EL PAIS › IDENTIFICARON RESTOS OSEOS DE TRES DESAPARECIDOS ENTERRADOS EN EL CAMPO DE CONCENTRACION DE LA PERLA

La verdad sobre el final, cuarenta años después

Lila Rosa Gómez Granja, Ricardo Saibene y Alfredo Felipe Sinópoli Gritti eran estudiantes de Medicina y militantes de la FUP.

 Por Marta Platía

Desde Córdoba

“Es muy importante terminar con el estado de desaparición. Hay que entregar los restos a las familias para que hagan el duelo y acabar con la incertidumbre que provocó y provoca este crimen permanente. Esa es la tarea que sigue a partir de los juicios y los hallazgos”, dijo a Página/12 el juez federal Miguel Hugo Vaca Narvaja no bien ayer dio a conocer que el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) identificó los restos óseos de tres víctimas del terrorismo de Estado y estableció el perfil genético de una cuarta persona.

Los desaparecidos que fueron identificados son Lila Rosa Gómez Granja, Ricardo Saibene y Alfredo Felipe Sinópoli Gritti: todos estudiantes de Medicina y militantes de la Federación Universitaria Peronista. Respecto del cuarto perfil, “si bien éste no concuerda con ninguna de las muestras de familiares que posee el EAAF hasta el momento, existe la firme sospecha de que podría pertenecer a Luis Agustín Santillán Zevi (de Salta), cuyos familiares aún no han aportado muestras genéticas”, explicó el comunicado.

Los cuatro fueron secuestrados el 6 de diciembre de 1975 en el Parque Sarmiento, al pie del monumento de Dante Alighieri, mientras charlaban. Cuando en el Megajuicio La Perla-Campo de La Ribera la sobreviviente Graciela Geuna dio testimonio contó cómo el represor Luis Manzanelli se mofó de ellos: “Nosotros salíamos del 141 (el Batallón 141) y vimos a estos boludos que se les ocurrió caminar por el Dante, siendo jóvenes y con el pelo largo... Los secuestramos y los matamos”. Según esa declaración, el represor dijo que los atrapó la patota que estaba al mando de Héctor Pedro Vergez, alias Gastón, o Vargas: uno de los jefes –junto a Menéndez y luego Ernesto “Nabo” Barreiro– del Comando Libertadores de América (CLA): la versión local de la Triple A.

Salvo ese testimonio, nunca más hubo noticias de ellos hasta ayer, cuando por fin se supo dónde los arrojaron y hasta intentaron quemar sus restos para volverlos cenizas.

Anahí Ginarte, del EAAF, detalló que se logró “la identificación a partir de restos óseos muy pequeños, muchos parcialmente quemados... Así que fue determinante el trabajo del genetista Carlos Vullo y su equipo” (quien tiene a cargo los hallazgos del EAAF en Argentina y México). Ginarte afirmó que “hay más, muchos restos más; éstas son sólo las primeras diez muestras que analizamos de los hornos cercanos a la estancia La Ochoa, en el predio militar de La Perla, donde el 21 de octubre dimos con los primeros huesos. La lluvia de estos últimos meses perjudicó la continuidad del trabajo, pero ahora estamos nuevamente en marcha”.

En La Ochoa, Luciano Benjamín Menéndez, ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército –y ahora un ex general de 86 años record en condenas por prisión perpetua por delitos lesa humanidad–, pasaba sus fines de semana y gustaba de montar sus caballos, aunque también mantuvo cautivos y sometidos a tormentos a los perseguidos por su ideología, tal el caso del abogado laboralista Salomón Gerchunoff.

“Estas identificaciones adquieren un valor probatorio dirimente en la Megacausa La Perla”, afirmó el querellante Claudio Orosz a este diario. “Hasta ahora no había ningún cuerpo hallado e identificado en un predio militar en Córdoba. Esto prueba la sistematización y el método con el que trataban a los secuestrados: los llevaban allí o a otros campos de concentración, los torturaban, los mataban, los enterraban y ocultaban con el fin de lograr impunidad.”

En esa línea, el fiscal Facundo Trotta apuntó que “antes sólo pudimos encontrar e identificar restos óseos en las fosas comunes del cementerio de San Vicente. Esta es la primera vez en un campo militar. Y eso es clave. Se abre una nueva vía de investigación; pero también es una noticia que celebramos por las familias que podrán cerrar una etapa. Encontrar y restituir los restos de los desaparecidos es una obligación que tiene el Estado argentino. Se avanzó muchísimo en los juicios, pero todavía hay pocas restituciones. Y con esto se renuevan las esperanzas”.

La querellante Marité Sánchez, de Abuelas de Plaza de Mayo, resaltó “el enorme valor de la tarea que está haciendo el Equipo de Antropología Forense, que ha permitido la localización e identificación de estos compañeros desaparecidos. Esto tiene una inmensa significación para sus familiares, que desde hace años está buscando una respuesta cierta y concreta desde la Justicia. Nuestra sociedad, con este tipo de hallazgos, puede saber fehacientemente que el terrorismo de Estado mató y ocultó para exterminar a una generación y evitar que se supiera cómo sucedieron verdaderamente los hechos históricos”.

El Nabo Barreiro y su lista

A los que siguen el Megajuicio La Perla no se les pasó por alto que los nombres de los cuatro de-saparecidos estaban en la lista de 19 personas que el represor Barreiro y sus tres cómplices, Luis Manzanelli, Héctor “Palito” Romero y Hugo “Quequeque” Herrera, entregaron al Tribunal Oral Federal N°1 el 10 de diciembre pasado, y sin que nadie se lo pidiera, en lo que fue la primera grieta en el pacto de silencio desde que comenzaron los juicios al terrorismo de Estado.

“Cuando el EAAF encontró los primeros restos el 21 de octubre en los hornos, ellos sabían que tarde o temprano identificarían a las víctimas y saltarían los nombres –opinó el querellante Miguel Ceballos–. Ellos saben muy bien que el informante del EAAF es alguien que sabe perfectamente lo que hace. Por eso se adelantaron, y en una especulación de lo más hipócrita quisieron capitalizarlo, y dijeron ‘querer colaborar con la búsqueda’. Pero está muy claro: es que ya no se trataba de que los antropólogos estaban haciendo pozos por las más de 15 mil hectáreas de La Perla, sino que encontraron restos en un lugar determinado: en los hornos. De ahí que el cerebro de esta estrategia, que es Barreiro, especuló con dar los nombres, y en caso de que hubiera un nuevo gobierno de derecha, pedir una amnistía o algo parecido”, siguió Ceballos.

–¿Pero cómo saber, después de más de 39 años, dónde se enterró a cada quien en una matanza que duró casi una década?

–Esto es indicativo de la sistematización de la información que ellos tienen todavía. De que llevaban registro de todo: de los secuestros, de los fusilamientos y también de los enterramientos. Y de que aún los tienen. Si no, es imposible que recuerden dónde están.

–Incluso estos cuatro nombres estaban anotados en bloque, según la lista que ofrecieron: 14 en un sitio; 4 en otro; y el número 19, del cual no dieron identidad, pero dijeron que era “muy importante”, cerca de Villa Ciudad de América...

–Eso deja muy claro que ellos todavía guardan su base de datos intacta. Que si quisieran colaborar realmente como dicen, deberían dar a conocer a quiénes les entregaron los nietos. Dónde está el nieto de Sonia Torres (la Abuela de Plaza de Mayo), por ejemplo, del cual tantos nuevos datos han salido en este juicio. ¡Si hasta hay una mujer que contó que presenció el parto de Silvina Parodi (de Orozco), la hija de Sonia! Si es cierto que quieren ayudar, que digan dónde están los demás desaparecidos y los nietos entregados. Pero esto, que sale de Barreiro: un hombre entrenado en Inteligencia, es sólo una parodia de colaboración. Un ejercicio de la hipocresía. No cabe duda de que estaban abriendo el paraguas y especulando para dar un golpe de efecto informativo y pedir amnistía con el pretexto de haber colaborado.

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Los tres desaparecidos identificados por el EAAF fueron secuestrados el 6 de diciembre de 1975 en el Parque Sarmiento.
 
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