EL PAíS › EL FMI APROBO LAS METAS TRAS VARIAS GESTIONES ANTE LAS AUTORIDADES ESTADOUNIDENSES

Aprobación con demora y varios mediadores

Las presiones del FMI recién cedieron cuando la Administración Bush dio el okey. Pero sigue la tensión con los acreedores privados, que esperaban sacar ventaja.
Economía admite que estudia mejorarles la propuesta de pago.
Presidencia lo niega.

 Por David Cufré

“Hicieron lo que tenían que hacer. Lo tendrían que haber hecho antes.” Néstor Kirchner no abandonó el tono desafiante para referirse al FMI, por más que hacía ya varias horas que su máxima autoridad, Horst Köhler, le había confirmado la aprobación de las metas del acuerdo con Argentina. Lo había hecho en una charla telefónica de 20 minutos. Alberto Fernández, Roberto Lavagna y Carlos Zanini estaban en el despacho presidencial mientras se desarrollaba la conversación. Cuando la noticia salió de esas cuatro paredes, el Gobierno mostró abiertamente su satisfacción: el Fondo había dado un paso atrás, levantando la amenaza de poner en cuestión el convenio por tres años que se firmó hace apenas tres meses. Sin embargo, detrás del festejo por lo que parece un triunfo en la preliminar de la pelea de fondo de Monterrey, adonde estará George Bush, se amontonaron varias cosas. La que peor huele tiene que ver con la reestructuración de la deuda. Altas fuentes de Economía confiaron a Página/12 que evalúan un cambio sustancial en la propuesta a los tenedores de bonos en default, reduciendo la quita de manera significativa. Otras fuentes de primer nivel, con despacho en la Casa Rosada, negaron rotundamente que ése sea el pensamiento de Kirchner.
A lo largo de cuatro semanas, el FMI jugó al truco con dos sotas y un cuatro de copas. Por más que no tuviera cartas para ganar, se animó a probar algunas jugadas. Lo que hizo fue postergar sorpresivamente la aprobación de la primera revisión de las metas del acuerdo con Argentina. Esos compromisos, en especial el fiscal, fueron cumplidos de manera holgada por el Gobierno, que por tanto descartaba que la primera auditoría del convenio sería pasada sin inconvenientes. Pero no fue eso lo que ocurrió, sino que Washington empezó a encontrar hechos para objetar. Pero como eran tan forzados, le costó decir claramente cuál era el problema. Desde un primer momento fue evidente que se trataba de un gesto de presión, que el Gobierno denunció con todas las letras: el FMI estaba operando en favor de los acreedores, para que la quita de la deuda fuera menor a la anunciada, del 75 por ciento.
La presión fue creciendo día tras día, hasta que llegó el “episodio Noriega” y la convocatoria de Bush a Kirchner para una entrevista. La cuestión de la deuda quedó entremezclada con el voto por Cuba y el FMI. Esta semana fue de máxima tensión. Aunque se sabía que el Fondo en algún punto debía retroceder, porque las metas se sobrecumplieron y porque la economía argentina está creciendo de manera vigorosa, el conflicto había que solucionarlo y requería largas conversaciones. Lavagna mantuvo cuatro charlas telefónicas con el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, John Snow, y otras tantas con el segundo de éste, John Taylor. Los contactos comenzaron el último lunes. A la vez, el ministro dialogó con Köhler y Anne Krueger, números uno y dos del FMI.
La resolución se desencadenó ayer, despejando el tema de la revisión de las metas antes de las entrevistas cara a cara de Monterrey. Fuentes allegadas a Lavagna comentaron a este diario que si la pelea hubiera seguido, las reuniones en México habrían sido tres: una entre Kirchner y Köhler, otra entre Lavagna y el jefe del Fondo y una tercera entre los tres. Pero como esta parte de la crisis terminó, el cónclave será sólo uno: todos juntos pasado mañana a las 11.
El Gobierno se apuró en aclarar ayer que no había cedido en nada y que el reconocimiento del Fondo del cumplimiento de las metas no hizo variar ni siquiera una coma del acuerdo firmado. Lo más importante es que el superávit primario comprometido para este año se mantiene en el equivalente a 3 puntos del PIB. Kirchner y Fernández fueron categóricos en el tema.
También Lavagna y el equipo económico expresaron que no habrá cambios en el acuerdo con el FMI. Sin embargo, altas fuentes de esa cartera revelaron a Página/12 que el ministro plantea un cambio en otro tema crucial: la reestructuración de la deuda. Por primera vez se transmitió que la quita propuesta a los acreedores sería menor que la enunciada en Dubai a fines de septiembre. Allí se dijo que la reducción sería del 75 por ciento. El número no sorprendió tanto a los acreedores como otro dato que lo acompañaba: que la quita sería sobre el valor nominal de los títulos en default. Eso era mucho más de lo que estaban dispuestos a aceptar y de allí el rechazo que vienen expresando desde entonces, logrando en el camino que el FMI se hiciera eco de su enojo y empezara a presionar en su favor. Pagar el 25 por ciento de la deuda en default equivale a algo más de 20.000 millones de dólares.
A pesar de que el Gobierno repitió hasta el cansancio que no se moverá del 75 por ciento, la cotización en los mercados de los bonos en default nunca reflejó esa proporción. Es decir, los operadores financieros siguen creyendo que Argentina bajará sus pretensiones y aceptará negociar una quita menor. Lo que ayer transmitieron desde el Palacio de Hacienda, todavía de manera extraoficial –y seguramente la cosa quedará allí, teniendo en cuenta la contundente desmentida que escuchó este diario de un funcionario del ala política que expresa las opiniones de Kirchner–, es que la quita será del 75 por ciento, pero no ya nominal, sino valor presente neto.
El tecnicismo, que comprenden cabalmente quienes son especialistas en el tema, es determinante (ver nota aparte). Que la quita sea del 75 por ciento en valor presente neto significa que el reconocimiento a los acreedores será de unos 32.000 millones de dólares, en lugar de 20.000 millones. Otra forma de expresar la diferencia es que una quita del 75 por ciento en valor presente neto equivale a una quita de alrededor del 60 por ciento en valor nominal.
Tres destacados consultores de la city, que conocen y expresan el pensamiento de los acreedores, señalaron a Página/12 que el supuesto cambio que plantearía Economía sería bien recibido por los tenedores de bonos en default. “Si la quita fuera del 75 por ciento en valor presente neto la negociación avanzaría considerablemente”, dijeron. Las declaraciones de la consejera de Seguridad de la Casa Blanca, la filosa Condoleezza Rice, no fueron tranquilizadoras. “Lo que estamos haciendo es alentando a la Argentina a adoptar las difíciles decisiones que necesita tomar”, afirmó, sin puntualizar a qué se refería, aunque era deducible que estaba hablando de la reestructuración de la deuda. “Algunas decisiones y pasos difíciles tienen que ser adoptados. Y el presidente (Bush) lo dirá nuevamente cuando se reúna con el presidente Kirchner”, agregó.
En Economía admiten que el cambio en la propuesta a los acreedores sería un fuerte retroceso. Por ahora no lo harán público, pero en privado dijeron por primera vez que deben buscarse alternativas en la negociación. Si Kirchner aceptara moverse de la quita de 75 por ciento en valor nominal se abriría una larga etapa de discusiones, en la que entrarían a jugar múltiples variables que harían el resultado final más o menos costoso para el país. Los plazos de la negociación con los acreedores dependerán de cómo se cierre primero el tema dentro del Gobierno. Por lo pronto, desde la Casa Rosada niegan cualquier modificación.

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Néstor Kirchner, presidente de la Nación. Un viaje a México algo más aliviado.
No obstante, siguió disparando contra el Fondo. “Lo tendrían que haber hecho antes.”
 
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