EL PAíS › CAMBIO DE GABINETE Y RENOVACION DE LOS OBJETIVOS

Cuatro años para un nuevo perfil

 Por José Natanson

Con el holgado triunfo de ayer, Aníbal Ibarra retuvo su peculiar lugar en la política argentina: el del único dirigente del centroizquierda que gobierna un distrito importante. Ahora, con su capital político renovado, el Jefe de Gobierno tiene por delante una serie de desafíos: mantener la relación con Néstor Kirchner, que jugó a fondo en la campaña, fortalecer la coalición multicolor que construyó para las elecciones y mejorar la gestión.
Ayer, poco después de las ocho, Alberto Fernández apareció en el bunker ibarrista, que hervía de bombos y abrazos. Llegó solo, sin custodia, y se mezcló entre la gente hasta que un encargado de seguridad lo reconoció y lo hizo pasar al corralito VIP, donde festejaba la primera línea del Gobierno de la Ciudad. “¿Qué hacés, Alberto, ya venís a cobrar?”, lo saludó un funcionario porteño, consciente del rol del jefe de Gabinete en el respaldo sin fisuras brindado por Kirchner a lo largo de la campaña.
Justamente, la relación con el Presidente es la principal incógnita en el futuro de Ibarra. Desde un principio, y aun en los momentos más complicados, Kirchner jugó a fondo en la elección porteña. El objetivo fue evitar un eventual triunfo de Mauricio Macri, que podría haber instalado una opción fuerte dentro del PJ, capaz de nuclear a los sectores disconformes con el giro progresista que le viene imprimiendo a su gestión. Además, Kirchner buscó articular alianzas con sectores no peronistas, que le permitan ganar independencia de sus aliados internos, como Eduardo Duhalde y Felipe Solá.
Ayer, Ibarra se convirtió en el primer gran aliado extrajusticialista de Kirchner: ¿qué significa esto en concreto? “En el corto plazo, sintonizar políticas y designar a algunos kirchneristas que quedaron colgados en el nuevo gabinete. En el mediano plazo no sabemos. Si Kirchner sigue en esta línea no hay problemas. La cuestión es si las cosas cambian, si la situación empeora. En ese caso nos va a venir a buscar”, explicaban ayer cerca de Ibarra. “Además, está el tema de la sucesión. En cuatro años Aníbal deja el gobierno, y ya hay varios kirchneristas anotados, como Alberto Fernández y Gustavo Beliz”, agregaba.
El segundo desafío de Ibarra consiste en consolidar la heterogénea coalición que lo llevó al triunfo y que integraron dirigentes del Frente Grande, el ARI, el kirchnerismo y el radicalismo. La idea es mantener su lugar como vértice del centroizquierda en la Capital, contener a los aliados, entre ellos a Carrió, y cumplir dos objetivos. Uno: garantizar un bloque razonable en la Legislatura, que seguramente liderará Ariel Schifrin. Y dos: fortalecerse políticamente y conseguir autonomía del gobierno nacional. “Aníbal va a tratar de construir un perfil propio”, sintetizaban ayer cerca de Ibarra.
El último desafío tiene que ver con la gestión. Ayer, con los bombos todavía atronando, los funcionarios evaluaban el tema. “Lo primero que tenemos que hacer es una autocrítica. Desaprovechamos los primeros meses de gobierno, cuando la crisis todavía no había estallado. Después vino el quiebre de la Alianza, el caos económico, y recién nos empezamos a sobreponer este año pasado, con la campaña encima”, era la explicación-justificación de un dirigente cercano a Ibarra.
Para mejorar la gestión, Ibarra tiene previsto un cambio de Gabinete que buscará reflejar la nueva coalición: incluirá a sus nuevos aliados en puestos clave y dejará de lado a los representantes de la rancia estructura del radicalismo porteño, que lo acompañó durante sus primeros años de gestión y actuó como factor condicionante de muchas de sus políticas. “Los radicales eran un clavo. Ahora tenemos margen para hacer otras cosas”, explicaban cerca del ex fiscal. Y agregaban otra ventaja: todo indica que la alianza interpartidaria que candidateó a Macri se partirá en mil pedazos, atomizando el espacio opositor.
Si construye una relación provechosa con Kirchner y al mismo tiempo fortalece la alianza en la Capital, Ibarra tiene por delante un futuroauspicioso como líder del centroizquierda. Cuenta con la ventaja de la administración: ni Elisa Carrió, a pesar de que su figura tiene una indudable dimensión nacional, ni Hermes Binner, que fue derrotado en las elecciones de Santa Fe, gobiernan un distrito importante. “Hay pocas figuras nacionales que no sean del PJ. Aníbal va a tratar de consolidar ese lugar, y para eso la clave es mejorar la gestión”, concluían ayer cerca del Jefe de Gobierno.

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