaturas políticas desde los trabajadores organizados a que “tanto los partidos políticos como los obreros necesitan articular el conflicto social con propuestas. Eso, a mi entender, es algo positivo. Tener representantes legislativos seguramente favorecerá, además, la llegada directa de proyectos y propuestas, más allá de que en la Legislatura porteña seguramente va a haber mucho debate por la fuerte presencia de gente de Mauricio Macri y Patricia Bullrich”.
“Nosotros no queremos terminar como los piqueteros, todos fraccionados”, confiesa Abelli, del MNER. “Nuestro proyecto político es independiente de los partidos, pero a la vez sabemos que es imposible de llevar adelante desde el movimiento mismo. Consiste –explica– en plantear una sociedad democrática, con una justa distribución de la riqueza, donde los trabajadores recuperen el protagonismo de los años ‘50 y ‘60 y su salario sea la mitad del producto bruto interno. Todavía no tenemos ni la fuerza ni la capacidad para construir un partido político pero soñamos con que, a la larga, los trabajadores puedan confluir en una expresión mayoritaria, del estilo del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil. Pero si hoy los partidos políticos no nos representan, no nos vamos a quedar sentados en nuestras casas.”

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Sasetru, una las empresas recuperadas y reabiertas por sus trabajadores en estos años.
 
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